5/1/09

10 de Junio: el paquete

Todavia no sabes de que se trata? Leer Primer capitulo

Se agradecen comentarios =)


Maeglin

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Estuve todo la semana con una gripe infernal, que me retuvo en la cama unos días. Recién ayer pude dormir como era debido, y mi cuerpo me lo agradeció. Para recuperar todo el sueño perdido a causa de la enfermedad, me quedé, con todo derecho, dormida hasta tarde. A eso de las doce, escuché el timbre, que me sacó de mi letargo. Lautaro no estaba en casa, ya que trabajaba en el local de ropa deportiva de mi tío, hasta las dos de la tarde, así que me obligué a levantarme.

Mientras me ponía algo decente y me lavaba la cara(que parecía la de un muerto vivo), el timbre sonó por segunda vez. Me apuré todavía más y fui a abrir.

-Buenos días-me dijo el cartero, sonriente(no sé si por cortesía o si era porque le causaba gracia mi aspecto. Si es por lo último, no lo culpo, yo también me reiría).

-Buenos días-esbocé media sonrisa.

-Tengo un paquete para usted.

-¿Paquete?

Me enseñó un sobre de papel madera cuadrado, de unos quince centímetros de lado, con un par de estampillas y un enorme sello postal.

-Firme aquí, por favor.

Me alcanzó una planilla y una birome azul.

-Firma, aclaración y número de documento-me indicó, mientras señalaba dónde poner cada cosa.

Hice como me dijo y se fue.

Entré de nuevo, sin dejar de mirar el sobre. Busqué el remitente: Víctor López.

-¿Quién sos?- susurré, frunciendo el entrecejo, inconscientemente.

Me senté en un sillón y lo abrí. Adentro había una carta extensa, escrita a mano con letra masculina(y por ende, prácticamente ilegible), un sobre blanco más pequeño y un cd.

Agarré este último. Era de Eric. “Fantasmas e ilusiones” era su nombre.

Desde la tapa, me miraba un hombre de mi edad, con ojos de color castaño grisáceo(hermosos, como siempre lo fueron), tez pálida y cabello castaño oscuro muy corto(sin llegar a estar cortado al ras). Su boca esbozaba una sonrisa enigmática, que no le llegaba a los ojos, que parecían, más bien, tristes.

Lo di vuelta y leí la lista de canciones que contenía. Sonreí cuando vi que la tercera se llamaba “Las tres de la mañana”. El diseño era soberbio, en tonos oscuros, con cierto aire de magia antigua que me agradó mucho. Antes de dedicar mi atención a la carta, puse el CD en el equipo de música. La melodía de un arpa invadió mi ser, como si de una droga se tratase. Hermoso. No tenía palabras...

Agarré las hojas de papel garabateadas con descuido. Era de Eric. Seguramente el remitente del sobre era su representante o algo así.

Me hablaba de todo... De cómo había terminado siendo músico(“igual te lo voy a contar mejor cuando nos veamos”), de la separación de Carla(“no conocí a ninguna persona más hija de puta que ella”), de alguna que otra cosa que le pasó en los últimos años...

Lo que me asombró fue que no hizo una sola mención de los problemas por los que nos habíamos distanciado. Nada de nada. Di vuelta las hojas, para asegurarme de no haberme salteado nada, pero fue en vano.

Nada. Nada. NADA.

¿Es que este pibe se olvidó? ¿Será por eso que me trató tan bien cuando lo llamé, hasta el punto de dar la impresión de que se alegraba de escucharme? ¿Será que el tiempo borró la hostilidad que parecía sentir hacia mí?

Temí lo que fuera a encontrarme cuando lo volviera a ver. Quizás sería un perfecto desconocido, que mantendría una fría relación cordial y que me ofrecería cualquier cosa con tal de que no lo demandara por publicar la letra de mi canción sin mi consentimiento...

No sabía que pensar. El asunto me daba vueltas en la cabeza.

¿A mí qué me importaba que hubiera tenido suerte y la hubiera pegado con la música?¿Qué me importaba que dejara a la víbora esa que tenía de novia?¿Qué me importaba hubiera viajado por Europa y hubiera tocado frente a un montón de gente que ni siquiera entendía una palabra de lo que cantaba?¿Qué me importaba su vida, si había decidido borrarse del mapa, después de haberme tratado como la peor basura sobre la Tierra, sin intentar arreglar las cosas? ¿Qué me importaba si ni siquiera fue capaz de venir él a hablar conmigo(porque él se había equivocado, no yo), sino que esperó tranquilamente hasta que yo lo llamara?

Me sentía una estúpida por estar feliz de verlo otra vez. Y me sentía enojadísima...

Estuve todo el día de malhumor. Antes de cenar, Lautaro me agarró del brazo y me obligó a sentarme en la mesa.

-¿Qué te pasa?

Miré para otro lado.

-Nada

-¿Qué te pasa?

-Nada...-empecé a fastidarme.

-Mirame-golpeó la mesa- y decime que no te pasa nada.

Lentamente giré la cabeza, hasta encontrarme con unos ojos casi negros que me atravesaban.

-Está bien... sí, me pasa algo.

-¿Quién fue?

-No importa...

-Seguro que fue ese estúpido que se cree modelo...

-No, Juan no me hizo nada. ¿Qué te pasa con él?

-No importa, ¿quién te dejó así? Estuviste todo el día con cara de culo y con la cabeza vaya uno a saber dónde.

Decidí mostrarle la carta de Eric.

-¿No sabe este pibe que existe el e-mail y los mensajes de texto?-me dijo mientras iba leyendo-no, pará... quiero decir, ¿sabrá lo que es un teléfono?

-Supongo que no se le ocurrió... siempre fue raro...-no sabía qué decirle.

-¿por culpa de este imbécil estás así?

-Sí...

-No le des bola. -sacudió la cabeza, en gesto de negación.

-Me da bronca-balbuceé y sin quererlo, me puse a llorar.

Lautaro suspiró, se levantó de la silla, me obligó a pararme y me abrazó. Y le solté todo lo que sentía y lo que había estado pensando ese día.

-Capaz que te quiere pedir perdón cuando te vea, personalmente. Para mí, si te lo hubiera escrito sería todavía más boludo de lo que pensé que era.- Me alejó un poco de él y me miró-No me digas que no se te había ocurrido...

-No...-le dije después de un rato.

Y en vez de sentirme enojada y triste, empecé a sentirme algo tonta. Sonreí.

-A veces, pensás demasiado; y, a veces, no pensás naaaada-comentó mi hermano, a lo que los dos nos reímos.-Así me gusta más.

Me abrazó de nuevo.

-Gracias-susurré con la voz ronca, aliviada por el peso que me acababa de sacar de encima.

Cuando me fui a dormir, me sentía todavía algo intranquila. Decidí dejar que el tiempo decidiera que iba a pasar.


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