31/1/09

16 de Julio: RECITAL!! (Primera Parte)

Hace casi dos meses ya, volví a hablar con Eric Grant... En ese tiempito, pasó de ser odiado, a ser otra vez querido. Diría que casi casi, de la misma manera que lo quería antes de distanciarnos a causa de cierta personita. Pensé que jamás podría perdonarlo, pero lo había hecho. Demostró que volvió a ser el de antes. O algo muy cercano a eso.

Se puso de novio con la chica que lo hizo entrar en razón. A Laura le debo, en parte, el reencuentro. Pero ella va a ser la primera persona a la que culparé si Eric llegara a tener problemas de drogadicción. Porque ahora me salió con eso... Jésica me dijo que no me preocupara, pero, ¿cómo no hacerlo?

Recuerdo que, cuando éramos apenas unos estudiantes de secundario, habíamos hablado del tema. Se manifestó totalmente en contra del consumo, al igual que yo. Eric no tenía vicio alguno, ni fumaba ni se drogaba, y al alcohol le permitía ponerlo alegre y nada más. Me sorprendió que haya cambiado su forma de pensar. ¿Se podría decir que era lógico, teniendo en cuenta el ambiente en el que se movía?

Sí, podría decirse... a nadie le extrañaría que un cantante tuviera vicios. Era “perfectamente” normal que los pusieran en rehabilitación, que los arrestaran por motivos varios, que los encontraran dados vuelta en algún lado, o en compañía de gente de mala reputación.

Pero que sea común, no significa que esté obligado a serlo. Es triste como artistas geniales se degraden hasta reducirse a cenizas. No quería eso para Eric, ni para nadie, si vamos al caso.

Jésica intentó tranquilizarme... no lo logró. Pero, ¿quién era yo? No estaba en posición (todavía) de sermonearlo al respecto. Esperar, era lo único que me quedaba...


Me levanté tarde. Anoche había salido con los amigos de Lautaro, ante su insistencia. Lo pasé bien.

Cuando vi la hora, decidí que sería mejor dedicarme al almuerzo, en vez del desayuno. Mientras revisaba lo que había en las alacenas y en la heladera, escuché a Lautaro levantándose. Después arcadas.

-Dios...-suspiré.

Bueno, me pareció que comería sola. Lautaro estaría sufriendo una resaca de novela, después de todo lo que tomó la noche anterior.

-Debbie...-me llamó con voz lastimera.

Le busqué algo para el dolor de cabeza y un vaso de agua.

-No aprendés más...-le dije.

-Guardate los comentarios para después.-me contestó, enojado.


Lo dejé a solas con su mal humor.


Prendí la radio y me dispuse a comer.

Seguía pensando que era un error llevarme a Juan al recital. No tenía ganas de pasar por una situación como la anterior. El ámbito sería distinto, de todas formas, pero aún así estaba nerviosa. Y pensar en ese día, me llevó a recordar lo que me había dicho Juan, al terminar esa charla que tuvimos. “Sabés que para mí sos más que una empleada”. Me quise convencer de que había querido decir que me veía como a una amiga. Por un momento, lo llegué a creer. Pero... descarté la idea. Después de lo que me habían dicho diferentes personas, lo dudaba.

Caí en la cuenta de que había enterrado el tema en lo profundo de mi inconsciente, porque tenía otros problemas más urgentes que resolver. Y porque no quería pensar en eso. Odiaba hacerme la cabeza con algo, lo evitaba a toda costa. Además, me afectaría pensar que él pretendía otra cosa...


El recital empezaba a las nueve, con una banda telonera que yo desconocía. Así que, a eso de las seis, me empecé a preparar. Juan llegaría a las siete y media, y después pasaríamos a buscar a Gabriela. Puse esmero en mi apariencia y me quedó poco menos de media hora de ocio, antes de tener que irme.

-¿A dónde vas?-me preguntó mi hermano.

Levanté las cejas, incrédula.

-Al recital... Juan viene en un rato.

-¿Qué recital?

-El de Eric...

-Ah, me había olvidado.

-Ya veo.

-Que te vaya bien- me dijo sin convicción.

-Gracias.-me lo quedé mirando.-¿Te pasa algo?

-No, estoy un poco mareado, no más.

-¿Todavía?

-Sí...

-Acostate-le pedí-Y cualquier cosa, me llamas.

Salió de la habitación. Suspiré. Esperaba que no lo afectara tanto la noche anterior.

Al cabo de un rato,escuché una bocina. Salí al encuentro de Juan, luego de echarle un vistazo a mi hermano.

-Hola-lo saludé con una sonrisa.

Estaba para quitarle el aliento a más de una... Me incluyo. Todavía tenía frescos los pensamientos de la tarde...

-¿Qué tal?-me besó en la mejilla-Estás hermosa.

-Gracias.


En el trayecto a casa de Gabriela, me preguntó cómo iban las cosas con Eric.

-Bien, supongo...-le respondí.-Pero, hay algo...

Le conté lo mismo que a Jésica. Frunció el ceño, visiblemente disgustado.

-No me extraña.-comentó, al final.

-A mí sí...

-Te dije que no sería el mismo.-me dijo suavemente.

-Sí, pero no lo justifica.- me obstiné.

¿Por qué a nadie le parecía algo raro?

-No, pero las cosas son así.-Me miró brevemente-Tené cuidado, Debbie.

-Ya sé. Quiero lo mejor para él. Ahora que lo tengo de vuelta...-le dije, algo melancólica.

-Ya está grande para que lo cuiden como a un nene. Él es el único responsable de sus actos.

-¿Me estás diciendo que lo deje así, que me lave las manos?-le pregunté, levantando la voz, enojada.

Juan suspiró.

-Digo que no estés tan pendiente, nada más.

-Si yo me drogara de vez en cuando, ¿vos qué harías?

En el blanco. Lo vi prestar más atención a lo que tenía delante. Se le ensombreció el semblante. Así como estaba, callado, parecía una estatua. Tardó un poco en responder.

-Trataría de hacerte entrar en razón.-me contestó, en voz baja.

-¿Y si a mí no me importara lo que me dijeras?

-Me dolería.-me clavó los ojos un instante.

Justo habíamos parado en un semáforo.

-Pero supongo que seguiría intentando, hasta hacerte cambiar de opinión.-siguió, volviendo la vista al frente.

-¿Y qué ves de malo en que yo quiera hacer lo mismo?

-No digo que esté mal qué te preocupes por él...-aclaró- pero que tengas en claro hasta qué punto podés intervenir.

-Obvio, soy la amiga. Llegué a ser como su hermana y...

-Ya no es así, y lo sabés-me cortó, suavemente.

Eso me dolió.

-Sí que soy la amiga.-me defendí.

-Pero no tan cercana como antes.-me contradijo-Capaz que después sí lo seas, no sé, pero ahora no. Si te tuviste que enterar de la forma en que te enteraste, es porque él no siente tanta confianza hacia vos.

Bajé la vista, sopesando sus palabras. Que te tiren verdades duras en ese tono tan suave es chocante. Podría decirse que tenía razón. ¿Cómo no había pensado en eso? Nunca me puse a evaluar en profundidad cómo era mi relación con Eric, me limité a vivir la experiencia y nada más. No me había detenido a pensar que las cosas eran totalmente diferentes ahora. Quizás era porque estaba feliz de que volviera y no quería opacar eso con nada, inconscientemente. Me sentía mal.

-Perdón, Debbie.-me dijo Juan, cuando habíamos llegado a destino.

No me había dado cuenta de que nos habíamos detenido.

-No quería ponerte mal.-se disculpó.

Lo miré a los ojos. ¿Justo vos, Juan, me vas a hacer sentir mal a propósito?


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Por estos días vuelvo a subir el archivo con la historia ordenada, para que la gente q no leyo se ponga al dia de forma mas comoda =)

28/1/09

14 de Julio: Dos para el recital

-Me quedé helada cuando empezaron a hablar de ese tema- le conté a Jésica.

La había acompañado a fumar afuera. Necesitaba hablar con alguien. Y, si bien confiaba en otras personas, ella era la única que veía mi relación con Eric con buenos ojos. O, por lo menos, lo aceptaba. De modo que le conté de mi salida de ayer.

-Y sí... supongo que no estás acostumbrada. Aunque, por la edad que tenés, no debería ser ningún misterio todo eso.

-No es un misterio.-asentí- Pero nunca había hablado con alguien que consumiera.

-Ah, ¿no?-arqueó una ceja.-La mayoría no son peligrosos. Lo hacen en las fiestas o cosas así. No le des tantas vueltas...

-Te lo tomás con mucha calma-comenté.

-Es que, en serio, Debbie, no es para tanto.-me sonrió.-No decís nada de esto.

Levantó el cigarrillo.

-No es lo mismo.-negué.

-Sí que es. Afecta menos a la cabeza, capaz. Pero sé muy bien las consecuencias- exhaló el humo, con indiferencia-Yo lo elegí y me hago cargo. Eric ya está grande para que vos lo protejas. Sabe lo que hace.

-No sé.-la miré, indecisa.

-Por ahora, está bien, ¿no?-me preguntó-Preocupate recién cuando muestre signos de algo.

-Pero...

-Si no te diste cuenta antes de que te lo dijera,-me dijo- es que no lo afectó.

-Sí... Tenés razón.


Pero seguía intranquila...


-Jajaja, me hubieras dicho antes, Debbie-me dijo Julieta, una chica que se encargaba de la facturación de la empresa- Ya me compré la entrada.

-Mirá que es el VIP-le hice ver, mostrándole lo tentadora que era la oferta.

-Jajaja, pero no voy sola. Me acompaña mi novio

-Ah... uh... bueno-y me reí-no tengo dos....

-Me imaginé. Igual gracias, Debbie.


Tuve varias charlas parecidas a esa... Pensé que iba a ser más fácil encontrarle dueña a la entrada que me sobraba. En un momento, se me cruzó por la cabeza lo inoportuna que era Miriam. De no ser por ella, Anita estaría con nosotras.

Ay, no puede ser... ni siquiera Jésica quiere venir.

-No es lo mío, Debbie-se había disculpado.-Prefiero el pop.


-Juan-lo llamé, cuando lo vi pasar cerca de mi escritorio.

Arqueó una ceja oscura. Era raro que lo llamara, generalmente no había necesidad. Me miró expectante.

-¿Conocés a alguien que pueda querer esto?-le mostré la entrada de color amarillo.

-Sí.-respondió, en cuanto leyó de qué se trataba- Acá hay un montón.

-Que no sea de acá... ya pregunté-dije, con algo de desilusión.

Se quedó un rato pensando.

-Pasa que estamos sobre la fecha.-argumentó.-¿Probaste de venderla?

-Sí, hace una semana que está. Si no la compró nadie hasta ahora... Y eso que la vendo a un precio más bajo que el original.

-¿Y cuanto está, en realidad?

-Más de 300

-Mierda... ni que fuera extranjero-frunció el entrecejo.

-Es en el Luna... que sé yo-a mí no parecía tan caro, a juzgar por la ubicación.-Y primera fila. No me parece caro.

-Sobretodo, si te regalan la entrada

-Obviamente- me reí.

-¿Con quién vas?

-Con Gabriela, la chica de la sucursal de Belgrano.

-No la ubico

-¿Tu hermano no querrá acompañarte?-sugirió

Me reí ante la idea.

-Mi hermano odia a Eric-repliqué.

-Si tanto te importa ese espacio vacío-me dijo sonriendo-, dame la entrada a mí.

Lo miré, atónita.

-¿Te gusta esa música?-le pregunté

-No me disgusta...-contradijo.

-Bueno, vení, entonces.-acepté.

-Podemos ir a comer a algún lado después- sugirió.

-Eric me pidió que lo fuera a ver después del recital.

-Ah-leve, muy leve, era la nota de desilusión que dejó traslucir.

-Me dijo que vaya con los que me acompañaran.-le comenté.

-Va a ser interesante.


Arreglamos los detalles y se fue.

De camino a mi casa, reflexioné acerca del tema. Juan vería a Eric por segunda vez. La primera no había sido del todo grata. Haciendo especulaciones sobre lo que pasaría, comencé a arrepentirme de haber aceptado su propuesta.


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Se sumó Juan... qué pasará?

Veremos en el próximo capítulo ;)


Maëglin


PD: no sean malas personas, comenten =D

24/1/09

13 de Julio: Laura(3° Parte)

-Así que vos sos la famosa Debborah-me dijo Guillermo.

-¿Famosa?-me reí.

-Me dijo Ariel que habías hecho un arreglo vocal interesante para una de las canciones-me comentó.

Miré al aludido con gesto interrogante.

-Sonaba bien...-se encogió de hombros.

-¿Qué arreglo?-preguntó Laura, mirándome con el entrecejo fruncido, con un desafío bien marcado en los ojos.

-Nada- me apuré a decir- es algo que salió en el momento.

-Ah, mejor... No me gusta cuando la gente de afuera se mete en los asuntos de la banda.

Su tono prepotente me chocó bastante. Laura parecía una chica demasiado frontal y brusca.

-La canción es de ella-me defendió Lorena.

-¿Eh?-me miró, con el gesto torcido, sorprendida.

-Que ella es la autora de la letra.-le aclaró.

-¿De qué canción hablan?

-“Las Tres de la Mañana”-contestó Eric, la miraba fijo.

-Ah... entonces, hacé de cuenta que no dije nada-me sonrió, calmándose de repente, se había ruborizado visiblemente.

-Igual no te preocupes-le dije, tratando de calmar los ánimos-Ni siquiera me lo acuerdo...

Me excusé con una sonrisa.

-Lástima... Ese es el problema de la improvisación-reflexionó Guillermo- Después uno se olvida... ¿Estudiaste música?

-En realidad, casi nada... La típica teoría musical en el colegio y nada más. Toco el teclado de oído.

-Yo también empecé así-me sonrió Federico.- Es más difícil, pero a la larga es casi lo mismo.

-No es lo mismo.-lo contradijo Guillermo, con aire de sabiduría-Con una educación formal tenés muchas más posibilidades, conocés más formas de expresar lo que tenés en la cabeza. Te limita no saber ciertas cosas.

-A mí no me afecta demasiado...-se obstinó.

Guillermo sonrió con aire de suficiencia.

-Si vos lo decís...

La charla derivó al tema de la música... A Dios gracias. Resultó bastante interesante, nunca había estado en presencia de tantos músicos. Me sentía bastante cómoda entre ellos.

-Che, Debbie...¿qué era lo que estudiabas?-me preguntó Lore en un momento.

Se habían formado grupos más chicos, más fáciles de sostener.

-Periodismo. Estoy a mitad de tercer año.

-Interesante.

Sonó un celular con un ringtone de Scorpions. Me llamó la atención, no era un grupo que conociera mucha gente de mi entorno, si bien era un grupo conocido. Era de Ariel. Entonces, sí que me sorprendí.

-¿En qué idioma está hablando?-le pregunté a Lore, sin quitarle los ojos al chico.

-Alemán-dijo como si tal cosa-Tiene familia allá. Vivió muchísimo tiempo ahí.

-Ah, por eso habla con acento raro.

Y por eso conoce Scorpions... es un grupo alemán. Aunque no hacía falta haber vivido allá para que le guste a uno.

-Síp...-me respondió-La madre es alemana. Se lo llevó con ella cuando se separó del padre. Él era chiquito, creo que tenía cuatro años cuando se fue.-me contó- Y hace unos años volvió al país, nunca me dijo por qué...

-Mirá vos...

Sonaba misterioso y me picó el bichito de la curiosidad. Pero si Lorena, que lo conocía hacía más tiempo, no lo sabía, yo no podría sonsacárselo.

-No sabés lo que era cuando recién había llegado... Le entendías la mitad de las cosas.-se rió y se dio vuelta para mirarlo.

-¿Cómo se conocieron?

-Tenemos amigos en común.-me dijo con aire medio distraído.


La charla vagó por varios lados. Después empezó a flaquear.


-Bueno, mañana nos espera un día largo, Fede-le dijo Guillermo-Vamos.

Se despidieron de nosotros y encararon para las habitaciones. Por lo que supe, Fede era su sobrino. Guillermo era el manager de la banda y lo tenía como su asistente.

-Tengo hambre-se quejó Lorena.

Sonreí, yo también tenía ganas de comer algo. La conversación estaba decayendo, además. El comentario prometió un cambio de clima.

-Comamos acá hoy-pidió Gabriel.

Había hablado muy poco, pero no pasaba desapercibido. Tenía una voz profunda y clara, que lo hacía parecer mayor de lo que era.

-Yo no tengo ganas de salir-dijo Laura.

Eric miró al resto.

-Entonces, nos quedamos.-accedió.

Fuimos caminando hasta el amplio restaurante del hotel. Era muy lujoso. El cristal de las copas brillaba tenuemente a la luz de enormes aranas de numerosas luces. Había, por lo menos, quince camareros dando vueltas, alrededor de las setenta mesas que estaban dispuestas en el salón. Los centros de mesa, cargados de flores, despedían un perfume delicioso y relajante. Se escuchaba un murmullo general, que no llegaba a ser molesto, a pesar de que el lugar estaba casi lleno.

Encontramos mesa sin problema. Intenté ignorar el hecho de que Eric no le soltaba la mano(ni le quitaba los ojos de encima) a Laura. Ella hacía otro tanto. Hasta un ciego se daría cuenta de que se querían bastante, lo cual me alegró. Recordando como eran las cosas con Carla(que no lo dejaba ser cariñoso enfrente de los demás), el contraste era para mejor. ¿Había encontrado a la que buscaba? Por su propia felicidad, eso esperaba.

Bueno, superados mis celos iniciales, Laura era bastante simpática, aunque tenía un sentido del humor algo excéntrico. El hecho de que le hiciera ver a Eric el error que había cometido conmigo era otro punto a favor.


-Y si... si todos están así, a vos también te dan ganas-dijo ella, en un momento.

Había perdido el hilo de la conversación que estaba manteniendo con Lorena y Eric, porque hablaba con Ariel. Pero ese comentario no sólo captó mi atención, sino la de Ariel que los miraba con reprobación.

-No es nada del otro mundo, no es que te volvés adicto-siguió.

-¿De qué están hablando?-pregunté en el tono más inocente que pude, aunque ya sabía la respuesta.

Laura me hizo un gesto que confirmó mis sospechas. No podía ser... ¿Droga? Miré a Eric confundida.

-¿Vos también?

-Un par de veces-se encogió de hombros.

-Así se empieza-sentenció Ariel.

Daba miedo... tenía el semblante sombrío y estaba visiblemente molesto.

-Y cuando te das cuenta, ya es tarde.-agregó.

-No seas exagerado-se rió Laura.-Yo estoy lo más bien.

-Por ahora-le dije yo.

Laura no me importaba lo suficiente como para preocuparme por ella. Ignoró mi comentario por completo. Pero Eric era otra historia... No permitiría que se destruyera con esas porquerías. Temí por él. De repente, Laura no me pareció la mejor opción para Eric. Sería una mala influencia en esas cosas. Rogué que, si ella caía al abismo, no lo arrastrara con ella.

Miré a Lorena, en busca de apoyo. Los miraba impasible, como si estuvieran hablando del tiempo.

-Conozco muy bien las consecuencias de lo que hacen-dijo Ariel-. Créanme, no termina en nada bueno.

-¿Y vos como sabés?¿Probaste?-leve, muy levemente, el tono de alarma tiñó la voz de Lorena, aparentemente serena.

-No, no probé, pero una persona que conozco, sí. No quiero ver a nadie más en ese estado. Es algo horrible.

Laura se rió de él. Dios, esta chica me caía cada vez peor.

-Yo no soy adicta, ni pienso serlo. Yo solamente lo hago de forma circunstancial.- le aclaró.

-Hasta que llegues al punto en que lo circunstancial no te alcance.-sentenció.

-No seas tan pesimista, Ariel-le hizo una mueca burlona.

-No es para tanto-agregó Eric.

Así que no era para tanto. A ver si me decís lo mismo dentro de un par de años,

-Vos fumás-siguió Laura.- Sos igual que nosotros.

-Lo dejé.

-¿Hace cuánto?-le preguntó.

Tenía cierta brillo malicioso y triunfante en la mirada.

-Un año-le respondió, arqueando una ceja, desafiándola a decirle algo.

-Dejen de arruinarme el postre-les pidió Gabriel, muy tranquilo-Hablen de otra cosa.

A Laura se le transformó el semblante. Esbozó una sonrisa despreocupada.

-Este es tema para problemas-comentó.-Dejémoslo así.

-¿A dónde piensan ir, después del recital de Buenos Aires?-le pregunté a Eric, respondiendo a la petición del taciturno rubio que tenía a un par de asientos de distancia.

-A México, vamos a seguir la gira por allá.-contestó.

Intenté concentrarme en el resto de la conversación, pero me fue imposible. El asunto de las drogas me daba vueltas en la cabeza. Tenía que hablar a solas con Eric.


De haber sabido lo que pasaría meses más tarde, me habría esforzado más en alejarlo de esas cosas.


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Ultima parte del capitulo... Espero que les hay gustado

Mil disculpas por la tardanza.

Beso y hasta luego =)


Maeglin


20/1/09

Laura (2° Parte)

La radio sonaba a un volumen moderado, lo suficiente como para que se entendiera lo que decían las canciones. La de Eric no tardó en sonar. No me cansaba de escucharla y me llenaba de orgullo ser la autora de la letra.

Hacía mucho que no sentía la inspiración para escribir. Mi vida estaba tan llena de asuntos más urgentes que ya no quedaba mucho para la creatividad. No tenía por qué ser así. Mi hermano quizás tuviera razón, el stress me estaba ganando la batalla.

No era mucho el tiempo que dedicaba pura y exclusivamente al ocio. Sin embargo, faltaba poco para que terminara el cuatrimestre en la facultad, solo me quedaba un final por rendir. Y entonces, estaría libre...

La idea me puso de buen humor y ya empezaba a hacer planes. Y llegamos al hotel.

Se me habían pasado los nervios. Me sentía contenta, como debía ser.


Toqué la puerta con delicadeza. No se escuchaba ningún ruido adentro. Me extrañó bastante. Esperé. Volví a tocar la puerta. Esperé un rato más.

-Perdón. No te escuché-se disculpó Eric, cuando me abrió la puerta.

Tenía puesto el pantalón nada más. Andaba descalzo y tenía una toalla en las manos.

-Está bien-le di un beso en la mejilla, intentando no mirar por demasiado tiempo toda esa piel expuesta...supongo que me puse un poquito colorada-¿Todo bien?

-Sí-me contestó, mientras se hacía a un costado para que pasara.

Se me quedó mirando, yo le clavé mis ojos en los suyos. Era difícil no pasear la vista por ese torso musculoso, que parecía cincelado por algún escultor habilidoso. Por Dios, yo no era así... ¿qué me pasaba? Se me acercó un poco más.

-¿Qué?-le pregunté, algo brusca.

-Nada, que estás como un tomate-observó

Eso no hizo más que intensificar mi rubor.

-Es por el frío... Estuve mucho tiempo esperando en la plaza... y había viento. Y siempre me pongo colorada.-le expliqué, con más compostura de la que me creía capaz.

-Ah... me había olvidado de que eras tan sensible a esas cosas-dijo, medio confundido y medio divertido.

-Nunca fuiste muy observador-le dije, me encogí de hombros.-¿Los demás dónde están?

-Abajo... Jugando al pool.-contestó-siempre hacen eso.

-Me hubieras dicho-me quejé-Así no te interrumpía el baño.

-No interrumpiste nada, ya había terminado.

Levanté una ceja.

-Vestite, te vas a enfermar.-le dije con tono de abuela preocupada.

Me contestó con una risa suave.

-Ya vengo-se excusó.

Volvió enseguida, con una remera negra y zapatillas.

-¿Te incomodaba recién?-preguntó con tono cauteloso.

-No... Estoy acostumbrada. Lautaro anda así bastante seguido.

-Pero él es tu hermano.

-No son tan diferentes-le contesté rápidamente.-No es para tanto

-Menos mal... a Lorena le molesta que ande así.

-Ah, ¿sí?

Justo Lore... me parecía raro.

-Seh

-No tiene nada de raro...

-Pero es ella es muy pudorosa, a veces...

No pude menos que reírme.

-¿Estamos hablando de la misma persona?

Él sonrió a su vez.

-En serio.-Miró la puerta-¿Bajamos?

-Y sí...

-¿Te aburro?

-No, para nada. Pero quiero ver a los demás también.


-¡Debbie!-

Lo primero que vi fue una llamarada de pelo rojizo. Después sentí que me estrangulaban. Esa chica tenía mucha energía.

-¿Cómo estás, Lore?-saludé, cuando me soltó.

-Todo bien- me sonrió-Vení.

Me agarró la mano y me arrastró hasta donde estaba el resto. No estaban jugando al pool, sino sentados en sendos sillones, tapizados de cuero blanco. En la mesita ratona, había una botella de cerveza negra y un par de bandejas con una picada.

No eran muchos. Además de Ariel, había tres hombres y una mujer. Los saludé y Lorena se encargó de las presentaciones:

-Él es Gabriel(un rubio alto y de ojos celestes muy claros, con rasgos nórdicos), Federico(me señaló a un chico de unos dieciocho, morocho de ojos oscuros), Guillermo(un hombre de unos treinta y cinco, de pelo negro y ojos oscuros, con una sonrisa de esas que te cautivan enseguida),-sólo quedaba la chica, supuse quién sería-y Laura.

No me extrañaba que le gustara a Eric. Parecía una modelo. Morocha de pelo lacio y ojos azules, rasgos ingleses y con una figura escultural. Vestía de una forma que resaltaba sus curvas de forma elegante.

Les sonreí a todos. Percibí una cortesía general, pero al ver a Laura, sentí una sensación rara, como si me estuvieran examinando minuciosamente. Estaba incómoda en su presencia, tenía algo que iba más allá de la apariencia que no me gustaba nada...

18/1/09

13 de Julio: Laura

Bueno... traté de distraerme, no pensar en lo que pasaría unas pocas horas después. ¿Por qué los nervios? No era la primera vez que veía al grupo de Eric. La otra vez todo había salido mucho mejor de lo que esperaba. No pasaba nada... Entonces, tenía que tomármelo con calma.

-Debbie, necesito que le des prioridad a los documentos de Rodríguez-me pidió Juan.
-No hay problema.
-Tomá
Me alcanzó un sobre con lo requerido y se fue.
Lo abrí distraídamente y saqué su contenido. Rodríguez era un cliente bastante problemático, que había acumulado una deuda importante con la empresa. Pasé los datos a la computadora, obligándome a concentrarme.
-Debborah...-escuché detrás mío.
-Ana... ¿Hace mucho que estás ahí?-le pregunté, sintiéndome avergonzada.
-No... se ve que estás muy concentrada con eso-me miró como si comprendiera.
Y no, Anita, en realidad no tiene nada que ver con Rodríguez.
-¿Pasó algo?
-Sí...
Me imaginaba. Ella rara vez abandonaba su puesto en la recepción. La miré, interrogante.
-Me surgió un problema y no puedo acompañarte el domingo.
-Ah, qué lástima. ¿Estás bien?
Se la veía algo nerviosa. Yo creo que se esforzó para sonreír, aunque salió un poco torcida.
-Sí, no te preocupes. Es que viene mi mamá el fin de semana a casa.
Anita estaría recluida en su casa todo el tiempo que la señora estuviera en su casa. Raro que estuviera tan tranquila, debía admitir. Yo, en su lugar, estaría caminando por las paredes. Era bien conocida la actitud exageradamente controladora de la señora Miriam. Las veces que visitaba a Anita eran bastante escasas. La pobre chica había sufrido demasiado en su adolescencia, desde que su padre dejó la casa familiar, como para someterse libremente al escrutinio de su madre. Creo que se veían tres o cuatro veces por año. Anita se había encargado de eso, mudándose de su Viedma natal y viniendo a vivir a Buenos Aires, para poder seguir una carrera en una universidad importante.
-Qué oportuna-comenté-Ay, Anita, no sé que decirte...
-No pasa nada- cambiando la expresión por una de santa mártir-Estoy acostumbrada a que venga sin avisar.
-Mirá, si querés le pregunto a Eric si nos podés acompañar en algún ensayo o algo, antes de que se vaya de nuevo.-sugerí.
-¿En serio?-se le iluminó la cara.
-Le voy a preguntar... creo que no va a haber problema.
-Gracias, Debbie
-Que te sea leve, Ana-le deseé
Se rió amargamente.
-Voy a sobrevivir-dijo con tono falsamente trágico.

El tema de Anita me sacó por un rato de mis cavilaciones acerca de la noche que me aguardaba. Me daba lástima... Le faltaba el carácter necesario para hacerle ver a Miriam que ya no era una nena y que no tenía derecho a manejarla así. Sin embargo, ¡qué resistencia que tenía! Yo habría enloquecido en su lugar. Agradezco no haber tenido padres así.
Pensando en eso... extrañaba a mis viejos. Ahora vivían en Francia, desde que papá heredó una propiedad de un tío lejano que había muerto hacía un par de años. Les iba muy bien. Con los antecedentes de papá, no le resultó difícil encontrar trabajo allá. Después de todo, era ingeniero.
Hacía unos seis meses que no los veía.

Miré el reloj... Llegó el momento de la verdad. Bueno, tan trágico no era. Me estaba enredando con una estupidez. Estaba teniendo las actitudes propias de una quinceañera. Salí del edificio y me fui a la misma plaza donde me había recogido Eric la otra vez.
Llegó el hermoso auto negro y se bajó el chofer que parecía levantador de esas.
-¿Señorita LeNoir?-me preguntó.
Asentí en silencio.
Me abrió la puerta para que subiera. Esta vez viajaría sola.

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Los dejo con la intriga hasta mañana =)

Este va para cynthia, que es la unica que me deja comentarios >.>

Los invito a seguir su ejemplo n.n


Maeglin

17/1/09

08 de Julio: Ocho para el recital

-No sé si salir hoy, Taro.-le dije, con voz afectada
Me enfermé ayer. Tenía una congestión de novela, que apenas me dejaba respirar. La gente no me entendía cuando le hablaba. Y ni hablar del dolor de cabeza... Estaba destruida.
-Tirate un rato a dormir, tomate algo y ya está. No es tan grave, Debbie.-me aconsejó- Pero si no te sentís bien, no vamos a ningún lado.
-¿Nos?-le pregunté-No te quedes conmigo... No hace falta.
Dije las últimas palabras ahogadas por una tos molesta. Lautaro me trajo un vaso de agua.
-Sí que me quedo. Mirá si te pasa algo-me miró con preocupación.-Y ahora, andate a dormir.
Me agarró de un brazo y me condujo a mi pieza. Cuando pasamos frente al espejo que había en el pasillo, me espanté. ¡Me veía horrible! Unas ojeras enmarcaban mis ojos castaño claro, mi piel(usualmente de un saludable color trigueño) estaba muy pálida y reseca, y mi nariz, coloradísima de tanto sonarme la nariz.
-Bueno, dejame... No soy una nena-me quejé.
-¿Querés que te traiga algo?
-No... andá a hacer tus cosas. No te quiero contagiar nada.
Cerré la puerta en cuanto se fue. Caminé con paso lento hasta mi cama y me tiré. Y así como caí, quedé. No me podía ni mover...
Eso fue como a las cuatro de la tarde. Me dormí... Tan profundamente como si me hubieran golpeado fuerte en la cabeza. Era lógico, había pasado una noche horrible... sin poder conciliar el sueño.
A los cinco minutos(para mí, no más... para el resto del mundo habían pasado tres horas), me despertó la música del celular.
En vez de un “hola”, me salió una especie de gruñido. Tuve que hacer un segundo intento para que el que llamó me entendiera.
-¿Debbie?-me saludó una voz femenina.
-Jess-me aclaré la garganta-Sí, soy yo
-Se te escucha horrible
-Estoy enferma.
-Ay, qué feo. ¿Qué tenés?
-Estoy resfriada-odio cuando se me traban las palabras en la nariz...-No los puedo acompañar hoy.
-Y no... qué lástima...justo hoy, que podíamos todos...-Se lamentó.
-Sos bárbara para hacer sentir bien a la gente, ¿sabías?-le dije
-Jaja, perdón... Bueno, ¿lo dejamos para el finde que viene?
-No, tengo el recital...
-Pero es un domingo...-se quejó
-No me gusta salir dos días seguidos... No quiero que Eric me vea los restos de la resaca que seguramente voy a tener.
-Qué pesimista. Si seguís así, vas a ser la típica persona sin vida...
-Mi hermano me dijo exactamente eso, hace un par de días.
-Y tiene razón
-Salgamos el viernes-sugerí.
-Dale... le digo a la gente. Te dejo, para que descanses. Que te mejores-se despidió
-Chau, Jess

Faltaba una semana para el recital... Cuando me llegaron las entradas, se me hacía que faltaba muchísimo tiempo. Por aquel entonces, tenía una confusión respecto a él... Ahora no tanto... Me hacía bien escucharle la voz todos los días, como cuando íbamos al colegio. Una sola cosa me molestaba...
-¿Hola?-le dije al celular.
-¿Qué tal?-siempre tan alegre...
-Eric... no muy bien. Me enfermé
Típicas preguntas que se hacen a la gente enferma...
-No vas a poder salir...
-Gracias por recordármelo
-De nada-se burló.-Che, te quiero ver...
-Yo también-sentí alegría.
-El jueves tenemos el día libre... ¿Te paso a buscar?
-Bueno...
-Por fin, vas a conocer a Laura
Ay... otra vez. Laura esto, Laura aquello... Estaba podrida de Laurita.
-Buenísimo-dije sin alegría.
-¿Por qué ese tono?-me preguntó.
-Porque tengo ganas de estornudar...-mentí
-Ah, perdón. -se rió- Pensé que estabas enojada.
-No, para nada...
-Lore te manda saludos-dijo, con una cortina de ruido, típico de lugares con gente.
-Gracias, mandale los míos-sonreí, se la extrañaba a esa chica, aunque solo la hubiera visto una vez.- ¿Dónde estás?
-En el hotel... En un rato, nos vamos a algún barcito de capital.
-Qué lindo... te acompaño en sentimiento
-No te pongas así. Cuando estés mejor hacemos algo parecido.
-Más te vale.
Escuché su risa otra vez. Hablamos de un par de trivialidades y corté.
Otra vez, Laura... No la quería ni ver. Eric me había dicho que habían vuelto, hace un par de días. No me extrañaba, hablaba demasiado de ella. Parecía que ejercía sobre él una especie de magnetismo irresistible. Para Eric, era su alma gemela. Según él, fue ella la que le abrió los ojos, la que lo impulsó a recuperar amistades. Debería alegrarme, pero no podía...

-Me siento maaaaaaaal-me quejé, por centésima vez, exagerando mi voz nasal.
-Bueno, ¡andate a dormir!-me pidió mi hermano.
Había estado insoportable. Se me había ido el sueño. Ya me había bañado y acababa de terminar la cena. Estaba aburridísima. Fui a buscar un libro de mi escritorio. Lautaro me lo sacó enseguida.
-¿Qué hacés?
-Esto es lo que hizo que te enfermaras-lo miró con desagrado.-Te exigís de más. Ahora, a dormir.
-No tengo sueño.-me crucé de brazos, con actitud caprichosa.
-Entonces, mirá tele, no sé. Escuchá música. Lo único que te prohíbo es que agarres esos libros. No te vas a mejorar más sino.
Lo miré con los ojos entrecerrados. Me soné la nariz sonoramente y dejé la habitación.
-Lo hago por tu bien. Alguien te tiene que cuidar-se excusó, siguiéndome de cerca.
Me acosté en mi cama así como estaba. Lo ignoré.
-Debbie... cambiá esa cara...-me pidió-Dale...
Me di vuelta, para mirarlo. Se había perdido su salida por mi culpa...
-Perdón... enfermarme me pone así.
-Sí, ya sé. Yo soy igual- me sonrió.
Alcanzó una silla a mi cama. Hablamos un rato. Le conté de Eric y me puso mala cara, pero me escuchó. Después, cambiamos de tema. La conversación se hizo cada vez más espaciada, hasta que me quedé dormida.

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ando con poca inspiracion, se nota? x.x
el calor me hace mal...

hasta el lunes =)


Maeglin

16/1/09

Dos cortitos =)

Viernes 30 de Junio: Dieciseis días para el recital


Recién hoy, Juan y yo volvimos a hablar. Hicimos como si nunca hubiera pasado nada. Lo agradezco enormemente... Extrañaba su compañía.

Gabriela y Anita estaban muy ansiosas con el recital. Las dos eran re fanáticas de Eric. No sabía si era por su música o por su físico, o por las dos cosas... Anita casi se me desmayaba cuando le dije que lo conocería personalmente.


Estuve pensando todo este tiempo en las palabras de Eric... Toda la historia. Seguía pareciéndome raro... había como pozos en la historia. Lo hizo ver todo muy simple. No entendía el por qué del cambio. Tampoco por qué no había venido antes. Según él, hacía rato que el asunto conmigo le estaba dando vueltas en la cabeza. Lo del celular me pareció una excusa estúpida. Me pudo haber buscado.

¿Realmente le importaba?

¿Por qué ninguno de nuestros conocidos comunes me dijo nada de él? ¿A mí sola me volvió a ver? Me parecía tan raro...


Miércoles 05 De Julio: Once Días para el recital


Eric me llamaba todos los días. Me contaba cada detalle de lo preparativos del recital. Estaba muy nervioso. Era el espectáculo más grande que haría hasta el momento. Dijo que tenía muchas ganas de verme personalmente.


Era época de exámenes finales. Solamente estaba cursando cuatro materias, pero parecían muchas más. Tenía pilas de libros para leer sobre el escritorio. Lautaro me dijo que lo ponía enfermo verme tan metida con eso.

-No tenés vida, Debbie- me dijo con preocupación.

-Sí que tengo-le contesté levantando la vista brevemente.

-¿Cuándo fue la última vez que saliste?

-No me acuerdo, no pasó tanto tiempo.-empecé a sacar cuentas mentalmente.

-Sí que pasó... Antes salías todos los fines de semana.

-Salí con Eric la semana pasada...

-No cuenta...-noté su fastidio- ¿Antes de eso?

-La cena con la gente del laburo...

-¡Pasó más de un mes!-exclamó, indignado.

-Perdoná que no sea tan fiestera como vos, Taro.-me disculpé en tono de burla.

-Este sábado salimos.-dijo, ignorando mi comentario.

-Tengo un final mañana y otro el lunes...

-Hace un montón que venís estudiando. No te va a venir mal distraerte un poco.-observó

-Bueno, está bien. Nada muy loco, ¿sí? Pienso levantarme temprano el domingo.

-Te vas a levantar a las tres de la tarde, como la gente normal que sale de noche...-sentenció

-Eso no es normal-me reí-Cuando yo salgo, me levanto como mucho a las once del otro día.

-Vos sos la rara.

-Está bien. Ya dije que te iba a acompañar. ¿Con quién querés ir?

-Pensaba decirle a Diego, a Belén, a Matías, no sé... el grupo de siempre.

-Te la llevo a Jésica, y un par más, para disimular-le sugerí, guiñándole un ojo.

-Decile a quien quieras. Menos a tu jefe...-agregó, con decisión.

-¿Por qué no? Hace mucho que no salgo con ellos.

-Peor fue mi idea. No quiero que venga ese.

No pude evitar reírme. La antipatía que Lautaro sentía por Juan rozaba lo infantil. Mi hermano podía ser bastante maduro para sus veintitrés años, pero aún así, tenía esas cosas...

-Está bien. Salgo otro día con él...-le dije, para molestarlo.

-Así que tenías algo con ese... ya me parecía-me apuntó con un dedo.

-No sé-le contesté en tono misterioso.

Y puse mi mejor cara de concentración, para seguir leyendo.

-No me ignores-me pidió, con un leve tono amenazante.

-No te ignoro, tengo que estudiar. Y yo sé que te morís de ganas, pero no... No podés rendir el final por mí...-lo miré haciendo pucheros, a lo que él dijo algo feo.


Tenía razón, tenía que despejarme un poco...

14/1/09

=)

Si todavia no sabes de que se trata esta historia y la idea de revisar las entradas(que estan de atras para adelante) no te llama, te invito a bajarte todo lo que publique hasta ahora en un mismo archivo:

Bajar Eric(desde "14/5:La cancion" a "27/6: Juan y Eric)


No se si voy a poder capi hoy... mañana creo q si voy a poder. Perdoncito u///u


Maeglin

13/1/09

Juan y Eric (Segunda parte)

Hola, mis queridos lectores.
Perdon por la tardanza =P
Les comento que los fines de semana son complicados para mí, cuando de escribir se trata. Para mi, a veces, se vuelve un suplicio el no poder escribir... Pero bueno, asi es la vida. Para compensar, les dejo lo que queda del capitulo, lejos el mas largo(son mas de diez paginas, contra dos o tres de los otros).
Se viene la tan esperada charla de Eric y Debborah. Espero que sea de su agrado =).
Como digo siempre, agradezco comentarios de todo tipo.
Para comentar, hacen click donde dice x comentarios(ahora, por ejemplo dice 0 xD). A partir de ahi, se van a dar cuenta =)
hasta mañana, si

Maeglin

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Esperar a que fuera la hora de salir se me hizo una tortura. No sólo había llamado la atención con Eric, sino también con Juan. Él rara vez llamaba a sus empleados para tener una reunión privada. Además, él siempre se mostraba cálido conmigo. Me imagino lo que habrán pensado los demás, cuando me vieron salir con cara de perro de su oficina... Y por lo visto, Juan no volvió a sonreír por el resto de la jornada, lo cual era todavía más raro.

Jésica se me había acercado, con algo de cautela, para preguntarme qué había pasado.

-No quiero hablar de eso. Perdón-me disculpé.

-Bueno, cualquier cosa, sabés que acá estoy.

-Gracias, Jess. Ah, ¿te conté?-pregunté, inocentemente.

-¿Qué cosa?- se sentó al lado mío.

-Ayer me crucé con Eric en la calle.

-Mirá vos...¿qué pasó?-me preguntó, con visible interés.

-Nada... casi me da un ataque al corazón...

-¿Cómo?-abrió mucho los ojos.

Le conté las circunstancias en las que sucedió el encuentro. Cuando terminé, le fue imposible reprimir la risa.

-¿Hablaron después?

-Sí, un poco. Pasa que era tarde. Fuimos a tomar un café por ahí y después me acompañó a mi casa.

Jésica me miró de forma sugerente.

-Y no entró-seguí, correspondiéndole el gesto.

-¿Cómo que no entró?

-No quería hacer enojar a Lautaro. Ya sabés como es.-puse cara de fastidio.

-Le hace falta una novia a tu hermano. Es muy celoso.-comentó.

-Juan me dijo lo mismo-sonreí.-Vos lo podrías ayudar.

Jésica rió nerviosamente y se sonrojó.

-No, Debbie-sacudió la cabeza- Ahí nos equivocamos.

-¿Por qué no? Se llevarían bien.-ensanché mi sonrisa.

-Porque no... si es así de celoso con vos, que sos la hermana... no quiero imaginar cómo será con la novia.-dijo rápidamente.

-Qué nerviosa que te pusiste, Jess...-me reí un poco.-¿Pasó algo?

-No... no estoy nerviosa-levantó el mentón con aire de superioridad- Seguí con la historia.

-Quedamos en encontrarnos mañana a la noche. Pero, al final, me va a venir a buscar después del trabajo. Es un boludo...

-Ay, ¿por qué?-me preguntó, haciendo una mueca.

-Vino acá para avisarme del cambio de planes. Por eso, se armó semejante bolonqui hace un rato.

-Y por eso Juan parece tan enojado ahora...

Asentí con la cabeza.

-Me parece que ese es más celoso que tu hermano...-comentó, con una risita maliciosa.

-¿Decís?-hice una mueca de desconcierto.

-Sí, hay que ser ciego para no darse cuenta.

-No creo... me habría dado cuenta.

-No sos la persona más perceptiva sobre la tierra, precisamente, Debbie.-me hizo ver, cariñosamente.

Me sentía confundida, pero los nervios por el inminente encuentro con Eric disiparon todo lo demás.

La hora de salir vino más rápido de lo que pensaba. Junté rápido mis cosas y me fui. No quería que Eric viniera a buscarme a la puerta. Lo llamé para avisarle que lo esperaría en una plaza cercana. Me senté en un banco orientado hacia la calle. Temblaba un poco, no sé si por el frío o por los nervios. Un BMW negro se detuvo a la altura donde yo estaba. Eric se bajó de la parte de atrás. Caminó hasta donde estaba yo y me agarró las manos. Me miraba de una forma tan tierna que me conmovió.

-¿Vamos?-me dijo, con una media sonrisa.

Asentí en silencio y nos subimos al auto.

-Volvemos al hotel-le indicó al chofer, un hombre de mediana edad, tan ancho como dos Erics.

-Pensé que me ibas a llevar a comer a algún lado...-manifesté, con algo de desilusión.

-Y te voy a llevar-sonrió y me miró con un brillo especial en los ojos-Pero, como te dije antes, quiero que conozcas a alguien primero.

-¿A quién?-quise saber.

-Ya vas a ver.-dijo en tono misterioso.

Me acomodé en el asiento y me crucé de brazos. Traté de disimular los nervios que sentía. Hundida en mis cavilaciones, perdí la noción. Antes de darme cuenta, estábamos en la puerta del hotel.

-Ah, no te andás con chiquitas...-comenté, boquiabierta, frente al enorme y lujoso edificio.

Obtuve su risa como única respuesta. Apoyando una mano en mi espalda, me condujo al interior. Fuimos a la recepción, él pidió su llave y un empleado nos condujo al ascensor.

-No hace falta, ya me aprendí el camino.-dijo Eric, a lo que el hombre murmuró una disculpa y se fue.

La atmósfera se cargó con una tensión horrible. Me sentía claustrofóbica. Sólo estábamos los dos en el ascensor. Examiné a Eric detenidamente con la mirada. No lo recordaba tan grande. Creo que, de repente, se había hecho adicto al gimnasio... En el pasado, era el típico adolescente alto y flaco, con un apetito voraz que no afectaba a su figura. Se me hacía raro verlo con semejante musculatura. Su cara, si bien se había refinado por la madurez, no había cambiado demasiado. Sus ojos reflejaban una luz que hacía muchísimo que no veía en él (desde mucho antes de que empezaran los problemas entre nosotros). Ese color exótico que tenían seguían siendo fascinantes, debía admitirlo. Recuerdo que cuando recién lo había conocido, eran el motivo por el cual me olvidaba de la mitad de las cosas que le quería decir. Me resultaban hipnóticos. Gracias a Dios, esa sensación se había esfumado hacía tiempo ya. Pero seguía pensando que eran su rasgo más atrayente. El cambio drástico había sido su pelo. Antes le caía desordenado en ondas apenas definidas hasta los hombros; ahora, se había rapado.

Mis comparaciones entre “los antes y después” se vieron interrumpidas drásticamente.

-Debbie...-dijo Eric, de repente.

-¿Qué?-pregunté, con un leve sobresalto. Antes de que hablara, reinaba un silencio denso.

-Relajate- me pidió, sonriendo a medias, como sólo hacer en los viejos tiempos.

-Estoy bien-me defendí, frunciendo el ceño.

-Claro, claro...-Su sonrisa se ensanchó.

Vi que se agitaba con una risa silenciosa. Me crucé de brazos, decidida a que eso no me afectara.

Las puertas finalmente se abrieron. Entramos en la tercera puerta a la derecha del pasillo de alfombra color azul marino.

Pasamos a un pequeño recibidor, con un perchero a la izquierda y un espejo a la derecha. Eric me sacó la cartera con suavidad y la colgó. Siguió con mi tapado. Yo lo ayudé lo mínimo, como si fuera una nena chiquita.

Nos dirigimos a una especie de living moderno, donde predominaba el blanco. Parecía de esos que veían en las revistas, y que son tan perfectos, que uno se termina convenciendo de que jamás pondrá el pie en un lugar así. En el sillón de tres cuerpos que estaba frente a una pantalla gigante de LCD, estaba sentada una chica de mi edad, aproximadamente. Dejaba reposar uno de sus brazos sobre el borde del respaldo del mueble. Se incorporó en cuanto nos escuchó entrar.

-Eric, por fin...-exclamó.

Era una mujer pelirroja, un poco más alta que yo, con unos impresionantes ojos verdes. Tenía una figura algo rellena, pero extremadamente femenina. Vestía jeans oscuros que se ajustaban a sus piernas, botas de caña alta de un color claro y una campera gris perla liviana encima de una polera de modal violeta.

-Lorena, te presento a Debborah Le Noir-dijo.

Lorena se me acercó y me dio un beso en la mejilla. Usaba un perfume de aroma exquisito. Estaba maquillada de una forma que resaltaba sus ojos y los hacía parecer felinos. La envolvía un aire de seducción natural que me incomodó un poco.

-Un gusto, Debbie-me sonrió, mostrando una hilera de perfectos dientes blancos.-Eric me habló mucho de vos.

-Ah, ¿sí?-miré con gesto interrogante a mi amigo.

-Sí...-siguió ella- sobretodo cuando volvimos al país. La verdad es que estaba ansiosa por conocerte.

Yo no sabía qué decir ni qué hacer. Así que Eric me tenía presente...

-Ella es la que compone parte de la música que hago...

-Y la que le diseña todo lo que tenga que ver con lo gráfico, por supuesto. Lo de la música es secundario...-añadió, modesta

Una diseñadora... debí suponerlo. Lorena tenía un estilo que denotaba su condición de artista. Se notaba que tenía bien claras las reglas de la estética.

-Menos que secundario-corrigió una voz masculina detrás nuestro- De la música me encargo yo, señorita.

Orgulloso... eso fue lo primero que pensé cuando me di vuelta para ver al dueño de esa voz grave.

-Ariel Terranova-se presentó, tendiéndome la mano.

Lo miré a los ojos y le sonreí amablemente. Tenía el pelo castaño oscuro, largo y enrulado atado en una colita; y ojos del mismo color, casi negros. Tenía rasgos parecidos a los de los judíos. Mediría un metro setenta y pico, de complexión ni muy delgada ni muy corpulenta. Irradiaba una seriedad absoluta.

-Siempre tan frío-se quejó Lorena- Dale un beso, como corresponde.

-No todos saludamos a las personas como si fueran amigas de toda la vida, cuando apenas las conocemos.-le dirigió una mirada fría, noté cierto acento, que no logré identificar.

-No empiecen-advirtió Eric, con un tono de autoridad que no resultaba para nada agresivo, pero que incitaba a obedecerlo.

Yo me sentí incómoda por la pelea que se desarrollaba en silencio entre los dos, acribillándose con los ojos. Eric se aclaró la garganta.

-No asusten a la chica, por favor...-pidió- Va a pensar que son un par de locos.

-No-me apuré a decir- Nada que ver...

Eric fue hasta un minibar que había en una esquina de la habitación.

-¿Querés algo?-me preguntó.

-No, gracias-dije, algo indecisa.

-Pasame una Pronto-pidió Lorena.

Ariel chasqueó la lengua.

-Pasame una a mí también.-y lo vi sonreír un poco.

Eric sacó tres botellitas de color azul Francia y las depositó en la mesa ratona, frente al televisor. Después, sacó de su bolsillo un llavero, que tenía un destapador con forma de guitarra eléctrica color verde metalizado. Abrió las tres. Antes de llevarse la suya a la boca, me la alcanzó.

-¿Segura que no querés?

-Estoy bien. Gracias, igual.-repetí.

-No seas tan tímida, Debbie-dijo Lorena, con tono alegre.-Estás entre gente amiga.

De ella no tenía dudas, pero una fugaz mirada hacia el taciturno hombre que estaba a su lado me hizo dudar un poco de eso.

El ambiente se había distendido visiblemente. Eric, Lorena y yo nos habíamos sentado en el sillón; y Ariel, en otro sillón, de un solo cuerpo, que había a un costado. Hablamos de cosas triviales. Me hicieron muchas preguntas, típicas de personas que se ven por primera vez. Me cayeron muy bien. Lorena era una chica muy alegre, simpática y conversadora, con la que era imposible sentir incomodidad. No paraba de hacer comentarios ocurrentes con los que moríamos de risa. Ariel era todo lo contrario, mucho más callado y serio, pero igualmente simpático al cabo de un rato. Era blanco de unos cuantos comentarios de la chica y se “peleaban” frecuentemente. Peleas que duraban segundos, nada serio, solo un intercambio de comentarios mordaces de vez en cuando. Por lo que se veía, Lore disfrutaba mucho haciendo enojar a Ariel. Y yo me divertía de lo lindo, también, aunque no lo expresaba tan abiertamente.

-Toco el teclado...-respondí modestamente, cuando tocamos el tema de la música.

-¿Ah, sí? ¿Qué estilo?-Ariel se mostró particularmente interesado.

-Lo que venga- dije con una sonrisa.-No sé... depende de mi estado de ánimo.

Ariel y Eric intercambiaron una mirada cómplice.

-Igual... me limito a tocar cosas hechas... no sé improvisar-aclaré con un leve rubor.

-¿Cómo que no?-exclamó Lore- Es más fácil... ¿nunca hiciste boludeces con el teclado?

-Sí-me reí- Pero no era nada demasiado bueno... No sé componer.

-Tiene talento, aunque no quiera decirlo.-apuntó Eric.

-Ven-me invitó Ariel, con una sonrisa- Veremos qué tal lo haces.

Fuimos los cuatro a una de la habitaciones. Había una cama de dos plazas, una cómoda con un espejo y, en una esquina, una mesita improvisada con un teclado enorme encima y otra, con una notebook. A los pies, había un par de amplificadores. Apoyada en la pared, una guitarra eléctrica roja y negra.

-Se trajeron el estudio con ustedes...-comenté, asombrada de ver eso en un hotel.

-Nunca se sabe cuando puede venir una idea a la cabeza-me explicó Eric.

-¿No les dicen nada por el ruido?-pregunté.

-No... estamos bastante aislados.-dijo Lorena.

-Y los de las habitaciones de los lados son de nuestro equipo-agregó Ariel.

-Ah, bien.... coparon el piso.

-En realidad,-corrigió Lore- este piso y medio debajo de nosotros.

-Ahá...-suspiré.

No quería ni pensar en lo que costaría tener a tanta gente ahí adentro.

Ariel enchufó el teclado y me hizo señas para que me acercara. De repente, me temblaba todo. No me gustaba exhibirme. Sobretodo, sabiendo que no era muy buena.

-No sé qué tocar.

-Tocá tu canción-me pidió Eric, con un guiño-¿Te acordás la melodía?

Le sonreí con aire de suficiencia. Como para no acordarme... No sabía quién le había puesto la música, pero me pareció perfecta para la letra. La escuché mil veces hasta que me la aprendí. Miré con un poco de indecisión el instrumento que tenía frente a mí. Respiré hondo y empecé. Al instante, me olvidé de los demás. Mi mundo se redujo a mí y el teclado. Entonces, escuché una guitarra. Era Eric, que no miraba el instrumento, sino a mí. Entonces, fue cuando él pasó a formar parte de mi pequeño universo. Empezó la parte cantada, él con la primera voz y yo, con la segunda, que no existía hasta ese momento, en que yo la estaba improvisando.


”... Qué noche... Qué noche...

qué noche tan larga...”

-terminamos.

El eco de dos pares de manos aplaudiendo me despertó del ensueño. Sonreí y he hice una modesta reverencia en señal de agradecimiento. Eric me palmeó la espalda.

-Muy bien, che- sus ojos reflejaban orgullo y algo, que no llegué a descifrar.

-Gracias- le dije.

-Así que eras vos la que escribió esa...-dijo Lorena.- Tenés talento, Debbie.

-Tocás bien, tiene sentimiento.-agregó Ariel.

Ambas sonrisas me infundieron una sensación muy agradable, que hacía mucho que no sentía.

-¿Escribiste otras cosas?-quiso saber Lorena.

-Sí, pero nada impresionante-bajé la vista- escribí pocas... no es mi fuerte precisamente.

-¿Qué piensas de la melodía que compuse para tu letra?-preguntó Ariel, con el tinte de orgullo que caracterizaba su voz.

-Perfecta. No podría ser mejor-le concedí.

No era un halago vacío. Realmente lo pensaba.

-Podríamos agregarle ese arreglo que hizo-le sugirió Ariel a Eric.

-Sí, sonaba bien-aceptó.

-¿Qué arreglo?-quise saber.

-Los coros que hiciste...-me aclaró Eric.

-¿Y quién los cantaría?-pregunté, con la voz algo ahogada.

-No sé todavía. ¿Se animará Laura?-dijo mirando a Ariel.

-Tiene un registro distinto, pero podría ser-meditó el aludido.

-Lo hablamos después...-dijo Eric, consultando el reloj.-Nos vamos, Debbie.

-¿A dónde?-pregunté, desconcertada- Pensé que nos quedaríamos acá.

-La comida de acá no me gusta.-chasqueó la lengua- Te voy a llevar a otro lado.

-Bueno...

Lo seguí hasta la puerta. Agarré mis cosas y fui a saludar a los otros.

-Nos vemos, linda- me saludó Lorena, con un beso en la mejilla.

-Adiós, Debborah-me despidió Ariel a la distancia.

-Portate bien, Eric-le pidió Lorena, lo que me hizo juntar las cejas por un instante.

-Sí, mamá...-dijo en tono irónico, dirigiéndole una mueca burlona.

-Ése es mi nene-y le tiró un beso.

Decidí no hacer preguntas al respecto.

Cuando llegamos a la puerta del hotel y la abrimos, nos recibió una afectuosa ráfaga de viento helado que me despeinó un poco. Me rodeé con mis brazos para sentir un poco de calor.

-Está fresco, che.- comentó Eric, rodeándome con un brazo.

Sentirlo tan cerca se sentía bien.

Llamó al chofer que ya nos estaba esperando en el auto. Me abrió la puerta y subió conmigo. El auto arrancó, sin que Eric dijera nada. En realidad, ninguno dijo nada hasta que llegamos, diez minutos después. El restaurante estaba especializado en pastas y comida italiana. La calidez y el aroma reinante hicieron que el lugar me cayera bien al instante. Nos sentamos en una mesa casi al fondo.

-Espero que no molesten hoy-suspiró.

-¿Quiénes?-pregunté.

-Los paparazzis estúpidos que brotan de la tierra. No sé de dónde salen, pero siempre aparece alguno que te saca una foto y arma escándalos por nada. Buitres, éso es lo que son-contestó enojado.

La cara le había cambiado bastante. Se lo veía molesto.

-Ay, Eric-me quejé- no hay nadie con una cámara cerca... Quedate tranquilo y cambiá esa cara.

Mi pedido obtuvo como respuesta la relajación de los músculos de su rostro.

-Mejor- le dije.

-No los aguanto.

-Yo tampoco, pero la gente los ama. Hasta que no se canse la gente, cosa que dudo, no van a dejar de existir.

-Ya sé

-Son como moscas. Pongas buena o mala cara, están igual. Así que, mejor sonreír y olvidarse de su existencia. Entonces, todos felices.

-Supongo.

Nos trajeron la carta. Revisé la lista, obviando números que seguro me harían desmayar. Estuvimos en silencio un rato. Eric llamó al mozo en cuanto decidimos y pedimos. Cuando se fue, me quedé con la vista fija en los ojos de Eric.

-Me parece que va siendo hora de que hablemos de cierta cosas.-le dije.

Él tomó aire y me miró a su vez.

-Sí...-se lo veía repentinamente arrepentido

-¿Qué te hizo cambiar de opinión sobre mí?

Espero un momento para hablar.

-Te extrañaba-dijo simplemente- La pasaba muy bien con vos. Creo que sos la única persona en la que realmente pude confiar alguna vez. Sé que no estuve bien...

Guardé silencio, instándolo a que continuara.

-No quiero poner excusas, pero Carla cambió mi forma de pensar... Me dejé llevar por lo que ella decía, no sé. Me absorbió de una forma que me hizo olvidarme del resto de ustedes. La quería mucho, ¿sabés? Y no quería que ella no me quisiera. Entonces, decidí hacer lo que pensaba que a ella le gustaría. Carla te tenía muchísima bronca. Creo que eras a la que más odiaba. Estaba celosa de la amistad que teníamos. Decía que le metía los cuernos con vos y otras cosas que no te pienso repetir....

-Supongo que le explicaste que nada que ver...

-Sí, pero no había forma. Me pidió que elija.

-Y la elegiste a ella-dolía, aunque me esperaba algo así.

-Sí... fui un imbécil.

-Tal cual- le dije crudamente.

-En fin... por eso me empecé a pelear con todos...

-No se te ocurrió pensar que el problema eran ustedes dos y no nosotros. Ni siquiera intentaste hablarlo con ninguno del grupo. Ni siquiera conmigo, que era como tu hermana...-le recriminé.

-No... fui bastante estúpido en ese sentido. Pero me volvió. Ella se terminó volviendo en mi contra también. No le gustaba verme y tener la sensación de que se miraba en el espejo. Empezó a tratarme muy mal. Carla quería hacerme ver que yo era un basura de la peor. Nos peleábamos casi siempre. Fue una mierda esa época, la verdad.

-Me imagino. Te diste cuenta de que estabas solo.

-Sí... bastante. Los había perdido a todos ustedes. Fui consciente de que había sido mi culpa, pero daba todo por perdido. Estaba seguro de que me iban a mandar al carajo en cuanto me vieran la cara.

-Seguramente...

Esa era la reacción que tenía que esperar de mi hermano. Y eso que no habían sido amigos.

-Decidí empezar de nuevo. Cuando empecé la facu, hice amigos nuevos, todo de cero. Ahí conocí a los de la banda. Laura es la que estuvo más conmigo. Hasta salimos unos meses.

Laura de nuevo... me estaba empezando a preguntar quién era.

-Ella fue como mi psicóloga-siguió- Le conté todo este problema un día que me sentía bastante deprimido.

-¿Y qué te dijo?

-Que me olvidara de ustedes. Que eran parte del pasado. Que si no me habían perdonado, es porque yo no les importaba.

-Una estúpida.

-Lo mismo pensé, aunque no se lo dije así. Me dijo que yo no tenía la culpa, sino Carla. En su momento, como necesitaba agarrarme de algo, adopté lo que había dicho.

-Pero la culpa no es toda de Carla.

-Sí, de eso me di cuenta mucho después. Unos meses después de cortar con ella, hablé de nuevo de mis problemas, pero con Lore. Ella me hizo entrar en razón. Me lo dijo de una forma bastante fea, pero tenía razón.

Me imaginé a Lorena gritándole unas cuantas verdades intercaladas con un par de palabrotas y no pude evitar sonreír.

-Así que le di vueltas al asunto bastante tiempo.

-¿De eso cuánto tiempo?

-Bastante...

-¿Y por qué no hablamos entonces?

-Porque no tenía forma de comunicarme con vos...-se excusó.

-Nunca cambié mi teléfono.

-Y a mí me robaron el celular. Recuperé el número pero no la agenda.

Decidí creerle y darle una oportunidad.

-Perdón, Debborah. En serio, no sabés hace cuánto que esto me está remordiendo la conciencia...

-Me imagino. No te preocupes. Está todo bien.-lo tranquilicé-Más vale tarde que nunca.

Nos trajeron la comida y la tensión se fue un poco. Comimos en silencio durante un rato. Le daba vueltas al asunto. Tenía algunos pozos, pero decidí dejarlos pasar. En realidad, para mí era un alivio que me pidiera perdón y volviera a estar cerca mío. No había sido tan consciente de cuánto lo extrañaba como en ese momento. Podría haberme contactado de mil maneras en todos esos años. No lo había hecho, sino que terminé haciéndolo yo. Estaba bien... lo tenía de vuelta, casi tan bien como antes y eso era lo único que me importaba.

-¿Cómo dieron el gran salto?-le pregunté, mientras esperábamos el postre.

-Resulta que Ariel tenía un amigo que trabajaba en una discográfica. Un tipo bastante influyente. Un día lo fuimos a ver, nos escuchó y le gustó. Y acá estamos-sonrió.

-No entiendo por qué saliste como solista...

-Ellos lo decidieron así. Yo quería que sacáramos el disco como una banda, pero éramos tres contra uno.

-Tres...¿Quién falta?

-Quiénes... en realidad. Gabriel, el batero, y Laura, que hace los coros y cada tanto toca algún instrumento, como el violín o la flauta traversa.

Otra vez, Laurita... Maestra de la música, seguramente.

-¿Ella es la que hace la intro del primer tema del cd?

-Sí...

Era buena, había que admitirlo.

-¿Lore no toca con ustedes?

Por las cosas que habíamos estado hablando en el hotel, también tenía cierta vocación por la música.

-No... le gusta más eso de encargarse de la imagen del grupo. Mirá que le insistimos para que tocara, pero no hubo caso-contestó.

Se lo veía como aliviado. Nos hizo bien haber hablado de otra cosa más alegre que el pasado compartido.

-¿Y vos, Debbie? ¿Qué fue de tu vida?

-No hay mucho... lo que te conté el otro día... estoy terminando la carrera. Lo que me recuerda que me estoy dejando estar...-dije con un dejo de culpa.-El lugar donde estoy fue mi primer trabajo...

-Te gustó, parece.

-Sí, trabajo en un clima relindo de trabajo. Es gente copada. Sobretodo Juan y Jésica, que me bancaron en algunas... Los conocés.

-¿Ah, sí?

-Juan es mi gerente.

Eric torció el gesto.

-Sí...

-Y Jésica era del grupo de mi hermano. La única rubia, ¿te acordás?

-No, pero si la veo capaz que sí.

-Ya te la voy a presentar como corresponde-sonreí- La voy a llevar al recital. ¿La puedo llevar conmigo después?

-Sí... la idea era que trajeras a las dos personas que te acompañaran. No las ibas a dejar ahí...

A pesar de sus palabras, me pareció que mucho no le gustó la idea, pero no hice comentarios.

-¿Estás de novia?-cambió de tema.

-No... corté hace unos meses.

-¿Por?

-Era insoportable. Me di cuenta de que amaba más a su espejo que a mí.

Me reí recordando a mi ex.

-Cuando caminábamos por la calle,-le conté-se miraba en cada espejo y ventana que veía. Capaz que estábamos hablando de algo importante y me dejaba de dar bola porque se tenía que acomodar el pelo.

-¿Cuánto aguantaste?

-Y como un año... Pasa que tenía sus cosas buenas. Lo más “gracioso” es que me dejó él. Al tiempo lo vi saliendo con su manicura.

-Manicura...-repitió antes de reírse.-¿Qué diría si viera mis manos?

-Que sos un salvaje... capaz que hasta te da el teléfono de Florencia.

-¿La novia?

-Sí.

Seguimos hablando de la vida bastante tiempo. Nos quedamos en ese lugar hasta la una, más o menos. Eric pagó la cuenta y nos fuimos.

-¿Te divertiste?-me preguntó cuando nos bajamos en mi casa.

-Sí-le sonreí-Extrañaba al viejo Eric.

-Que se repita-me dijo, dándome un abrazo

-Nos vemos en el recital-le dije-Voy a estar bastante ocupada hasta ese día.

-Te llamo igual. Yo tampoco voy a poder hacer mucho fuera del laburo.

-Chau- lo saludé, dándole un beso en la mejilla.

Abrí la puerta del edificio y nos separamos.

9/1/09

27 de Junio: Juan y Eric (Primera parte)

Yo nunca fui motivo de habladurías en el trabajo. Siempre intenté pasar desapercibida para evitarme problemas. Y hasta hoy había funcionado...

Sonó el teléfono que tenía en el escritorio.

-¿Sí?

-Debbie, te buscan.-me comunicó Anita, la recepcionista.

-¿Quién?

-E...Eric Grant-parecía bastante asombrada.

-¿Qué hace acá?-dije, dirigiéndome a la puerta rápidamente, con paso decidido.

Juan me interceptó antes de que pudiera escabullirme. Afuera se escuchaba mucho revuelo.

-¡Epa! ¿Qué pasa que estás tan apurada?

-Vino Eric-le respondí, mirándolo sin parpadear.

-Voy con vos.

-¿No tenés nada mejor que hacer?-quise saber.

-No

-Que al pe...-empecé a decir

-Dale, no lo hagas esperar

Me empujó la espalda para que me moviera. Apenas lo vio, me agarró por la cintura. Eric todavía no había notado mi presencia. Estaba muy ocupado sacándose una foto con un par de empleadas. Juan me llevó, con la mano firme en mi cintura, lo cual me incomodó bastante.

-Puedo ir sola, Juan-me quejé.

Me soltó automáticamente. A juzgar por su expresión, no se había dado cuenta de lo que había hecho. O sí, fue a propósito y se hizo el tonto.

-Eric-lo llamé, cuando estuve a unos metros de él.

Se me acercó y me abrazó, lo cual me asombró. Antes no era tan cariñoso. Me besó en la mejilla.

-¿Cómo estás?-me preguntó.

-Eh... bien-no sabía cómo decirle que no podía estar mucho tiempo ahí.

-Escuchame... Vine porque después se me complicaba.

-Me podrías haber llamado-mi voz sonó extrañamente fría.

-Esta semana vino con mucho laburo, ¿sabés?-se metió Juan.

Eric lo miró, con el ceño fruncido.

-No seas desubicado y andate-le ordenó.

Miré a Juan, que estaba bastante alterado. Nunca lo había visto así. Me aclaré la garganta, de modo que me escucharan ambos.

-Dejanos solos, Juan.

-Si no vuelve en quince minutos, la vengo a buscar, LeNoir.-me amenazó.-Y le recuerdo que no puede darme órdenes. Si yo me quiero quedar, me quedo y punto.

Y yo no le podía replicar nada... era mi gerente. La dureza de su voz me dolió muchísimo. Juan nunca me había hablado así, ni siquiera cuando recién había entrado a trabajar en ese lugar. Nunca había hecho alarde de su posición, ni trató de imponerse de forma ruda. Estaba irreconocible.

-No se va a repetir, disculpe- dije en voz baja.

Cuando se fue, Eric me examinó con la mirada.

-¿Quién es?

-Mi gerente.

-Ah

-¿Qué me tenías que decir?

-Que te voy a pasar a buscar, cuando termines de trabajar. Quería saber a qué hora salías.

-A las ocho. ¿A dónde vamos?

-Quiero que conozcas a alguien.


Arreglamos bien, ante las miradas nada discretas de los empleados, que miraban a Eric como si se tratara de una atracción de circo. Me molestó, pero hice todo lo posible para no prestarles atención.

Eric me dio un beso en la mejilla y susurró un “nos vemos” en el oído. Se detuvo en la puerta para saludar a un grupo de mujeres que lo miraban embobadas.

Di media vuelta y volví a mi oficina. No estuve diez minutos sentada, que ya lo tenía a Juan atrás mío.

-Vení a hablar conmigo a mi despacho.

Lo interrogué con la mirada y lo seguí. Era consciente de que más de uno estaba siguiendo mis movimientos. Estaba nerviosa. Nunca había visto a Juan así.

Cerré la puerta de madera oscura detrás de mí. Juan suspiró y me miró por largo rato. Su cara mostraba una mezcla indescifrable de cosas. Era una de esas veces en las que sus ojos parecían pozos muy profundos.

-Sentate-me indicó, señalándome una silla.

Cuando estuvimos frente a frente, reanudó la conversación.

-Que sea la última vez, Debborah.

-Sí, perdón... no va a volver a pasar-me sentía horrible.

-Supongo que no es culpa tuya, a juzgar por cómo reaccionaste cuando te dijeron que estaba acá.

-No sabía que vendría.-me excusé

-Está bien. No tenés la culpa.-sonaba mucho más tranquilo que minutos antes, hasta sonrió.

-¿Estás preocupado por algo, o no más te enojaste por la “invasión” de Eric?-quise saber.

Bajó la vista e hizo un gesto que me hizo pensar que estaba eligiendo las palabras para lo que quería decir. Luego, negó con la cabeza.

-No, es por él, nada más. No quiero que te incorpore a su circo.

-¿Qué querés decir?-no entendía el significado de sus palabras, mejor dicho, no quería.

-Que ahora vas a estar en boca de todos con lo de recién.-sentenció.

Se cruzó de brazos, examinándome con la mirada.

-Tené cuidado-me advirtió.

-¿Por?-lo miré confundida.

-Porque la gente famosa nunca es lo que aparenta.

-Antes que músico, es mi amigo.- puntualicé.

-Ahora es amigo tuyo...-repitió, en tono irónico.

No pude evitar mostrarme resentida.

-Hace un par de semanas, decías que no lo era-continuó- Es más...

Entrecerré los ojos. Tenía ganas de levantarme en ese mismo momento y salir del estudio. Juan estaba logrando que el respeto que le tenía se fuera esfumando.

-No me mires así.-ordenó, antes de seguir, levantando una ceja.- Como decía, parecías más bien que no te agradaba mucho ese chico. Hablabas de él como si lo odiaras...

-No... nunca llegué a odiarlo-le corregí-Si fuera así, no le hubiera vuelto a hablar.

Juan puso los ojos en blanco y murmuró algo que no llegué a entender.

-Además,-le recordé- fuiste vos el que me insistió para que lo llamara.

Juan se puso tenso. Rehuyó a mi mirada, visiblemente incómodo. Al parecer, yo no era la única persona contradictoria en la habitación.

-Yo-movió los labios en silencio, buscando palabras-Yo no pensé...

-¿Qué cosa?-le pregunté, con aire implacable, exigiendo explicaciones.

-Nada, no importa.

Suspiré con fastidio.

-Mirá, Juan... No te metas, ¿sí?-le pedí

-¿No aceptás consejos, ahora? No pensé que fueras tan orgullosa...-me espetó.

Esa fue la gota.

-Gracias por el consejo-le dije con falsa simpatía.-Lo tendré en cuenta. Hasta ahí, llegó tu lógica preocupación por una empleada. No te metas.

Me levanté de mi asiento y fui hasta la puerta. Él me alcanzó enseguida y me agarró el brazo. Lo tenía más cerca de lo que me resultaba cómodo. Parecía demasiado grande al lado mío, intimidaba.

-Sabés muy bien que para mí sos más que una empleada.-susurró en mi oído, antes de soltarme el brazo y dejarme salir.


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En este capítulo hay dos partes importantes... que involucran a los dos personajes del titulo. Veremos si le va mejor a la protagonista con Eric ;)


Agradezco los comentarios =)


Maeglin