28/12/08

14 de Mayo: La canción



-“... el insomnio con tus ojos miró el reloj
¿Qué hora es? ¿Qué hora es?
Las tres de la mañana...”


Me detuve en seco, confundida. No podía ser cierto lo que pasaban por la radio del local por el que acababa de pasar. Una voz masculina entonaba las versos que yo había escrito, hacía vaya a saber cuánto. No, seguramente había escuchado mal. Sería demasiada casualidad. Pocas personas habían escuchado aquel poema que escribí en un arranque de inspiración literaria, cosa que raras veces ocurría y me sumía en una especie de trance hasta que terminaba la obra.

-Disculpe, ¿qué radio está escuchando?- se me ocurrió preguntar

-La 103.9- contestó automáticamente la empleada.- ¿La puedo ayudar en algo?

-No, gracias... es que me gustaba la música.- reí de forma un tanto artificial.
-Es muy buena. Lástima que sea tan poco conocida.- dijo con una sonrisa- Que tenga un buen día.
-Adiós.

Seguí mi camino a casa con la melodía en la cabeza. La voz no me sonaba para nada, no era nadie que me hubiera escuchado leerla. Nadie podría acordársela de memoria así como así, ya que, salvo uno, a los demás no pareció impresionarlos de un modo particular. Tampoco la había publicado en ningún lado Si yo no se la había facilitado a nadie, ¿por qué estaba en la radio?

Apenas llegué a mi casa, prendí la radio y sintonicé esa emisora. Tenían que pasarla de nuevo, parecía de esas canciones que se le pegan a todo el mundo...

Decidí sacar el tema de mi cabeza, antes de que se volviera una obsesión inútil. Miré con resignación la pila de libros que había sobre el escritorio, tenía el parcial en una semana y todavía me quedaba muchísimo por delante. Maldije a los responsables del programa de la materia y le di la espalda a los libros. Fui a buscar un vaso de agua y algo para comer.

Después de 2 horas de estudiar, la escuché de nuevo.

-“La promesa de un día de sol
de pronto se nubló
la ilusión de una niña se desvaneció...”

- La noche pasó en vela, dormirse no podía
La noche pasó en vela,
esperando que el sueño la sedujera...
El insomnio con sus ojos miró el reloj...- canté yo, al unísono.


Sí, no había duda... Era Mi poema, con una música excelente. La melodía no podía ser de otra manera... yo la seguía naturalmente, repasando los versos, a pesar de que era la primera vez que la escuchaba. Cuando dijeron el nombre del intérprete, me quedé helada. ¿Eric Grant? Debía de ser un chiste... Vaya forma de volver a saber de él.

La última vez que lo había visto había sido en una fiesta, hacía cuatro años. Para entonces, las cosas ya estaban bastante mal entre nosotros dos. Quien fuera mi mejor amigo, se había convertido en un triste títere de su novia, una resentida de la vida que no hacía más que destilar su veneno sobre la víctima que tuviera más cerca. La razón por la que alguien como él se sintiera tan atraído por alguien como ella era algo que ignoraba, que yo consideraba un misterio de la vida. Si hubiera visto una vaca volando me habría sorprendido menos, en aquel entonces.

Carla había transformado por completo a Eric, lo volvió repugnante, como ella. Se distanció de todas sus amistades, salvo de mí, aunque poco le faltó. No nos peleamos, sino que nuestra relación fue enfriándose con el tiempo. Si él no era capaz de controlar a su celosa novia, no era mi problema. Dejé que siguiera con sus actitudes, evitándolo cada vez que podía. Hablé con él en su momento, lo cual no sirvió de nada.

En fin, en esa fiesta las cosas terminaron definitivamente, cuando peleamos por una estupidez que ya ni recuerdo.

Él había sido el único que me había escuchado con auténtico interés el poema, sugiriéndome que le pusiera música. Y ahora lo escuchaba en la radio. Simplemente, increíble. ¿desde cuando era un músico reconocido? Reconozco que no escuchaba la radio muy a menudo, pero tenía amistades que sí, que lo conocían a Eric como yo y, sin embargo, nunca se les había ocurrido decirme: “¿Sabías que Grant ahora es cantante? Sacó un disco hace poco.”

Me dieron muchas ganas de contactarlo para exigirle una explicación. Cuestión de derechos(y orgullo, además) de autor...

Busqué la agenda, y localicé el número de su celular. Pero algo me detuvo, no pude marcarlo. ¿Qué se suponía que le iba a decir?

“Hola, Eric, ¿todo bien? ¿Me podrías explicar por qué cantás una de mis canciones?”

No, no era algo para hablar por teléfono. Podría reunirme con él en algún lugar. Sin embargo, la perspectiva de un reencuentro, que parecería del todo interesado, no me agradaba mucho. Volví a mi escritorio, intentando concentrarme nuevamente en el estudio, aunque sabía de antemano que no podría lograrlo.

Después de media hora de intentar absorber algún contenido, me levanté de la silla, totalmente frustrada. Me dirigí a mi habitación, donde estaba mi teclado. La música era mi válvula de escape cuando sufría de bloqueo mental. Aunque se me daba bien, era incapaz de componer algo. Prefería interpretar canciones hechas por otros, sólo para distraerme.

Aquel, debo admitir que no era un buen día. Ni la música podía disipar el asunto de mi cabeza. Me fui a dormir, sin cenar, porque tenía el estómago cerrado. Hacía bastante que no me acostaba tan temprano: eran apenas las nueve.

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