31/1/09

16 de Julio: RECITAL!! (Primera Parte)

Hace casi dos meses ya, volví a hablar con Eric Grant... En ese tiempito, pasó de ser odiado, a ser otra vez querido. Diría que casi casi, de la misma manera que lo quería antes de distanciarnos a causa de cierta personita. Pensé que jamás podría perdonarlo, pero lo había hecho. Demostró que volvió a ser el de antes. O algo muy cercano a eso.

Se puso de novio con la chica que lo hizo entrar en razón. A Laura le debo, en parte, el reencuentro. Pero ella va a ser la primera persona a la que culparé si Eric llegara a tener problemas de drogadicción. Porque ahora me salió con eso... Jésica me dijo que no me preocupara, pero, ¿cómo no hacerlo?

Recuerdo que, cuando éramos apenas unos estudiantes de secundario, habíamos hablado del tema. Se manifestó totalmente en contra del consumo, al igual que yo. Eric no tenía vicio alguno, ni fumaba ni se drogaba, y al alcohol le permitía ponerlo alegre y nada más. Me sorprendió que haya cambiado su forma de pensar. ¿Se podría decir que era lógico, teniendo en cuenta el ambiente en el que se movía?

Sí, podría decirse... a nadie le extrañaría que un cantante tuviera vicios. Era “perfectamente” normal que los pusieran en rehabilitación, que los arrestaran por motivos varios, que los encontraran dados vuelta en algún lado, o en compañía de gente de mala reputación.

Pero que sea común, no significa que esté obligado a serlo. Es triste como artistas geniales se degraden hasta reducirse a cenizas. No quería eso para Eric, ni para nadie, si vamos al caso.

Jésica intentó tranquilizarme... no lo logró. Pero, ¿quién era yo? No estaba en posición (todavía) de sermonearlo al respecto. Esperar, era lo único que me quedaba...


Me levanté tarde. Anoche había salido con los amigos de Lautaro, ante su insistencia. Lo pasé bien.

Cuando vi la hora, decidí que sería mejor dedicarme al almuerzo, en vez del desayuno. Mientras revisaba lo que había en las alacenas y en la heladera, escuché a Lautaro levantándose. Después arcadas.

-Dios...-suspiré.

Bueno, me pareció que comería sola. Lautaro estaría sufriendo una resaca de novela, después de todo lo que tomó la noche anterior.

-Debbie...-me llamó con voz lastimera.

Le busqué algo para el dolor de cabeza y un vaso de agua.

-No aprendés más...-le dije.

-Guardate los comentarios para después.-me contestó, enojado.


Lo dejé a solas con su mal humor.


Prendí la radio y me dispuse a comer.

Seguía pensando que era un error llevarme a Juan al recital. No tenía ganas de pasar por una situación como la anterior. El ámbito sería distinto, de todas formas, pero aún así estaba nerviosa. Y pensar en ese día, me llevó a recordar lo que me había dicho Juan, al terminar esa charla que tuvimos. “Sabés que para mí sos más que una empleada”. Me quise convencer de que había querido decir que me veía como a una amiga. Por un momento, lo llegué a creer. Pero... descarté la idea. Después de lo que me habían dicho diferentes personas, lo dudaba.

Caí en la cuenta de que había enterrado el tema en lo profundo de mi inconsciente, porque tenía otros problemas más urgentes que resolver. Y porque no quería pensar en eso. Odiaba hacerme la cabeza con algo, lo evitaba a toda costa. Además, me afectaría pensar que él pretendía otra cosa...


El recital empezaba a las nueve, con una banda telonera que yo desconocía. Así que, a eso de las seis, me empecé a preparar. Juan llegaría a las siete y media, y después pasaríamos a buscar a Gabriela. Puse esmero en mi apariencia y me quedó poco menos de media hora de ocio, antes de tener que irme.

-¿A dónde vas?-me preguntó mi hermano.

Levanté las cejas, incrédula.

-Al recital... Juan viene en un rato.

-¿Qué recital?

-El de Eric...

-Ah, me había olvidado.

-Ya veo.

-Que te vaya bien- me dijo sin convicción.

-Gracias.-me lo quedé mirando.-¿Te pasa algo?

-No, estoy un poco mareado, no más.

-¿Todavía?

-Sí...

-Acostate-le pedí-Y cualquier cosa, me llamas.

Salió de la habitación. Suspiré. Esperaba que no lo afectara tanto la noche anterior.

Al cabo de un rato,escuché una bocina. Salí al encuentro de Juan, luego de echarle un vistazo a mi hermano.

-Hola-lo saludé con una sonrisa.

Estaba para quitarle el aliento a más de una... Me incluyo. Todavía tenía frescos los pensamientos de la tarde...

-¿Qué tal?-me besó en la mejilla-Estás hermosa.

-Gracias.


En el trayecto a casa de Gabriela, me preguntó cómo iban las cosas con Eric.

-Bien, supongo...-le respondí.-Pero, hay algo...

Le conté lo mismo que a Jésica. Frunció el ceño, visiblemente disgustado.

-No me extraña.-comentó, al final.

-A mí sí...

-Te dije que no sería el mismo.-me dijo suavemente.

-Sí, pero no lo justifica.- me obstiné.

¿Por qué a nadie le parecía algo raro?

-No, pero las cosas son así.-Me miró brevemente-Tené cuidado, Debbie.

-Ya sé. Quiero lo mejor para él. Ahora que lo tengo de vuelta...-le dije, algo melancólica.

-Ya está grande para que lo cuiden como a un nene. Él es el único responsable de sus actos.

-¿Me estás diciendo que lo deje así, que me lave las manos?-le pregunté, levantando la voz, enojada.

Juan suspiró.

-Digo que no estés tan pendiente, nada más.

-Si yo me drogara de vez en cuando, ¿vos qué harías?

En el blanco. Lo vi prestar más atención a lo que tenía delante. Se le ensombreció el semblante. Así como estaba, callado, parecía una estatua. Tardó un poco en responder.

-Trataría de hacerte entrar en razón.-me contestó, en voz baja.

-¿Y si a mí no me importara lo que me dijeras?

-Me dolería.-me clavó los ojos un instante.

Justo habíamos parado en un semáforo.

-Pero supongo que seguiría intentando, hasta hacerte cambiar de opinión.-siguió, volviendo la vista al frente.

-¿Y qué ves de malo en que yo quiera hacer lo mismo?

-No digo que esté mal qué te preocupes por él...-aclaró- pero que tengas en claro hasta qué punto podés intervenir.

-Obvio, soy la amiga. Llegué a ser como su hermana y...

-Ya no es así, y lo sabés-me cortó, suavemente.

Eso me dolió.

-Sí que soy la amiga.-me defendí.

-Pero no tan cercana como antes.-me contradijo-Capaz que después sí lo seas, no sé, pero ahora no. Si te tuviste que enterar de la forma en que te enteraste, es porque él no siente tanta confianza hacia vos.

Bajé la vista, sopesando sus palabras. Que te tiren verdades duras en ese tono tan suave es chocante. Podría decirse que tenía razón. ¿Cómo no había pensado en eso? Nunca me puse a evaluar en profundidad cómo era mi relación con Eric, me limité a vivir la experiencia y nada más. No me había detenido a pensar que las cosas eran totalmente diferentes ahora. Quizás era porque estaba feliz de que volviera y no quería opacar eso con nada, inconscientemente. Me sentía mal.

-Perdón, Debbie.-me dijo Juan, cuando habíamos llegado a destino.

No me había dado cuenta de que nos habíamos detenido.

-No quería ponerte mal.-se disculpó.

Lo miré a los ojos. ¿Justo vos, Juan, me vas a hacer sentir mal a propósito?


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Por estos días vuelvo a subir el archivo con la historia ordenada, para que la gente q no leyo se ponga al dia de forma mas comoda =)

4 comentarios:

  1. la historia esta cada vez mejorr!! vamos maeglin!! (*)

    besoo
    dani

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  2. ok
    todo bien pero
    no me gusta juan
    por mas bueno que sea...
    ni eric
    pero bue
    adoro debbie
    y te amo a vos perra puta
    dame mas!!!
    dsp tng una sorpresa :P

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  3. todos adoramos a debbie =3
    a esos dos los vas a amar y los vas a odiar...

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