Bueno... traté de distraerme, no pensar en lo que pasaría unas pocas horas después. ¿Por qué los nervios? No era la primera vez que veía al grupo de Eric. La otra vez todo había salido mucho mejor de lo que esperaba. No pasaba nada... Entonces, tenía que tomármelo con calma.
-Debbie, necesito que le des prioridad a los documentos de Rodríguez-me pidió Juan.
-No hay problema.
-Tomá
Me alcanzó un sobre con lo requerido y se fue.
Lo abrí distraídamente y saqué su contenido. Rodríguez era un cliente bastante problemático, que había acumulado una deuda importante con la empresa. Pasé los datos a la computadora, obligándome a concentrarme.
-Debborah...-escuché detrás mío.
-Ana... ¿Hace mucho que estás ahí?-le pregunté, sintiéndome avergonzada.
-No... se ve que estás muy concentrada con eso-me miró como si comprendiera.
Y no, Anita, en realidad no tiene nada que ver con Rodríguez.
-¿Pasó algo?
-Sí...
Me imaginaba. Ella rara vez abandonaba su puesto en la recepción. La miré, interrogante.
-Me surgió un problema y no puedo acompañarte el domingo.
-Ah, qué lástima. ¿Estás bien?
Se la veía algo nerviosa. Yo creo que se esforzó para sonreír, aunque salió un poco torcida.
-Sí, no te preocupes. Es que viene mi mamá el fin de semana a casa.
Anita estaría recluida en su casa todo el tiempo que la señora estuviera en su casa. Raro que estuviera tan tranquila, debía admitir. Yo, en su lugar, estaría caminando por las paredes. Era bien conocida la actitud exageradamente controladora de la señora Miriam. Las veces que visitaba a Anita eran bastante escasas. La pobre chica había sufrido demasiado en su adolescencia, desde que su padre dejó la casa familiar, como para someterse libremente al escrutinio de su madre. Creo que se veían tres o cuatro veces por año. Anita se había encargado de eso, mudándose de su Viedma natal y viniendo a vivir a Buenos Aires, para poder seguir una carrera en una universidad importante.
-Qué oportuna-comenté-Ay, Anita, no sé que decirte...
-No pasa nada- cambiando la expresión por una de santa mártir-Estoy acostumbrada a que venga sin avisar.
-Mirá, si querés le pregunto a Eric si nos podés acompañar en algún ensayo o algo, antes de que se vaya de nuevo.-sugerí.
-¿En serio?-se le iluminó la cara.
-Le voy a preguntar... creo que no va a haber problema.
-Gracias, Debbie
-Que te sea leve, Ana-le deseé
Se rió amargamente.
-Voy a sobrevivir-dijo con tono falsamente trágico.
El tema de Anita me sacó por un rato de mis cavilaciones acerca de la noche que me aguardaba. Me daba lástima... Le faltaba el carácter necesario para hacerle ver a Miriam que ya no era una nena y que no tenía derecho a manejarla así. Sin embargo, ¡qué resistencia que tenía! Yo habría enloquecido en su lugar. Agradezco no haber tenido padres así.
Pensando en eso... extrañaba a mis viejos. Ahora vivían en Francia, desde que papá heredó una propiedad de un tío lejano que había muerto hacía un par de años. Les iba muy bien. Con los antecedentes de papá, no le resultó difícil encontrar trabajo allá. Después de todo, era ingeniero.
Hacía unos seis meses que no los veía.
Miré el reloj... Llegó el momento de la verdad. Bueno, tan trágico no era. Me estaba enredando con una estupidez. Estaba teniendo las actitudes propias de una quinceañera. Salí del edificio y me fui a la misma plaza donde me había recogido Eric la otra vez.
Llegó el hermoso auto negro y se bajó el chofer que parecía levantador de esas.
-¿Señorita LeNoir?-me preguntó.
Asentí en silencio.
Me abrió la puerta para que subiera. Esta vez viajaría sola.
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Los dejo con la intriga hasta mañana =)
Este va para cynthia, que es la unica que me deja comentarios >.>
Los invito a seguir su ejemplo n.n
Maeglin
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te odio ¬¬
ResponderEliminarpara variar...
=P