6/1/09

19 de Junio: Se vino la tormenta

Uno más... y ahora sí. se acabó por hoy =)


Maeglin


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-Hola, Gabi, ¿cómo estás?

-¡Debbie! Todo bien, ¿vos?

-Acá andamos. Tengo buenas noticias.

-¿Qué pasó?

-Tengo entradas para el recital...

-¡Buenísimo!-se la escuchaba contenta

-Para el sector VIP...

-¡¿EN SERIO?! -gritó, eufórica. No sabía que Eric ya se había ganado fanáticas de este estilo.

-Sí... me dio tres entradas.

-Ay, gracias. No sé...-me dijo entrecortadamente.

-Está bien.

-¿Y cómo las conseguiste?

-Me las dio él.

-Entonces, sí lo ves.

-En realidad, no... me las mandó.

-Ah. Bueno, te tengo que dejar. Después arreglamos bien, ¿dale? Y gracias otra vez.

Cortó. Se la escuchaba muy emocionada. Sonreí pensando en la cara que tendría esa chica. Ojalá la dejaran venir conmigo cuando lo fuera a ver al recital.


-Debborah Le Noir...-me llamó una voz que me sonó de lo más espantosa.

Se me contrajeron todos los músculos cuando escuché a mi hermano. Nunca me llamaba por mi nombre completo. No sabía si ir o no. Seguramente, estaba muy enojado y yo no sabía qué le había hecho esta vez. Tuve un mal presentimiento.

-Vení acá-me ordenó- ¡Ya!

Sentí que me hacía pequeñita y fui a la cocina. Entré, cabizbaja, sin atreverme a mirarlo a los ojos. Estaba asustada, y eso que todavía no sabía qué lo había ofendido tanto.

-¿qué pasa?-le pregunté, en un susurro.

-Alguien te llamó.

-¿Ah, sí?-me devané los sesos, tratando de deducir quién podría haber llamado-¿Quién me llamó?

-Eric

Se me heló la sangre y me puse pálida. Ahora lo comprendía todo.

-¿Qué dijo?

-Que no va a poder venir el jueves, que se retrasó no sé qué cosa. Que iba a venir el sábado, si no tenías nada que hacer.

Pude ver el esfuerzo que estaba haciendo para no gritarme unas cuantas verdades.

-Y...¿qué... qué le dijiste?-tartamudeé.

-Que se vaya ya sabes a dónde y le corté.

-¡Qué bruto que sos!- y lo miré, enojada.

-Vos sos una boluda-soltó lentamente y me miró desafiante.

-¿Eh?-lo miré incrédula.

-Primero lo invitás, después te escribe y te ponés a llorar. Entonces, te invita a salir y decís que vas a ir, así como si nada. ¿Quién te entiende?-me empezó a gritar

Me quedé muda... la verdad, ¿quién me entendía?

-¡Lo vas a traer a MI casa! ¿vos querés que lo mate?

-Pará...-alcancé a decir

-Después de todo lo que te hizo, ¿lo vas a traer acá? ¿Te pensás que no me acuerdo de todas las veces que viniste llorando por alguna de las estupideces de Eric? Vos podrás haberlo perdonado, pero yo no. Sabelo. ¿Lo querés ver? Andá, no más. Pero a mi no me vengás a llorar después. No quiero volver a verte así nunca, no lo soportaría. -tomó aire-Y ni se te ocurra traerlo acá.

No me dejó replicar nada. Me estuvo gritando todo el rato y se fue a dormir. Escuché el portazo segundos después.

Me desplomé en un sillón, pensando en lo que me dijo. Lautaro no hizo más que acentuar mi confusión. ¿Por qué? Nunca había sido así de contradictoria, en un primer momento lo odiaba, después no...entonces, me ponía a llorar por lo que había pasado y me angustiaba pensando en lo que iba a pasar. Parecía que había vuelto a la inestabilidad emocional de la adolescencia, aunque esa época ya se había pasado para mí.

Y las lágrimas vinieron de nuevo. No por Eric, sino por Lautaro. De todas las personas, con la que menos me quería pelear era con mi hermano. Lo había decepcionado y lastimado al no confiar en él. No debí posponer la charla. Seguro que pensaba que yo había tirado a la basura toda la ayuda que él me había prestado, en mis momentos de depresión, hacía cinco años, cuando todavía no quería aceptar que estaba perdiendo al que fuera mi hermano del alma, Eric. Mi hermanito fue el único que siempre estuvo. Me sentí culpable por no haberle contado.

Me levanté del sillón y toqué a su puerta. No obtuve respuesta. Apoyé la palma en ella un par de segundos, esperando escuchar algo, pero no.

Me fui a acostar con un peso en corazón. Esa noche no pude dormir.

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