No me llamó. Ni me iba a llamar. La convicción me estaba tirando abajo. Traté de olvidarme, restarle importancia. Pero era un peso que tenía encima. Costaría sacarlo.
Capaz que era como decía Jésica... no le importaba en lo más mínimo. Lo llamaría para arreglar el tema de los derechos y luego a otra cosa. Parecía fácil. Más tarde lo haría.
O eso pensé...
Esa noche hacía mucho frío. Con mi tapado negro, una bufanda que me tapaba hasta la barbilla y un gorro de lana bordó encaré la calle, al salir del trabajo. Lamenté que Juan no hubiera ido a trabajar(se había enfermado), porque esos días invernales me alcanzaba a casa en su auto, ahorrándome el viento gélido golpeándome en la cara. Encima ese día, había muchísimo trabajo, que se había ido acumulando irremediablemente, por lo que había salido mucho más tarde de trabajar. Serían las diez y media de la noche. La calle estaba desierta. Era impresionante la sensación que me daba de que se había acabado el mundo, en cuanto me alejaba de la calle principal. Estaba demasiado tranquila la calle. No veía la hora de llegar a mi casa. Odiaba esa zona por la que tenía que pasar, era peligrosa.
Faltaba una cuadra para llegar al lugar donde paraba el colectivo. Iba con todos los sentidos alerta, costumbre que me había quedado después de que me asaltaran un par de veces.
Entonces, lo vi. Mediría un metro ochenta, de espalda ancha, la cabeza tapada por un gorro negro. A la luz de las lámparas de la calle, le brillaban un par de piercings. Caminaba con las manos en los bolsillos de su campera de jean, con la cabizbajo, pero mirando hacia el frente. ¿Mirándome a mí? No, no podía ser. Creí que estaba siendo un poco perseguida, pero debía admitir que las circunstancias hicieron que le tuviera bastante miedo. Hice como si no me hubiera percatado de su presencia y clavé los ojos en un punto lejano, adelante. Creo que me puse en evidencia, igualmente, porque aceleré el paso, sin darme cuenta. Pensé en cruzar la calle, pero hubiera sido peor, llegado el caso.
Antes de llegar a media cuadra, nos cruzamos y cada uno siguió su camino. O eso fue lo que pensé. No di dos pasos antes de que me agarrara del brazo. Se me heló la sangre. Otra vez lo mismo, no, ¡por favor!
El desconocido me obligó, con una suavidad que me asombró dadas sus proporciones, a darme vuelta. Me levantó el mentón, para que lo mirara a la cara. Sus ojos reflejaban asombro(los míos, terror) y una sonrisa se dibujó en sus labios. “Este me viola”, fue lo único que pensé. Lo que me faltaba...
El tiempo se detuvo... reparé en la forma en que sonreía, medio de costado. Entonces, lo reconocí. Si me violaba, me habría quedado menos shockeada.
-No cambiaste nada, Debborah- me dijo, con voz grave.
-Eric...
-----------
Opa! aparecio! y ahora qué hacemos, Debbie??
Tendrán que esperar hasta mañana(muajajajaja)
espero que les haya gustado... cortito, pero interesante =D
Agradezco comentarios =) =)
Maeglin

No hay comentarios:
Publicar un comentario