“Pensalo”... Juan, ¿no se te ocurrió nada más para decir? ¿Eh?
Pensar... si, eso es lo que hice... Lo que me quitó el sueño y me dejó como un zombie las primeras horas de la mañana.
Me re planteé la amistad que tenía con él. Nos llevábamos bárbaro y confiábamos el uno en el otro. Decir que lo consideraba como a un hermano sería mentirme a mí misma. Decir que nunca lo consideré de otra forma que no sea de “amigo”, también.
“¿Tan malo sería?”, me preguntó. Él era extremadamente dulce conmigo; divertido y serio, según lo requiriera la situación; responsable e inteligente. Si bien para mí no era lo más importante, era un punto a su favor el que fuera un deleite para la vista.
Así que no, no estaría mal. Pero aún así, una parte de mí me decía que no era lo mejor estar con él de esa forma. Lo quería mucho, sin embargo, no estaba segura de querer arriesgarme a una relación más seria.
Medité todas las posibilidades y cambié mi postura constantemente, sopesando los pro y los contra de una y otra situación.
Decirle que sí lo tendría contento y, muy probablemente, a mí también. Después de todo, el único límite que quedaba para considerarlo mi pareja era la intimidad física que no habíamos compartido nunca. En todo lo demás, no era muy distinto de la relación existente entre mis ex novios y yo, en sus buenos tiempos.
Por otro lado, decirle que no, lo pondría, como mínimo, incómodo en un principio. No quería propiciar un distanciamiento. Sin embargo, me salvaría de un distanciamiento mayor, en caso de pelearnos y separarnos siendo novios. Creo que es más fácil reconciliarse con un amigo, que intentar quedar como “amigos” con un ex.
Mi parte impulsiva, que manejaba casi todas las situaciones de mi vida, me decía que le diera para adelante. Mi parte racional, que sonaba extrañamente fuerte en esta ocasión, me decía que esperara.
Seguí dándole vueltas al asunto hasta que llegué al trabajo. La vocecita racional ganó la batalla, pero no la guerra. Esperar a ver qué pasa, no era mi fuerte, pero haría todo lo posible.
-¿Cómo te fue en el recital?-me preguntó Jess, poco después de mi llegada.
-Muy bien(hablando estrictamente del recital...)-sonreí-Me sorprendí mucho...
-¿Por?-me preguntó.
-Me hizo subir al escenario...
Procedí a contarle más o menos el tema, recibiendo la mirada atónita de mi amiga y una sonrisa de incredulidad.
-Me muero...-fue uno de los comentarios.-¿Y pudiste?
-Sí-respondí con una media sonrisa, bajando la mirada.
-¡No lo puedo creer!
Un rato después, se me acercó Anita.
-¿Cómo estás? ¿El ogro sigue en casa?-le pregunté un poco preocupada.
-Sí, pero está tranquila.-se rió.-Pero no vine a hablarte de eso.
Arqueé una ceja, interrogante.
-Te escuché en la radio.-me contó, con la emoción apenas contenida.
Me limité a mirarla, medio nerviosa.
-¿Y... fue muy malo?-aventuré.
Anita se rió.
-Para nada, che... No te tenía así.-me miró con aprobación.-¡Qué suerte, Debbie! Es una lástima que no haya podido ir.
Esto último lo dijo con un dejo de desilusión que me apenó bastante.
-Un día te lo traigo para que lo conozcas.-le sonreí.
-Dale-ensanchó su sonrisa y le brillaron los ojos.
Parecía una nena.
-¿Y a quién le diste mi entrada?-me preguntó.
La pregunta me hizo recordar cosas que me había costado relegar al fondo de mi mente, que me impedían concentrarme en el trabajo. Se me desvaneció la sonrisa enseguida, pero logré recomponerla antes de responder.
-Llevé a una amiga de la facu.-mentí.
Si había algo que NO quería, era ser el blanco de los típicos chismosos del laburo. Anita no tenía por qué enterarse de nada. No era que no fuera confiable, pero ese tipo de cosas se le escapaban sin querer. Y después de ella, lo sabría todo el mundo. No quería confirmar las sospechas de unos cuantos que pensaban que andaba en algo con Juan, fuera o no verdad.
-Ah, menos mal...-comentó, aliviada.
Y volvió a su lugar en la recepción.
-Vayamos a comer a otro lado, Debbie-me sugirió Jess, mirándome raro.
-Bueno...
Era raro... siempre íbamos con el resto del grupo a comer todos juntos, en un restaurante sin muchas pretensiones, pero acogedor.
Nos despedimos de las demás y encaramos en la dirección contraria. Nos metimos en un McDonald's.
-Jess, nos van a arrancar la cabeza acá.-sentencié.
-Si no te alcanza te pago yo-me atajó, con un tono autoritario que no dejaba lugar a réplicas y que me molestó.
Pedimos y nos quedamos en silencio mientras esperábamos. Me sentía incómoda. Jésica ni siquiera me miraba y estaba seria.
-Mentís muy mal, Debbie. Anita vive en una nube, así que estoy segura de que la engañaste, pero a mí no.-me dijo, en cuanto nos sentamos en la mesa.
Me la quedé mirando.
-¿En qué pensaste que te mentí?
-No fuiste con una amiga de la facultad al recital.
-No, tenés razón. Pero a vos no te mentí, le mentí a Ana. Y fue en defensa propia.-argumenté.
-Me lo ocultaste, que es casi lo mismo. No veo el motivo-mierda que estaba seria.
-Fui con Juan-le solté, sin más.
Sentí un nudo en el estómago. Para mi consternación, no se mostró sorprendida.
-Me parecía. Y a juzgar por tu cara, algo pasó.-me atravesó con sus ojos grises.
-Sí, pasó...-confesé.
Ocultar o mentir no me serviría de nada con Jésica. Me conocía demasiado. Le conté, en líneas generales, lo ocurrido la noche anterior. Otra vez, no se mostró asombrada, ni nada. Sonrió y me escrutó con mirada experta.
-Y sí-dijo al fin- pasó lo que tenía que pasar.
Sonrió aún más...
-Es más, lo que me parece raro es que haya tardado tanto... Juan tiene más paciencia que unos cuantos que conozco.-siguió.-Y todos tenemos un límite...
Me quedé callada. Jésica hablaba mucho con él, también. Creo que a él también lo conocía bastante. Y, como buena observadora que era, supe que se había dado cuenta mucho antes que yo.
-¿Qué vas a hacer?-me preguntó, después de un momento.
-No sé.-murmuré.
-Y salí con él... sin compromiso. Probá y fijate.
-No sé-repetí.
-Mirá, para mí, harían buena pareja. Lo único que vas a hacer es dar otro paso en su relación. No es un desconocido para vos. -se encogió de hombros.-Así que supongo que no vas a tener problemas.
-Tengo que pensar...
-A juzgar por la cara que tenés, me parece que pensaste demasiado... Eso, o hiciste más de lo que me contaste con ese hombre...-puso una cara tan elocuente que la risa salió de mí.
Eso disipó un poco la tensión que tenía encima.
-No, te conté todo.
-Mmm-me miró de forma cómplice.
-Basta-le pedí, con una sonrisa.-Fue un beso...nada más.
-Eso no te hace inocente...-se unió a mi risa.
Negué con la cabeza y traté de concentrarme en lo que quedaba de comida.
-Gracias-le dije-Siento que me saqué un peso de encima.
-No hice nada... Pero si querés mi opinión... Dale para adelante.-me guiñó el ojo.
Agradecí para mis adentros que Juan no haya hecho acto de presencia ese día. No estaba preparada para hacerle frente todavía.
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se agradecen comentarios...
Hikarii no me pegues... xD
Espero que le shaya gustado =)
Maëglin

sabes que siempre me gusta
ResponderEliminaraunque apunto a jesica en mi lista de futuros asesinatos, solo por decir dale pa delante
love ya
(L)
esta muy linda la historia!!
ResponderEliminaraguante debby y juan!! jajaj
uhhh eric (N)
chauu
dani