-No sé si salir hoy, Taro.-le dije, con voz afectada
Me enfermé ayer. Tenía una congestión de novela, que apenas me dejaba respirar. La gente no me entendía cuando le hablaba. Y ni hablar del dolor de cabeza... Estaba destruida.
-Tirate un rato a dormir, tomate algo y ya está. No es tan grave, Debbie.-me aconsejó- Pero si no te sentís bien, no vamos a ningún lado.
-¿Nos?-le pregunté-No te quedes conmigo... No hace falta.
Dije las últimas palabras ahogadas por una tos molesta. Lautaro me trajo un vaso de agua.
-Sí que me quedo. Mirá si te pasa algo-me miró con preocupación.-Y ahora, andate a dormir.
Me agarró de un brazo y me condujo a mi pieza. Cuando pasamos frente al espejo que había en el pasillo, me espanté. ¡Me veía horrible! Unas ojeras enmarcaban mis ojos castaño claro, mi piel(usualmente de un saludable color trigueño) estaba muy pálida y reseca, y mi nariz, coloradísima de tanto sonarme la nariz.
-Bueno, dejame... No soy una nena-me quejé.
-¿Querés que te traiga algo?
-No... andá a hacer tus cosas. No te quiero contagiar nada.
Cerré la puerta en cuanto se fue. Caminé con paso lento hasta mi cama y me tiré. Y así como caí, quedé. No me podía ni mover...
Eso fue como a las cuatro de la tarde. Me dormí... Tan profundamente como si me hubieran golpeado fuerte en la cabeza. Era lógico, había pasado una noche horrible... sin poder conciliar el sueño.
A los cinco minutos(para mí, no más... para el resto del mundo habían pasado tres horas), me despertó la música del celular.
En vez de un “hola”, me salió una especie de gruñido. Tuve que hacer un segundo intento para que el que llamó me entendiera.
-¿Debbie?-me saludó una voz femenina.
-Jess-me aclaré la garganta-Sí, soy yo
-Se te escucha horrible
-Estoy enferma.
-Ay, qué feo. ¿Qué tenés?
-Estoy resfriada-odio cuando se me traban las palabras en la nariz...-No los puedo acompañar hoy.
-Y no... qué lástima...justo hoy, que podíamos todos...-Se lamentó.
-Sos bárbara para hacer sentir bien a la gente, ¿sabías?-le dije
-Jaja, perdón... Bueno, ¿lo dejamos para el finde que viene?
-No, tengo el recital...
-Pero es un domingo...-se quejó
-No me gusta salir dos días seguidos... No quiero que Eric me vea los restos de la resaca que seguramente voy a tener.
-Qué pesimista. Si seguís así, vas a ser la típica persona sin vida...
-Mi hermano me dijo exactamente eso, hace un par de días.
-Y tiene razón
-Salgamos el viernes-sugerí.
-Dale... le digo a la gente. Te dejo, para que descanses. Que te mejores-se despidió
-Chau, Jess
Faltaba una semana para el recital... Cuando me llegaron las entradas, se me hacía que faltaba muchísimo tiempo. Por aquel entonces, tenía una confusión respecto a él... Ahora no tanto... Me hacía bien escucharle la voz todos los días, como cuando íbamos al colegio. Una sola cosa me molestaba...
-¿Hola?-le dije al celular.
-¿Qué tal?-siempre tan alegre...
-Eric... no muy bien. Me enfermé
Típicas preguntas que se hacen a la gente enferma...
-No vas a poder salir...
-Gracias por recordármelo
-De nada-se burló.-Che, te quiero ver...
-Yo también-sentí alegría.
-El jueves tenemos el día libre... ¿Te paso a buscar?
-Bueno...
-Por fin, vas a conocer a Laura
Ay... otra vez. Laura esto, Laura aquello... Estaba podrida de Laurita.
-Buenísimo-dije sin alegría.
-¿Por qué ese tono?-me preguntó.
-Porque tengo ganas de estornudar...-mentí
-Ah, perdón. -se rió- Pensé que estabas enojada.
-No, para nada...
-Lore te manda saludos-dijo, con una cortina de ruido, típico de lugares con gente.
-Gracias, mandale los míos-sonreí, se la extrañaba a esa chica, aunque solo la hubiera visto una vez.- ¿Dónde estás?
-En el hotel... En un rato, nos vamos a algún barcito de capital.
-Qué lindo... te acompaño en sentimiento
-No te pongas así. Cuando estés mejor hacemos algo parecido.
-Más te vale.
Escuché su risa otra vez. Hablamos de un par de trivialidades y corté.
Otra vez, Laura... No la quería ni ver. Eric me había dicho que habían vuelto, hace un par de días. No me extrañaba, hablaba demasiado de ella. Parecía que ejercía sobre él una especie de magnetismo irresistible. Para Eric, era su alma gemela. Según él, fue ella la que le abrió los ojos, la que lo impulsó a recuperar amistades. Debería alegrarme, pero no podía...
-Me siento maaaaaaaal-me quejé, por centésima vez, exagerando mi voz nasal.
-Bueno, ¡andate a dormir!-me pidió mi hermano.
Había estado insoportable. Se me había ido el sueño. Ya me había bañado y acababa de terminar la cena. Estaba aburridísima. Fui a buscar un libro de mi escritorio. Lautaro me lo sacó enseguida.
-¿Qué hacés?
-Esto es lo que hizo que te enfermaras-lo miró con desagrado.-Te exigís de más. Ahora, a dormir.
-No tengo sueño.-me crucé de brazos, con actitud caprichosa.
-Entonces, mirá tele, no sé. Escuchá música. Lo único que te prohíbo es que agarres esos libros. No te vas a mejorar más sino.
Lo miré con los ojos entrecerrados. Me soné la nariz sonoramente y dejé la habitación.
-Lo hago por tu bien. Alguien te tiene que cuidar-se excusó, siguiéndome de cerca.
Me acosté en mi cama así como estaba. Lo ignoré.
-Debbie... cambiá esa cara...-me pidió-Dale...
Me di vuelta, para mirarlo. Se había perdido su salida por mi culpa...
-Perdón... enfermarme me pone así.
-Sí, ya sé. Yo soy igual- me sonrió.
Alcanzó una silla a mi cama. Hablamos un rato. Le conté de Eric y me puso mala cara, pero me escuchó. Después, cambiamos de tema. La conversación se hizo cada vez más espaciada, hasta que me quedé dormida.
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ando con poca inspiracion, se nota? x.x
el calor me hace mal...
hasta el lunes =)
Maeglin
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El oxigeno te hace mal Katsu O.O
ResponderEliminarPara q te pido mas si me dejas asi??
y...dicho sea de paso...Debbie no es la unica cansada de "Laurita"...
te amo
=3