30/12/08

19 de mayo: Carteles

Hola! qué tal?

Bueno, les comento... tengo la intención de que ésta sea una "historia por entregas". Cada vez que pueda voy a ir agregando un capítulo.

Les agradezco que me dejen un comentario, sugerencia o crítica para poder mejorar =)

Espero que lo disfruten


*~Maëglin

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Parecía un mal chiste... No lo veía en cuatro años y ahora me encontraba con su cara en cada esquina de la ciudad... El señor daría un concierto en julio y su manager se había encargado de que hasta las palomas se enteraran de que vendría.


-Hola, Debbie, ¿todo bien?

Miré a Jésica con cara de pocos amigos.

-Me tiene podrida... veo otra foto de ese estúpido y la prendo fuego.

-Hoy es el día violento... - observó con una media sonrisa, de perfectos dientes blancos, enmarcados en una boca que parecía esculpida.

Me limité a dirigirle una mirada resentida, y seguí con los formularios que tenía que llenar.

-Che, no te pongás así.

-¿Qué le pasa a LeNoir?- preguntó Juan, otro compañero de trabajo.

-Nada... hacé lo tuyo.- le contesté.

-Otra vez de malhumor- respondió Jésica con un suspiro. - Dejala...

-Ah

Se acercó a mí, desoyendo a Jess. Una sombra enorme se proyectó sobre mi escritorio. Juan era corpulento, mediría un metro ochenta y cinco. Era de tez morena, llevaba el pelo negro corto(no lo suficiente para disimular sus rulos) y ojos verdes. A sus veintiséis años, era bastante atractivo y tenía a medio personal femenino pendiente de todos sus movimientos. A mí no me movía ni un pelo en ese sentido, pero me caía muy bien.

Posó su mano en mi hombro y no la sacó hasta que me di vuelta, de mala gana.

-¿Y ahora qué te pasa?-me preguntó en un tono dulce, casi susurrando.

-Te dije que no te metas en donde no te llaman

-¿Qué pasó?-insistió, en un tono calmo que me irritó bastante.

-Apareció Eric...

-¿Tu amigo?

-Aja... “amigo”- enfaticé las comillas con un gesto, a lo que él respondió poniendo los ojos en blanco.

-Ahora es famoso... deberías estar orgullosa. Es muy buen músico.

-Me robó una canción- respondí, con un tinte de enojo en la voz.

Juan agarró una silla y se sentó al lado mío.

-¿Cómo es eso?- arqueó una ceja, en gesto de evidente sorpresa- No sabía que componías.

-No compongo... cada tanto escribo, ¿sabés?

-Mirá vos.

-Y el otro día, volvía de casa y...

Le conté lo que había pasado, y él me escuchó sin interrumpirme en ningún momento. Su expresión era indescifrable.

-Entonces, ¿no hablaron?

-No

-¿y no tenés forma de contactarlo?

-Tengo un número de celular, pero no sé si será el mismo. No probé.

-¿Y qué esperás?Capaz que sacás algún beneficio de eso. Hasta podés tratar de recuperar la relación. ¿Quién sabe?

-No sé...

Me sonrió para darme ánimos. Ese gesto, que derretía a la mayoría de las mujeres que lo trataban día a día en el trabajo, disipó un poco mi malhumor.

-No tenés nada que perder.

-Sí, supongo.

-Llamalo y mañana me contás.

Se levantó de la silla y se fue a hablar con María, la secretaria del jefe.


Una vez en mi casa, sostenía el teléfono como si fuera Hamlet con la calavera del bufón...

-¿Lo llamo o no lo llamo?

Después de estar cinco minutos mirando el aparato como una estúpida, sacudí la cabeza para salir de mi trance. Marqué el número. No tuve que esperar mucho.

-¿Hola?- se escuchó del otro lado.

-Hola, eh... ¿Eric?-dije, dubitativa.

-Sí, el mismo. ¿Quién habla?-Su tono no era muy amigable.

-Debborah LeNoir, ¿te aco...

-¿Debbie? No lo puedo creer- advertí un cambio en el tono, ahora más alegre. Lo escuché soltar una breve risa- ¿Qué haces, tanto tiempo?

-Acá ando... que sé yo- intenté no demostrar lo confundida que estaba.

Me hablaba como si nada, como si estuviera todo bien. No iba a quejarme, en cierta forma era un alivio.

-Vos, ¿qué tal?

-Bien, a full con lo del recital. ¿Sabías que voy a tocar cerca de tu casa?

Como para no saberlo. Tenía tres de los benditos carteles frente a mi casa.

-Sí, algo escuché...

-Nos podríamos encontrar por esos días. Hace mucho que no te veo.

Parecía tan fácil... Demasiado.

-Dale, estaría buenísimo- dije en tono alegre.

-¿Qué pasó que llamaste después de tanto tiempo?- quiso saber.

-Eh... bueno... escuché una canción...-dije dubitativa.

-Ah, sí. Perdoná que no te lo haya consultado antes... es una historia larga.-noté como se le amontonaban las palabras en la boca.-Este... ¿te gusta?

Esperé unos segundos antes de contestar.

-No te gusta- se lo escuchó triste.

-No... me gusta mucho. La melodía es excelente. En serio.

-Gracias.- era como si pudiera verlo sonreír.

De repente, sentí muchas ganas de verlo de nuevo, cosa que no entendí mucho. El ser humano puede ser muy contradictorio a veces...

-Eric...

-¿Qué?

-¿Dónde estás ahora?

-En Tandil.

-Ah, lejos...

-Relativamente... el mes pasado estaba en España. Comparando, ahora estoy cerca.

-Ah, mirá vos. ¿Allá también te escuchan?

-Sí, es re loco, ¿viste?

-¿Cuándo venís a Buenos Aires?

-No sé todavía... La semana que viene vamos a Córdoba y quedo libre hasta la fecha del recital en Buenos Aires. ¿Por?

-Te quiero ver.

¿Quién me entiende? Media hora antes, no tenía ni cinco de ganas hablar con él siquiera. Y ahora, tenía un deseo inexplicable de verlo frente a frente.

-Yo también... a ver, pará que pienso.-se quedó un momento callado-el 22 de junio creo que ya estamos allá. ¿Dónde querés que nos veamos?

-No sé... venite a casa.

-¿Seguís viviendo en el mismo lugar?

-Ajá

-¿Ramos?

-Sí...¿te acordás?

-Eh.. sí, creo que sí. Cualquier cosa, te llamo.

-Listo.

-Bueno, te tengo que dejar, Debbie.

-Nos hablamos, entonces.

-Un gusto, che.

-Igualmente.

-Chau

-Chau.

Cortó. Me sentía francamente confundida... Qué contradictorio es el ser humano, ¿quién lo entiende?

Decidí llamar a Juan, para contarle lo que había hecho.

-¿Viste? Te dije que te iba a ir bien.- me dijo en tono amable.

-No me dijiste nada de eso-reí-Dijiste que no tenía nada que perder.

-Bueno, sí... vos me entendés. ¿Tenés algo que hacer mañana a la noche?

La pregunta me tomó por sorpresa.

-No, creo que no, ¿por?

-Nos vamos a juntar en un bar de Capital, con gente de la otra sucursal. Así que si querés...

-Bueno, dale. Eh... ¿quién más va?

-Jésica, Ana (la de la recepción), Marco, David...

-Ah, el grupo completo.

Hablamos de los últimos detalles y corté. Empecé a sentir cierta alegría. Hacía mucho que no salíamos todos juntos.

Miré la pila de libros, otra vez... se me vino el alma a los pies. Con resignación, retomé el estudio. En dos días era el bendito parcial... y en cuanto lo rindiera, tenía que preparar otro para junio. No terminaba más...

Esta vez, por lo menos, fui capaz de retener los contenidos. Es más, debo admitir que se volvió interesante por momentos. Mi humor mejoró notablemente.

A eso de las ocho, sonó el timbre. Levanté la vista y la dirigí a la puerta. Puse un señalador en el libro y fui hacia ella.

-¿Quién es?- pregunté a través de la placa de madera.

-Lautaro... tengo las manos ocupadas, abríme

Una milésima de segundo después, lo tenía a mi hermano frente a mí.


28/12/08

14 de Mayo: La canción



-“... el insomnio con tus ojos miró el reloj
¿Qué hora es? ¿Qué hora es?
Las tres de la mañana...”


Me detuve en seco, confundida. No podía ser cierto lo que pasaban por la radio del local por el que acababa de pasar. Una voz masculina entonaba las versos que yo había escrito, hacía vaya a saber cuánto. No, seguramente había escuchado mal. Sería demasiada casualidad. Pocas personas habían escuchado aquel poema que escribí en un arranque de inspiración literaria, cosa que raras veces ocurría y me sumía en una especie de trance hasta que terminaba la obra.

-Disculpe, ¿qué radio está escuchando?- se me ocurrió preguntar

-La 103.9- contestó automáticamente la empleada.- ¿La puedo ayudar en algo?

-No, gracias... es que me gustaba la música.- reí de forma un tanto artificial.
-Es muy buena. Lástima que sea tan poco conocida.- dijo con una sonrisa- Que tenga un buen día.
-Adiós.

Seguí mi camino a casa con la melodía en la cabeza. La voz no me sonaba para nada, no era nadie que me hubiera escuchado leerla. Nadie podría acordársela de memoria así como así, ya que, salvo uno, a los demás no pareció impresionarlos de un modo particular. Tampoco la había publicado en ningún lado Si yo no se la había facilitado a nadie, ¿por qué estaba en la radio?

Apenas llegué a mi casa, prendí la radio y sintonicé esa emisora. Tenían que pasarla de nuevo, parecía de esas canciones que se le pegan a todo el mundo...

Decidí sacar el tema de mi cabeza, antes de que se volviera una obsesión inútil. Miré con resignación la pila de libros que había sobre el escritorio, tenía el parcial en una semana y todavía me quedaba muchísimo por delante. Maldije a los responsables del programa de la materia y le di la espalda a los libros. Fui a buscar un vaso de agua y algo para comer.

Después de 2 horas de estudiar, la escuché de nuevo.

-“La promesa de un día de sol
de pronto se nubló
la ilusión de una niña se desvaneció...”

- La noche pasó en vela, dormirse no podía
La noche pasó en vela,
esperando que el sueño la sedujera...
El insomnio con sus ojos miró el reloj...- canté yo, al unísono.


Sí, no había duda... Era Mi poema, con una música excelente. La melodía no podía ser de otra manera... yo la seguía naturalmente, repasando los versos, a pesar de que era la primera vez que la escuchaba. Cuando dijeron el nombre del intérprete, me quedé helada. ¿Eric Grant? Debía de ser un chiste... Vaya forma de volver a saber de él.

La última vez que lo había visto había sido en una fiesta, hacía cuatro años. Para entonces, las cosas ya estaban bastante mal entre nosotros dos. Quien fuera mi mejor amigo, se había convertido en un triste títere de su novia, una resentida de la vida que no hacía más que destilar su veneno sobre la víctima que tuviera más cerca. La razón por la que alguien como él se sintiera tan atraído por alguien como ella era algo que ignoraba, que yo consideraba un misterio de la vida. Si hubiera visto una vaca volando me habría sorprendido menos, en aquel entonces.

Carla había transformado por completo a Eric, lo volvió repugnante, como ella. Se distanció de todas sus amistades, salvo de mí, aunque poco le faltó. No nos peleamos, sino que nuestra relación fue enfriándose con el tiempo. Si él no era capaz de controlar a su celosa novia, no era mi problema. Dejé que siguiera con sus actitudes, evitándolo cada vez que podía. Hablé con él en su momento, lo cual no sirvió de nada.

En fin, en esa fiesta las cosas terminaron definitivamente, cuando peleamos por una estupidez que ya ni recuerdo.

Él había sido el único que me había escuchado con auténtico interés el poema, sugiriéndome que le pusiera música. Y ahora lo escuchaba en la radio. Simplemente, increíble. ¿desde cuando era un músico reconocido? Reconozco que no escuchaba la radio muy a menudo, pero tenía amistades que sí, que lo conocían a Eric como yo y, sin embargo, nunca se les había ocurrido decirme: “¿Sabías que Grant ahora es cantante? Sacó un disco hace poco.”

Me dieron muchas ganas de contactarlo para exigirle una explicación. Cuestión de derechos(y orgullo, además) de autor...

Busqué la agenda, y localicé el número de su celular. Pero algo me detuvo, no pude marcarlo. ¿Qué se suponía que le iba a decir?

“Hola, Eric, ¿todo bien? ¿Me podrías explicar por qué cantás una de mis canciones?”

No, no era algo para hablar por teléfono. Podría reunirme con él en algún lugar. Sin embargo, la perspectiva de un reencuentro, que parecería del todo interesado, no me agradaba mucho. Volví a mi escritorio, intentando concentrarme nuevamente en el estudio, aunque sabía de antemano que no podría lograrlo.

Después de media hora de intentar absorber algún contenido, me levanté de la silla, totalmente frustrada. Me dirigí a mi habitación, donde estaba mi teclado. La música era mi válvula de escape cuando sufría de bloqueo mental. Aunque se me daba bien, era incapaz de componer algo. Prefería interpretar canciones hechas por otros, sólo para distraerme.

Aquel, debo admitir que no era un buen día. Ni la música podía disipar el asunto de mi cabeza. Me fui a dormir, sin cenar, porque tenía el estómago cerrado. Hacía bastante que no me acostaba tan temprano: eran apenas las nueve.