8/1/09

26 de Junio: Sorpresa!

No me llamó. Ni me iba a llamar. La convicción me estaba tirando abajo. Traté de olvidarme, restarle importancia. Pero era un peso que tenía encima. Costaría sacarlo.

Capaz que era como decía Jésica... no le importaba en lo más mínimo. Lo llamaría para arreglar el tema de los derechos y luego a otra cosa. Parecía fácil. Más tarde lo haría.

O eso pensé...


Esa noche hacía mucho frío. Con mi tapado negro, una bufanda que me tapaba hasta la barbilla y un gorro de lana bordó encaré la calle, al salir del trabajo. Lamenté que Juan no hubiera ido a trabajar(se había enfermado), porque esos días invernales me alcanzaba a casa en su auto, ahorrándome el viento gélido golpeándome en la cara. Encima ese día, había muchísimo trabajo, que se había ido acumulando irremediablemente, por lo que había salido mucho más tarde de trabajar. Serían las diez y media de la noche. La calle estaba desierta. Era impresionante la sensación que me daba de que se había acabado el mundo, en cuanto me alejaba de la calle principal. Estaba demasiado tranquila la calle. No veía la hora de llegar a mi casa. Odiaba esa zona por la que tenía que pasar, era peligrosa.

Faltaba una cuadra para llegar al lugar donde paraba el colectivo. Iba con todos los sentidos alerta, costumbre que me había quedado después de que me asaltaran un par de veces.

Entonces, lo vi. Mediría un metro ochenta, de espalda ancha, la cabeza tapada por un gorro negro. A la luz de las lámparas de la calle, le brillaban un par de piercings. Caminaba con las manos en los bolsillos de su campera de jean, con la cabizbajo, pero mirando hacia el frente. ¿Mirándome a mí? No, no podía ser. Creí que estaba siendo un poco perseguida, pero debía admitir que las circunstancias hicieron que le tuviera bastante miedo. Hice como si no me hubiera percatado de su presencia y clavé los ojos en un punto lejano, adelante. Creo que me puse en evidencia, igualmente, porque aceleré el paso, sin darme cuenta. Pensé en cruzar la calle, pero hubiera sido peor, llegado el caso.

Antes de llegar a media cuadra, nos cruzamos y cada uno siguió su camino. O eso fue lo que pensé. No di dos pasos antes de que me agarrara del brazo. Se me heló la sangre. Otra vez lo mismo, no, ¡por favor!

El desconocido me obligó, con una suavidad que me asombró dadas sus proporciones, a darme vuelta. Me levantó el mentón, para que lo mirara a la cara. Sus ojos reflejaban asombro(los míos, terror) y una sonrisa se dibujó en sus labios. “Este me viola”, fue lo único que pensé. Lo que me faltaba...

El tiempo se detuvo... reparé en la forma en que sonreía, medio de costado. Entonces, lo reconocí. Si me violaba, me habría quedado menos shockeada.

-No cambiaste nada, Debborah- me dijo, con voz grave.

-Eric...


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Opa! aparecio! y ahora qué hacemos, Debbie??

Tendrán que esperar hasta mañana(muajajajaja)

espero que les haya gustado... cortito, pero interesante =D


Agradezco comentarios =) =)


Maeglin

7/1/09

20 de Junio: Aguantando

Casi me quedé dormida. No sé bien a qué hora me habré dormido finalmente, lo único que sí sé es que era muy tarde. Me levanté con dolor de cabeza. El trayecto al trabajo se me hizo insoportable, nunca me había sentido tan sofocada por la gente a mi alrededor. Seguía pensando en lo que había pasado anoche. Tenía que pedirle perdón a Lautaro, no podría soportar una actitud fría por parte de él. Y tenía que llamar a Eric, para resolver el reencuentro. Esta idea ya había perdido todo su atractivo y comencé a considerar con seriedad la opción de regalar las entradas o revenderlas.

Cuando por fin llegué al trabajo, me senté en mi escritorio. No saludé a nadie, ni siquiera los miré, lo que seguramente les cayó mal. Y yo me sentía mal, así que no me importaba mucho. Si supieran, seguro que lo entenderían.

Traté de concentrarme en el trabajo, abandonarme a mi tarea. Parecía una autómata. Ni siquiera escuchaba las conversaciones que se desarrollaban a mi alrededor. No sé cuánto tiempo estuve así... Por mi cabeza, desfilaban diferentes alternativas de conversación con mi hermano, para excusarme y que todo se arreglara. Imaginé sus posibles reacciones mientras escribía una carta documento dirigía a alguien que ni siquiera recordaba.

-¿Bloqueada?-preguntó alguien a mi espalda.

-¿Eh?-salté, como si me acabaran de despertar.

-Si estás bloqueada...

-Sí, algo así, Juan. ¿Hace mucho que estás ahí parado?

-Unos cinco minutos.

-Ah

-Estás como ida... ¿qué te pasa?

-Nada-me encogí de hombros-Tengo sueño, nada más.

Me miró por unos segundos y, cuando se dio cuenta de que no le diría nada más se fue. Apoyé los codos sobre el escritorio y hundí mi cara en las manos. Respiré hondo, intenté concentrarme. Fue imposible. De repente, sentí el aroma del café muy cerca mío.

-Hablemos.

-Buen día, Jess-saludé, sin mirarla.

La rubia de ojos azules se sentó al lado mío, con aire preocupado.

-¿Qué pasa? Tenés una cara horrible...-comentó.

-Nada, es que dormí mal. Mejor dicho,-me corregí-no dormí.

-¿Estás enferma?-puso su mano en mi frente.

-No... dormí mal, no más.-traté de mantenerle la mirada.-A veces, sufro de insomnio.

-Así, porque sí...

-Sí, podría decirse.-le dije, con aire cansado.

-Mirá, Debbie... Se te nota cuando mentís.-y agregó en voz un poco más alta- Acompañame afuera, quiero fumar.

La seguí, como llevada por alguien más. Mi cuerpo no me pertenecía. Era apenas consciente del camino por el que iba. En mi cabeza, seguían rondando dos nombres que no tenían nada que ver con la oficina. Jésica prendió su cigarrillo y esperó un rato, antes de hablar.

-No te escucha nadie más que yo, ¿qué pasa?

-Nada...

-Dale, Debbie-me animó-Sabés que la mejor de que se te vaya es que lo sueltes.

Tomé aire y le conté lo que había pasado.

-¿Tanto lío por un pibe que se borró? Pensé que no eras de las que se hacen la cabeza con esas cosas.-opinó.

-No, no soy de esas...

-Entonces, no me estás contando todo...

-Sí, te conté todo.

-Ese Eric era tu mejor amigo. Te trató mal y desapareció. Ahora te roba una canción y te quiere ver...-resumió

-Sí

-Y tu hermano no quiere, porque cree que vas a sufrir de nuevo.

-Ajá.

-Yo pienso lo mismo.-sentenció.

-¿Y qué hago?

-Decile que no tenés tiempo para verlo. Hacele ver que no te importa nada que tenga que ver con él, exactamente como hizo con vos.

-Pero...

Me importaba. Por Dios, me importaba mucho, por eso estaba así.

-Nada-me cortó-Si de verdad quiere que se arreglen las cosas, que la pelee.

-¿Decís?-dudé de si eso era lo correcto.

-Sí... le estás dejando todo servido.

-Puede ser... No sé

-Si yo fuera vos, lo habría llamado para exigirle una explicación por lo de la canción, que me pague lo que corresponde y después, cada uno por su lado.

-Sería frío, como si fuéramos desconocidos.

-No quiero ponerte mal, Debbie, pero eso es lo que son.-sentenció, mirándome con compasión.

Odio que me compadezcan.

-Entremos-me sugirió, antes de que pudiera replicar.


Hablar con Jésica no me sirvió de nada, sino que me puso peor. Me hizo ver la realidad de una forma cruda y no quería aceptarlo. Juan volvió a mi escritorio y procuré tratarlo mejor. Hablamos de cosas triviales, como solíamos hacer. Pensé que pasaría la prueba, pero...

-¿Y qué pasó con Eric, al final?-me preguntó.

-Todavía no lo vi.-susurré

-¿Cuándo me dijiste que lo veías?- ignorando las claras señales de que no quería hablar de eso.

-Supuestamente, pasado mañana, pero me llamó, diciendo que no podía.

-¿Por?

Puse los ojos en blanco. No quería contarle todo a Juan. Ya tenía suficiente con las opiniones de Jésica.

-No sé, habló con mi hermano.

Sonrió.

-No se lo tomó muy bien, ¿no?

-No.

-Es muy celoso tu hermano.

El comentario me sorprendió. Levanté las cejas y lo miré, interrogante.

-¿Qué te hace pensar eso?-le dije, haciéndome la tonta.

-Ciertas actitudes que tiene a veces.

-¿Cómo cuáles?

-Actitudes...vos sabés-movió las manos de forma, supuestamente, elocuente.

Después, se río suavemente.

-Nada.. no importa, son suposiciones mías- dijo, con vestigios de la risa todavía en el rostro-Entonces, ¿lo vas a llamar para arreglar para otro día?

-No

Me miró con un poco de incredulidad trasluciéndole en los ojos.

-Si le importa realmente, me va a llamar de nuevo.-repetí lo que había dicho Jésica. Esas palabras me sonaron extrañas saliendo de mi boca.

-Qué cambio.-comentó

-Después de cómo lo trató mi hermano, seguro que me llama- le contesté, con la nariz un poco levantada.

-No sé...

-Lo conozco. Seguro que me llama de nuevo.

-Dudo que siga siendo el mismo de antes, Debbie-se puso serio de repente, lo cual resultaba chocante. Él casi nunca era serio.

El comentario atravesó la coraza que, por fin, había podido hacer. Lo miré fijo a los ojos. Parecía que me quería decir muchas cosas, pero nada salió de sus labios.

-Llamalo, haceme caso.-volvió a sonreír- Sé que es justo lo que querés hacer.

Y me dejó sola con mis pensamientos.


Cuando llegué a casa, revisé los mensajes. Nada. Era cuestión de tiempo. Eric tenía tantas ganas de verme como a él. Estaba segura, lo presentía.

Hablé con mi hermano, le pedí disculpas.

Como respuesta, fui envuelta por un abrazo de oso. Tuve una sensación de dèja vu. No pude evitar evocar el recuerdo de mis viejas depresiones.


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Por favor, comenten =)


Maeglin

6/1/09

19 de Junio: Se vino la tormenta

Uno más... y ahora sí. se acabó por hoy =)


Maeglin


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-Hola, Gabi, ¿cómo estás?

-¡Debbie! Todo bien, ¿vos?

-Acá andamos. Tengo buenas noticias.

-¿Qué pasó?

-Tengo entradas para el recital...

-¡Buenísimo!-se la escuchaba contenta

-Para el sector VIP...

-¡¿EN SERIO?! -gritó, eufórica. No sabía que Eric ya se había ganado fanáticas de este estilo.

-Sí... me dio tres entradas.

-Ay, gracias. No sé...-me dijo entrecortadamente.

-Está bien.

-¿Y cómo las conseguiste?

-Me las dio él.

-Entonces, sí lo ves.

-En realidad, no... me las mandó.

-Ah. Bueno, te tengo que dejar. Después arreglamos bien, ¿dale? Y gracias otra vez.

Cortó. Se la escuchaba muy emocionada. Sonreí pensando en la cara que tendría esa chica. Ojalá la dejaran venir conmigo cuando lo fuera a ver al recital.


-Debborah Le Noir...-me llamó una voz que me sonó de lo más espantosa.

Se me contrajeron todos los músculos cuando escuché a mi hermano. Nunca me llamaba por mi nombre completo. No sabía si ir o no. Seguramente, estaba muy enojado y yo no sabía qué le había hecho esta vez. Tuve un mal presentimiento.

-Vení acá-me ordenó- ¡Ya!

Sentí que me hacía pequeñita y fui a la cocina. Entré, cabizbaja, sin atreverme a mirarlo a los ojos. Estaba asustada, y eso que todavía no sabía qué lo había ofendido tanto.

-¿qué pasa?-le pregunté, en un susurro.

-Alguien te llamó.

-¿Ah, sí?-me devané los sesos, tratando de deducir quién podría haber llamado-¿Quién me llamó?

-Eric

Se me heló la sangre y me puse pálida. Ahora lo comprendía todo.

-¿Qué dijo?

-Que no va a poder venir el jueves, que se retrasó no sé qué cosa. Que iba a venir el sábado, si no tenías nada que hacer.

Pude ver el esfuerzo que estaba haciendo para no gritarme unas cuantas verdades.

-Y...¿qué... qué le dijiste?-tartamudeé.

-Que se vaya ya sabes a dónde y le corté.

-¡Qué bruto que sos!- y lo miré, enojada.

-Vos sos una boluda-soltó lentamente y me miró desafiante.

-¿Eh?-lo miré incrédula.

-Primero lo invitás, después te escribe y te ponés a llorar. Entonces, te invita a salir y decís que vas a ir, así como si nada. ¿Quién te entiende?-me empezó a gritar

Me quedé muda... la verdad, ¿quién me entendía?

-¡Lo vas a traer a MI casa! ¿vos querés que lo mate?

-Pará...-alcancé a decir

-Después de todo lo que te hizo, ¿lo vas a traer acá? ¿Te pensás que no me acuerdo de todas las veces que viniste llorando por alguna de las estupideces de Eric? Vos podrás haberlo perdonado, pero yo no. Sabelo. ¿Lo querés ver? Andá, no más. Pero a mi no me vengás a llorar después. No quiero volver a verte así nunca, no lo soportaría. -tomó aire-Y ni se te ocurra traerlo acá.

No me dejó replicar nada. Me estuvo gritando todo el rato y se fue a dormir. Escuché el portazo segundos después.

Me desplomé en un sillón, pensando en lo que me dijo. Lautaro no hizo más que acentuar mi confusión. ¿Por qué? Nunca había sido así de contradictoria, en un primer momento lo odiaba, después no...entonces, me ponía a llorar por lo que había pasado y me angustiaba pensando en lo que iba a pasar. Parecía que había vuelto a la inestabilidad emocional de la adolescencia, aunque esa época ya se había pasado para mí.

Y las lágrimas vinieron de nuevo. No por Eric, sino por Lautaro. De todas las personas, con la que menos me quería pelear era con mi hermano. Lo había decepcionado y lastimado al no confiar en él. No debí posponer la charla. Seguro que pensaba que yo había tirado a la basura toda la ayuda que él me había prestado, en mis momentos de depresión, hacía cinco años, cuando todavía no quería aceptar que estaba perdiendo al que fuera mi hermano del alma, Eric. Mi hermanito fue el único que siempre estuvo. Me sentí culpable por no haberle contado.

Me levanté del sillón y toqué a su puerta. No obtuve respuesta. Apoyé la palma en ella un par de segundos, esperando escuchar algo, pero no.

Me fui a acostar con un peso en corazón. Esa noche no pude dormir.

11 de Junio: el Sobre

Bueno, el capi es cortito... pero bueno, como va dia por dia... para compensar voy a intentar poner otro capi mas... sino, sera hasta mañana =)

Todavia no sabes de que se trata? Leer Primer capitulo

Se agradecen comentarios =)


Maeglin

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Estaba ordenando mi escritorio, consciente de que el respiro de la facultad sólo duraría unos días, cuando encontré un sobre blanco. No tenía ninguna inscripción. No recordaba de dónde había salido y lo abrí. En su interior, había tres entradas de color amarillo. No hizo falta que leyera la parte delantera para saber de qué eran. Entonces, me acordé. Era el sobrecito que había venido con el infame paquete el día anterior. Tres entradas para el sector VIP. Ah, bueno... adelante de todo. Esos asientos que la gente normal, generalmente, no puede permitirse por lo caros que son, y tampoco cree merecedor de semejante gasto(salvo, claro que sean muy fanáticos). Personalmente, nunca pensé que fuera a sentarme en uno de esos (salvo que alguien me los regalara).

Con las entradas, venía un papelito que estaba escrito a mano. La misma letra de m... que no se entendía a menos que sea fuera un experto en jeroglíficos o, como diría una tía mía, un cardiólogo.

Cuando termine el recital, habla con alguno de los de seguridad. Decile tu nombre. Él va a saber qué hacer. Seguilo.

Eric”

-Che, Taro...-llamé a mi hermano.

-¿Qué?-me contestó desde su habitación.

-Vení, mirá.

Vino hacia mí y le di el papelito.

-¿Y esto?- preguntó visiblemente asombrado.

Le mostré las entradas.

-Ah, no.... ¿encima quiere que lo vayas a buscar?-escudriñó mi rostro un momento-Y, sí, vas a ir...

Lo cual sonó como una afirmación, más que como una pregunta. Negó con la cabeza y suspiró. -Pensalo bien, Debbie- me aconsejó-¿Con quién vas a ir?

-Todavía no sé. Tengo una amiga del laburo que lo quiere conocer. Le podría decir a ella. Creo que a Anita también le gusta Eric.

-No creo que ese pibe quiera que las lleves a su reunión privada...-me insinuó.

-¿¿Qué te pensás que voy a ir a hacer??-lo golpeé-Sos un...

-Shhh-me puso un dedo sobre los labios-Usted es una señorita, no puede hablar así.

Lo miré con aire ofendido, levanté la nariz y me fui a mi pieza.

Cerré con un portazo y me tiré en la cama. Justo me tenía que tocar un hermano que, encima de hiper proteccionista, tenía la mente más podrida que el agua del Riachuelo.

Me olvidé rápidamente del incidente. Faltaban once días para mi encuentro con Eric, nada más y nada menos que en mi casa... Mi hermano se iba a poner furioso. Después de ver mi reacción frente a algo tan inofensivo como una carta, le tomó mucha bronca. Tendríamos que hablar y la perspectiva no me gustaba nada. Decidí posponer la charla para otro día, después de todo, aún faltaban once días.

5/1/09

10 de Junio: el paquete

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Maeglin

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Estuve todo la semana con una gripe infernal, que me retuvo en la cama unos días. Recién ayer pude dormir como era debido, y mi cuerpo me lo agradeció. Para recuperar todo el sueño perdido a causa de la enfermedad, me quedé, con todo derecho, dormida hasta tarde. A eso de las doce, escuché el timbre, que me sacó de mi letargo. Lautaro no estaba en casa, ya que trabajaba en el local de ropa deportiva de mi tío, hasta las dos de la tarde, así que me obligué a levantarme.

Mientras me ponía algo decente y me lavaba la cara(que parecía la de un muerto vivo), el timbre sonó por segunda vez. Me apuré todavía más y fui a abrir.

-Buenos días-me dijo el cartero, sonriente(no sé si por cortesía o si era porque le causaba gracia mi aspecto. Si es por lo último, no lo culpo, yo también me reiría).

-Buenos días-esbocé media sonrisa.

-Tengo un paquete para usted.

-¿Paquete?

Me enseñó un sobre de papel madera cuadrado, de unos quince centímetros de lado, con un par de estampillas y un enorme sello postal.

-Firme aquí, por favor.

Me alcanzó una planilla y una birome azul.

-Firma, aclaración y número de documento-me indicó, mientras señalaba dónde poner cada cosa.

Hice como me dijo y se fue.

Entré de nuevo, sin dejar de mirar el sobre. Busqué el remitente: Víctor López.

-¿Quién sos?- susurré, frunciendo el entrecejo, inconscientemente.

Me senté en un sillón y lo abrí. Adentro había una carta extensa, escrita a mano con letra masculina(y por ende, prácticamente ilegible), un sobre blanco más pequeño y un cd.

Agarré este último. Era de Eric. “Fantasmas e ilusiones” era su nombre.

Desde la tapa, me miraba un hombre de mi edad, con ojos de color castaño grisáceo(hermosos, como siempre lo fueron), tez pálida y cabello castaño oscuro muy corto(sin llegar a estar cortado al ras). Su boca esbozaba una sonrisa enigmática, que no le llegaba a los ojos, que parecían, más bien, tristes.

Lo di vuelta y leí la lista de canciones que contenía. Sonreí cuando vi que la tercera se llamaba “Las tres de la mañana”. El diseño era soberbio, en tonos oscuros, con cierto aire de magia antigua que me agradó mucho. Antes de dedicar mi atención a la carta, puse el CD en el equipo de música. La melodía de un arpa invadió mi ser, como si de una droga se tratase. Hermoso. No tenía palabras...

Agarré las hojas de papel garabateadas con descuido. Era de Eric. Seguramente el remitente del sobre era su representante o algo así.

Me hablaba de todo... De cómo había terminado siendo músico(“igual te lo voy a contar mejor cuando nos veamos”), de la separación de Carla(“no conocí a ninguna persona más hija de puta que ella”), de alguna que otra cosa que le pasó en los últimos años...

Lo que me asombró fue que no hizo una sola mención de los problemas por los que nos habíamos distanciado. Nada de nada. Di vuelta las hojas, para asegurarme de no haberme salteado nada, pero fue en vano.

Nada. Nada. NADA.

¿Es que este pibe se olvidó? ¿Será por eso que me trató tan bien cuando lo llamé, hasta el punto de dar la impresión de que se alegraba de escucharme? ¿Será que el tiempo borró la hostilidad que parecía sentir hacia mí?

Temí lo que fuera a encontrarme cuando lo volviera a ver. Quizás sería un perfecto desconocido, que mantendría una fría relación cordial y que me ofrecería cualquier cosa con tal de que no lo demandara por publicar la letra de mi canción sin mi consentimiento...

No sabía que pensar. El asunto me daba vueltas en la cabeza.

¿A mí qué me importaba que hubiera tenido suerte y la hubiera pegado con la música?¿Qué me importaba que dejara a la víbora esa que tenía de novia?¿Qué me importaba hubiera viajado por Europa y hubiera tocado frente a un montón de gente que ni siquiera entendía una palabra de lo que cantaba?¿Qué me importaba su vida, si había decidido borrarse del mapa, después de haberme tratado como la peor basura sobre la Tierra, sin intentar arreglar las cosas? ¿Qué me importaba si ni siquiera fue capaz de venir él a hablar conmigo(porque él se había equivocado, no yo), sino que esperó tranquilamente hasta que yo lo llamara?

Me sentía una estúpida por estar feliz de verlo otra vez. Y me sentía enojadísima...

Estuve todo el día de malhumor. Antes de cenar, Lautaro me agarró del brazo y me obligó a sentarme en la mesa.

-¿Qué te pasa?

Miré para otro lado.

-Nada

-¿Qué te pasa?

-Nada...-empecé a fastidarme.

-Mirame-golpeó la mesa- y decime que no te pasa nada.

Lentamente giré la cabeza, hasta encontrarme con unos ojos casi negros que me atravesaban.

-Está bien... sí, me pasa algo.

-¿Quién fue?

-No importa...

-Seguro que fue ese estúpido que se cree modelo...

-No, Juan no me hizo nada. ¿Qué te pasa con él?

-No importa, ¿quién te dejó así? Estuviste todo el día con cara de culo y con la cabeza vaya uno a saber dónde.

Decidí mostrarle la carta de Eric.

-¿No sabe este pibe que existe el e-mail y los mensajes de texto?-me dijo mientras iba leyendo-no, pará... quiero decir, ¿sabrá lo que es un teléfono?

-Supongo que no se le ocurrió... siempre fue raro...-no sabía qué decirle.

-¿por culpa de este imbécil estás así?

-Sí...

-No le des bola. -sacudió la cabeza, en gesto de negación.

-Me da bronca-balbuceé y sin quererlo, me puse a llorar.

Lautaro suspiró, se levantó de la silla, me obligó a pararme y me abrazó. Y le solté todo lo que sentía y lo que había estado pensando ese día.

-Capaz que te quiere pedir perdón cuando te vea, personalmente. Para mí, si te lo hubiera escrito sería todavía más boludo de lo que pensé que era.- Me alejó un poco de él y me miró-No me digas que no se te había ocurrido...

-No...-le dije después de un rato.

Y en vez de sentirme enojada y triste, empecé a sentirme algo tonta. Sonreí.

-A veces, pensás demasiado; y, a veces, no pensás naaaada-comentó mi hermano, a lo que los dos nos reímos.-Así me gusta más.

Me abrazó de nuevo.

-Gracias-susurré con la voz ronca, aliviada por el peso que me acababa de sacar de encima.

Cuando me fui a dormir, me sentía todavía algo intranquila. Decidí dejar que el tiempo decidiera que iba a pasar.


4/1/09

20 de Mayo: La reunión

Hola! qué tal?

Bueno, les comento... tengo la intención de que ésta sea una "historia por entregas". Cada vez que pueda voy a ir agregando un capítulo.

Recuerden que las entradas mas viejas son las q estan mas abajo.

Leer Primer capitulo

Les agradezco que me dejen un comentario, sugerencia o crítica para poder mejorar =)

Espero que lo disfruten


*~Maëglin


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Con tantas cosas en la cabeza, me había olvidado de la inminente llegada de mi hermano. Fue un reencuentro muy cálido:

-Siempre con la cabeza en otra... No sé por qué no me sorprende.- me reprendió, al ver el asombro pintado en mi cara cuando lo recibí.

-Hola, hermanita querida, ¿cómo estás?-le dije, con un toque de ironía.

-Hola, ayudame con los bolsos y después hablamos todo lo que quieras.

Puse los ojos en blanco y levanté el bolsito que había quedado en el pasillo, que pesaba más o menos, la mitad de lo que pesaba yo.

-¿Qué llevas acá adentro? ¿a tu perro?

-No, es sólo un cadáver-me respondió en tono lúgubre.

Si no lo conociera tanto, me lo habría creído. Lautaro era de esos que se toman tan en serio una broma, que la mayoría de la gente no se daba cuenta de que lo era.

-Jajaja- arqueé una ceja.



Volviendo al presente...

Me levanté bien temprano para ir a laburar, haciendo el menor ruido posible. Miré con nostalgia a cama que aún conservaba mi calor.

Lautaro no me acompañó en el desayuno. Siempre fue de los que dormían mucho, costumbre que compartía con él. Mientras leía el diario, trataba de no pensar en Eric, cosa que no pude lograr del todo: también había sido invadido por la campaña publicitaria del concierto.

-Bueno, basta.-le dije al diario.

Seguí pasando las hojas y me concentré en las “alentadoras” noticias típicas. Crisis, guerras, algún que otro asesinato. Creo que la gente es definitivamente masoquista al empezar el día leyendo ese tipo de cosas. Yo, por costumbre heredada, era así también... Y será por costumbre, quizás, que ya no me afectan ese tipo de cosas.

Miré el reloj, al cabo de un rato. Tenía que entrar a trabajar en media hora. Apuré lo que quedaba de café con leche y fui a buscar mi cartera.

Cuando abrí la puerta, me recibió una ráfaga de viento, que me congeló. Temblando, fui caminando hacia la parada del colectivo.


El día transcurrió como cualquier otro, desprovisto de algo interesante que lo adornara. Llegué a mi casa exhausta, después de viajar en hora pico, aplastada como ganado. Maldije en voz baja cuando me di cuenta de que me habían arruinado las sandalias que llevaba puestas. Abrí la puerta de casa y me recibió un aroma tentador. Fui hasta la cocina, que olía a panadería, sonriente.

-¿Vas a tomar mate?-me preguntó mi hermano, sacándose un delantal lleno de harina.

-Obviamente. ¿Qué hiciste?

-Medialunas.

-Ay, cómo te quiero.

Nos sentamos en la mesa. Iba a prender el televisor, pero Lautaro me sacó el control de las manos.

-No me arruines el momento.

-Es la costumbre.

-A esta hora no hay nada que valga la pena.

-Tenés razón.

No le dimos más importancia al asunto.

-¿Qué tal tu día?- me preguntó.

-Nada interesante, para variar... En un rato me tengo que ir de nuevo.

-¿A?

-Se van a juntar a comer los del trabajo.

-Y vas a abandonar a tu pobre hermano...

-Vení.

-No sé...

-Dale, va a estar Jésica.

-¿Y?-trató de hacerse el indiferente, pero no le salió.

-Que seguro que se va a poner contenta de verte... cada tanto pregunta por vos.

-Claaaro- me dijo, arqueando una ceja

-En serio- le sonreí- le caes muy bien.

Él se encogió de hombros y masticó su medialuna, ensimismado.

-Uy-dije, de repente, acordándome de algo.

-¿Qué?

-Me olvidé el papel con la dirección del restaurante.

-Llamá a alguien.

-Sí.

Fui a buscar el teléfono. Marqué el número de Jésica. Esperé, pero no contestaba nadie. Luego recordé que no estaría en su casa.

Entonces llamé a Juan.

-Siempre con la cabeza en otro lado...-se rió

-Sí, qué novedad, ¿viste?

-¿Sabés cómo llegar?

-No, pero me las voy a arreglar de alguna manera.

-Te paso a buscar-sonó más como una afirmación, que como un ofrecimiento.

-No dejá, no te molestes. Me arreglo sola.

-No es ningún problema. Te paso a buscar a las ocho. Hasta luego.

Y antes de poder replicar algo, me cortó.

-Qué tipo...-fue lo único que me salió decir.

-¿Quién?-mi hermano me miró con curiosidad.

-Juan, el del laburo.

-¿Ese que te tenía ganas?

-¡¿Eh?! ¿Quién me tiene ganas?

-Ese de ojitos claros, que se la daba de modelo

No pude evitar reírme.

-Sí, el de ojos claros... Pero no me tiene ganas- negué-No sé de dónde sacaste eso.

-Por lo menos, eso parecía cuando lo vi la última vez.

-Bueno, te pareció mal. Somos amigos, nada más.

-Claro, claro

-Basta

¡Qué absurdo! Nada más lejos de la verdad. Si Juan tuviera intenciones de tener algo conmigo, ya me habría dado cuenta. A veces, mi hermano puede tener mucha imaginación.

-Bueno, ¿y por qué dijiste “qué tipo”?

-Ah, porque me va a pasar a buscar hoy.

-Cuidado... capaz que no te lleve a cenar....

-No seas estúpido-puse los ojos en blanco-Debe pensar que me voy a perder

-No sería la primera vez.

-Hace mucho que no me pierdo...

-No sé.

-¿Me vas a acompañar?

Tardó un par de segundos en contestar.

-Seh, tengo ganas de salir. Estuve acá encerrado todo el día.

-Hubieras salido... tenés la llave, allá está la puerta-le señalé en tono inocente

-Jaja-me respondió lenta y amargamente-¿Con quién voy a salir?

-¿No tenés amigos?-le pregunté arqueando una ceja.

Me dirigió una mirada “simpatiquísima”.

-Me voy a bañar.

-Bueno, no tardes-le advertí-yo también tengo que ir.

-No soy mujer, no tengo por qué tardar una hora en el baño.

-¿Qué tiene que ver que no seas mujer? Yo soy mujer, y tardo quince minutos, como mucho.

-Vos sos especial. Siempre lo fuiste.-y se encerró en su cuarto.

-Apurate...

-Sí, ya te entendí. Qué pesada que sos.-me dijo, a través de la puerta.

Para evitar problemas, llamé a Juan de nuevo, para ver si había lugar para uno más.

-¿Traés a tu hermano?-por lo que se escuchó, no le gustó nada la idea.

-Sí, por eso te pregunto si hay algún problema. Podemos ir en remis, no te preocupes.

-No, no hay problema.-suspiró.-Nos vemos en un rato.

-Chau.


Al cabo de una hora, tanto mi hermano como yo estábamos preparándonos para salir. A las ocho en punto, escuchamos el timbre.

-Qué puntual...-comentó mi hermano.

-Sí, siempre fue así.

-Podrías seguir su ejemplo.

Él conocía mejor que nadie mi incapacidad de llegar a tiempo a ningún lado.

Abrí la puerta y salí, acompañada por Lautaro. Juan estaba apoyado en su 206 rojo. Vestía con estilo informal y sobrio, que le quedaba a la perfección. Se incorporó apenas nos vio. Me saludó con una sonrisa muy cálida. Después de darme un beso, le tendió la mano a Lautaro. No podría haber más frialdad entre esos dos, no sé por qué. La tensión flotaba en el aire.

-¿Nos vamos?

Me abrió la puerta del acompañante. Le eché un vistazo a mi hermano, que tenía una expresión indescifrable. Me sorprendió su actitud, hacía tan solo un instante tan cálida...

El viaje transcurrió prácticamente en silencio, salvo algún que otro intento de conversación por mi parte, que no obtuvo resultados. Me sentía incómoda en presencia de ambos, por primera vez. Agradecí al cielo cuando llegamos. Suspiré en cuanto sentí el aire nocturno que llenaba mis pulmones.

La velada transcurrió, gracias a Dios, sin problemas. La tensión que percibí entre ambos se disipó, apenas localizamos nuestra mesa. Lautaro se sentó junto a Jésica y se pusieron a hablar animadamente. Ellos habían sido compañeros de curso cuando estaban en el secundario, si bien en aquel entonces no se llevaban muy bien, la relación había dado un giro de 180° cuando se reencontraron años más tarde, gracias a mí. Juan se quedó conmigo, volviendo a ser como antes, simpático y conversador. Me preguntó qué planes tenía con el tema de Eric y le dije que no tenía muy claro qué hacer todavía.

-Además falta mucho para eso-le comenté.

-¿Cuando lo ves?

-A fines de junio.

-Ah... tenés tiempo para pensar.

-Sí-bajé la vista.

¿Qué se suponía que íbamos a hacer cuando nos viéramos, después de tanto tiempo? Ese entusiasmo que me había invadido al principio, después de haberlo llamado finalmente, se había evaporado. En su lugar, quedó cierta incertidumbre y cierto miedo. Como que todo había salido demasiado bien.

-¿Por qué te preocupa?-me preguntó Juan, devolviéndome a la realidad.

Lo miré a los ojos largo rato, hasta que me decidí a hablar. Le conté todo, escuchándome como si fuera otra persona la que hablaba. Le conté lo que pensé en su momento de él, de Carla y las actitudes de ambos conmigo y con los demás. También hablé de la vieja relación y lo bien que lo pasábamos. No le oculté nada. Juan era de esas personas que te inspiran confianza y que te hacen sentir cómodo. Me interrumpió un par de veces para hacer alguna que otra pregunta y me escuchó con atención. Cuando terminé, se quedó callado un poco más.

-No sé qué decirte-dijo al cabo de un rato.- Es algo que solamente él y vos pueden arreglar. Pero ya te digo, si ustedes se llevaban tan bien antes de que saliera con esa chica... Ahora que la dejó, capaz que todo vuelve a ser como antes. Además, ya pasó mucho tiempo de eso y supongo que ambos maduraron lo suficiente como restarle importancia a eso que los distanció. No te ofendas con lo que te voy a decir, pero...

Se calló y bajó la vista, eligiendo bien las palabras antes de seguir, supongo. Suspiró y me miró de nuevo.

-Se pelearon por una estupidez. Y sería todavía más estúpido perder la relación por eso.

-Sí... supongo.

Sin querer miré a mi hermano, que tenía la vista clavada en nosotros dos. Parecía una mirada calculadora.

Juan se aclaró la garganta y se levantó.

-Voy a hablar con Anita.

-Bueno.

Le agarré la mano antes de que se fuera. Se dio vuelta, para mirarme.

-Gracias-le sonreí.

-Ah-hizo un gesto con la mano, como restándole importancia.-No es nada. En un rato, vuelvo.

No pasó mucho tiempo, cuando Gabriela, una chica morocha que trabajaba en la otra sucursal del banco, se me acercó.

-Hola, ¿qué tal?- me saludó.

-Todo bien, ¿vos?

-Todo tranqui.-pareció dudar antes de seguir-me dijeron que conocías a Eric Grant...

-El cantante...

No pude reprimir una sonrisa

-Sí...¿es verdad?

-Ajá.

-Éramos amigos en el colegio... hace miles de años.

-Ah, ¿sí?

-¿Por?

-Es que me gusta mucho su música... y nada. Seguro que lo voy a ir a ver.

-Y lo querés conocer personalmente...

La chica se puso colorada y asintió con la cabeza.

-No te prometo nada... en realidad, hace mucho que no lo veo. Años.

-Ah-noté decepción en el tono.- Bueno, no importa.

-Voy a hacer lo posible-le sonreí.

Gabriela cambió de tema enseguida y estuvimos charlando un rato más.

A eso de las dos de la madrugada, Lautaro me dijo que quería irse a casa.

-Bueno, pará que busco a Juan para avisarle.

-No, dejá. Vos quedate, si querés.

-Yo también estoy cansada. Pensá que me levanté temprano.

Busqué a mi amigo con la mirada y lo llamé. Se me acercó enseguida.

-¿Qué pasa?

-Nos vamos...

-Ah, esperame que saludo y los alcanzo.

-No te preocupes, nos vamos en colectivo. Lau debe saber.

-¿Segura?

-Sí, nos vemos el lunes.

Le di un beso en la mejilla y lo seguí a mi hermano a la salida. Me abrió la puerta y me agarró por la cintura. Mientras lo hacía, miró hacia donde estaba Juan, con la advertencia en los ojos.

-¿Podés dejar de hacer eso?-le dije, una vez afuera.

-¿Hacer qué?-me desafió.

-Tratar así a Juan. No te hizo nada.

-Sí que me hizo.

Arqueé una ceja, con el escepticismo pintado en la cara.

-¿Qué te hizo?

-Me quiere sacar a mi hermanita

Quise hacerme la dura, pero me invadieron unas ganas de reírme que no pude controlar.

-¿De dónde sacaste eso?

Me miró y después sacudió la cabeza. Le repetí la pregunta varias veces en el trayecto a casa, pero se negó a responderme.



30/12/08

19 de mayo: Carteles

Hola! qué tal?

Bueno, les comento... tengo la intención de que ésta sea una "historia por entregas". Cada vez que pueda voy a ir agregando un capítulo.

Les agradezco que me dejen un comentario, sugerencia o crítica para poder mejorar =)

Espero que lo disfruten


*~Maëglin

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Parecía un mal chiste... No lo veía en cuatro años y ahora me encontraba con su cara en cada esquina de la ciudad... El señor daría un concierto en julio y su manager se había encargado de que hasta las palomas se enteraran de que vendría.


-Hola, Debbie, ¿todo bien?

Miré a Jésica con cara de pocos amigos.

-Me tiene podrida... veo otra foto de ese estúpido y la prendo fuego.

-Hoy es el día violento... - observó con una media sonrisa, de perfectos dientes blancos, enmarcados en una boca que parecía esculpida.

Me limité a dirigirle una mirada resentida, y seguí con los formularios que tenía que llenar.

-Che, no te pongás así.

-¿Qué le pasa a LeNoir?- preguntó Juan, otro compañero de trabajo.

-Nada... hacé lo tuyo.- le contesté.

-Otra vez de malhumor- respondió Jésica con un suspiro. - Dejala...

-Ah

Se acercó a mí, desoyendo a Jess. Una sombra enorme se proyectó sobre mi escritorio. Juan era corpulento, mediría un metro ochenta y cinco. Era de tez morena, llevaba el pelo negro corto(no lo suficiente para disimular sus rulos) y ojos verdes. A sus veintiséis años, era bastante atractivo y tenía a medio personal femenino pendiente de todos sus movimientos. A mí no me movía ni un pelo en ese sentido, pero me caía muy bien.

Posó su mano en mi hombro y no la sacó hasta que me di vuelta, de mala gana.

-¿Y ahora qué te pasa?-me preguntó en un tono dulce, casi susurrando.

-Te dije que no te metas en donde no te llaman

-¿Qué pasó?-insistió, en un tono calmo que me irritó bastante.

-Apareció Eric...

-¿Tu amigo?

-Aja... “amigo”- enfaticé las comillas con un gesto, a lo que él respondió poniendo los ojos en blanco.

-Ahora es famoso... deberías estar orgullosa. Es muy buen músico.

-Me robó una canción- respondí, con un tinte de enojo en la voz.

Juan agarró una silla y se sentó al lado mío.

-¿Cómo es eso?- arqueó una ceja, en gesto de evidente sorpresa- No sabía que componías.

-No compongo... cada tanto escribo, ¿sabés?

-Mirá vos.

-Y el otro día, volvía de casa y...

Le conté lo que había pasado, y él me escuchó sin interrumpirme en ningún momento. Su expresión era indescifrable.

-Entonces, ¿no hablaron?

-No

-¿y no tenés forma de contactarlo?

-Tengo un número de celular, pero no sé si será el mismo. No probé.

-¿Y qué esperás?Capaz que sacás algún beneficio de eso. Hasta podés tratar de recuperar la relación. ¿Quién sabe?

-No sé...

Me sonrió para darme ánimos. Ese gesto, que derretía a la mayoría de las mujeres que lo trataban día a día en el trabajo, disipó un poco mi malhumor.

-No tenés nada que perder.

-Sí, supongo.

-Llamalo y mañana me contás.

Se levantó de la silla y se fue a hablar con María, la secretaria del jefe.


Una vez en mi casa, sostenía el teléfono como si fuera Hamlet con la calavera del bufón...

-¿Lo llamo o no lo llamo?

Después de estar cinco minutos mirando el aparato como una estúpida, sacudí la cabeza para salir de mi trance. Marqué el número. No tuve que esperar mucho.

-¿Hola?- se escuchó del otro lado.

-Hola, eh... ¿Eric?-dije, dubitativa.

-Sí, el mismo. ¿Quién habla?-Su tono no era muy amigable.

-Debborah LeNoir, ¿te aco...

-¿Debbie? No lo puedo creer- advertí un cambio en el tono, ahora más alegre. Lo escuché soltar una breve risa- ¿Qué haces, tanto tiempo?

-Acá ando... que sé yo- intenté no demostrar lo confundida que estaba.

Me hablaba como si nada, como si estuviera todo bien. No iba a quejarme, en cierta forma era un alivio.

-Vos, ¿qué tal?

-Bien, a full con lo del recital. ¿Sabías que voy a tocar cerca de tu casa?

Como para no saberlo. Tenía tres de los benditos carteles frente a mi casa.

-Sí, algo escuché...

-Nos podríamos encontrar por esos días. Hace mucho que no te veo.

Parecía tan fácil... Demasiado.

-Dale, estaría buenísimo- dije en tono alegre.

-¿Qué pasó que llamaste después de tanto tiempo?- quiso saber.

-Eh... bueno... escuché una canción...-dije dubitativa.

-Ah, sí. Perdoná que no te lo haya consultado antes... es una historia larga.-noté como se le amontonaban las palabras en la boca.-Este... ¿te gusta?

Esperé unos segundos antes de contestar.

-No te gusta- se lo escuchó triste.

-No... me gusta mucho. La melodía es excelente. En serio.

-Gracias.- era como si pudiera verlo sonreír.

De repente, sentí muchas ganas de verlo de nuevo, cosa que no entendí mucho. El ser humano puede ser muy contradictorio a veces...

-Eric...

-¿Qué?

-¿Dónde estás ahora?

-En Tandil.

-Ah, lejos...

-Relativamente... el mes pasado estaba en España. Comparando, ahora estoy cerca.

-Ah, mirá vos. ¿Allá también te escuchan?

-Sí, es re loco, ¿viste?

-¿Cuándo venís a Buenos Aires?

-No sé todavía... La semana que viene vamos a Córdoba y quedo libre hasta la fecha del recital en Buenos Aires. ¿Por?

-Te quiero ver.

¿Quién me entiende? Media hora antes, no tenía ni cinco de ganas hablar con él siquiera. Y ahora, tenía un deseo inexplicable de verlo frente a frente.

-Yo también... a ver, pará que pienso.-se quedó un momento callado-el 22 de junio creo que ya estamos allá. ¿Dónde querés que nos veamos?

-No sé... venite a casa.

-¿Seguís viviendo en el mismo lugar?

-Ajá

-¿Ramos?

-Sí...¿te acordás?

-Eh.. sí, creo que sí. Cualquier cosa, te llamo.

-Listo.

-Bueno, te tengo que dejar, Debbie.

-Nos hablamos, entonces.

-Un gusto, che.

-Igualmente.

-Chau

-Chau.

Cortó. Me sentía francamente confundida... Qué contradictorio es el ser humano, ¿quién lo entiende?

Decidí llamar a Juan, para contarle lo que había hecho.

-¿Viste? Te dije que te iba a ir bien.- me dijo en tono amable.

-No me dijiste nada de eso-reí-Dijiste que no tenía nada que perder.

-Bueno, sí... vos me entendés. ¿Tenés algo que hacer mañana a la noche?

La pregunta me tomó por sorpresa.

-No, creo que no, ¿por?

-Nos vamos a juntar en un bar de Capital, con gente de la otra sucursal. Así que si querés...

-Bueno, dale. Eh... ¿quién más va?

-Jésica, Ana (la de la recepción), Marco, David...

-Ah, el grupo completo.

Hablamos de los últimos detalles y corté. Empecé a sentir cierta alegría. Hacía mucho que no salíamos todos juntos.

Miré la pila de libros, otra vez... se me vino el alma a los pies. Con resignación, retomé el estudio. En dos días era el bendito parcial... y en cuanto lo rindiera, tenía que preparar otro para junio. No terminaba más...

Esta vez, por lo menos, fui capaz de retener los contenidos. Es más, debo admitir que se volvió interesante por momentos. Mi humor mejoró notablemente.

A eso de las ocho, sonó el timbre. Levanté la vista y la dirigí a la puerta. Puse un señalador en el libro y fui hacia ella.

-¿Quién es?- pregunté a través de la placa de madera.

-Lautaro... tengo las manos ocupadas, abríme

Una milésima de segundo después, lo tenía a mi hermano frente a mí.