-Perdón, Debbie.-me dijo Juan, cuando habíamos llegado a destino.
No me había dado cuenta de que nos habíamos detenido.
-No quería ponerte mal.-se disculpó.
Lo miré a los ojos. ¿Justo vos, Juan, me vas a hacer sentir mal a propósito?
-No es culpa tuya.-le dije- Tiene sentido lo que decís. Pasa que yo no me quería dar cuenta, ¿entendés? Es feo ver las cosas así.
Suspiró con pesar.
-Ya sé... Vamos a buscar a Gaby-me dijo, cambiando de tema.
Me rodeó los hombros con un brazo, mientras nos acercamos a la puerta.
Tocamos el timbre correspondiente al 6° D, el departamento de Gabriela. El edificio era enorme. Quince pisos.
-Ya bajo-se escuchó del otro lado.
-¿Qué le pasó a Ana, que no pudo venir?-me preguntó, antes de que llegara Gabriela.
-Problemas familiares. Nada grave, va a sobrevivir.
Me miró sorprendido. Yo me limité a sonreírle.
-Su madre vino de visita. Es su carcelera. Pero Anita está acostumbrada. -me reí-Así que cambiá esa cara.
-Pobre mina-comentó.
-Sí, pero hasta que no la encare y le diga todo, no se la va a sacar de encima.-sentencié.
-No...
Escuchamos el ruido de la puerta y la llave. Gaby nos salió al encuentro.
-Buenas noches-nos saludó con una sonrisa amplia.
Irradiaba una alegría contagiosa. Me había contado que había escuchado a Eric por primera vez antes de que se volviera famoso, cuando tocaron en un bar de la capital.
-No había ni cincuenta personas ahí adentro-nos contó.-Al principio, nadie les dio mucha bola. Pero a los cinco minutos, tenían a todos con los ojos clavados en ellos.
-Son buenos-dije, sonriendo
-La banda que está con él es buena... Él es increíble-aclaró, con énfasis.
Juan y yo nos reímos por ese derroche de entusiasmo.
-En serio, Debbie... ¿Nunca lo viste cantar?
-Lo escuché, pero verlo... Nop-me excusé-pero lo que importa es lo que se oye, así que...
-No, Debbie... -me contradijo, con ojos soñadores-Ya lo vas a ver... Tiene tanto sentimiento... Te enamorás, es como si te estuviera cantando a vos.
Juan la miró, escéptico, pero no dijo nada. Sin embargo, yo sí entendía a Gabriela. Me pasó varias veces, hay músicos que van más allá del mero hecho de ejecutar una canción, ya sea cantando o tocando algún instrumento. No sé cómo explicarlo, pero te llegan.
-Vamos a llegar tarde-nos instó Juan, después de consultar el reloj.
Yo me senté del lado del acompañante y Gaby atrás.
-Eric te transmite algo de eso que decís, aunque no lo veas-acordé con ella.
-Ilusiones de mujer...-acotó Juan en voz baja, creo que Gaby no lo escuchó.
Reí para mis adentros. ¿Celoso?
-¿Viste?-dijo ella-Pero, en vivo, eso es todavía más fuerte.
-Ya veremos-le respondí con una sonrisa.
Hablamos de cosas sin importancia el resto del camino. Juan estuvo un buen rato buscando dónde estacionar. Después, los alrededores del Luna estaban abarrotados de gente. Por suerte, al ser entradas VIP, no tuvimos que hacer tanta fila para entrar. Es más, cuando llegamos al escenario, había varios asientos vacíos todavía. Cuando el recital empezó, ya se habían llenado.
Impresionante... La escenografía no era gran cosa, sólo había un par de pantallas, pero no hacía falta. Era más fácil que uno se concentrara en los músicos, que se estaban luciendo admirablemente.
Cuando sonaron las primeras notas de una canción llamada “Los Ojos de la Infamia”, en el estadio se hizo el silencio. Enseguida, el público coreaba y gritaba, entusiasmado. Me hicieron sentir orgullosa. Ariel tocaba la guitarra con maestría, Gabriel parecía poseído en la batería, Eric hacía su contribución con el bajo y Laura con el teclado. Había que reconocer que ella era talentosa, también...
Gabriel estaba fuera de sí. Hasta Juan parecía disfrutar de la música. Yo me sentía más que bien. ¿Quién diría que ese Eric, tan reservado cuando recién lo había conocido, era el mismo que ahora estaba frente a miles de personas cantando?
En algunos momentos, Eric se acercaba al borde del escenario, dejándose tocar por las chicas que lo observaban enloquecidas. Un par de veces, cruzamos nuestras miradas, pero la única señal de reconocimiento que obtuve fueron un par de guiños. Era suficiente. Estaba ahí para mostrarle mi apoyo y nada más.
Lo que decía Gabriela era verdad, Eric tenía presencia. Parecía hecho para el escenario, un verdadero showman.
Mediando el espectáculo, sentí que me tocaban el hombro. Me di vuelta, pensando que era Juan, que estaba a mi lado. Grande fue mi sorpresa cuando me encontré cara a cara con Lorena, con una sonrisa de oreja a oreja. Pero eso no era nada comparado con lo que me dijo después.
-Vení conmigo-me gritó en la oreja, intentando sonar por encima del ruido.
Me agarró de la mano antes de que pudiera decir nada.
-Ya vengo-le avisé a Juan, que se veía tan sorprendido como yo.
No hizo falta alejarnos mucho para que el barullo disminuyera considerablemente.
-Escuchame, Debbie...-me dijo, con entusiasmo.
-¿Qué pasa?-le pregunté, riendo ante su actitud.
¿Qué podía ser tan emocionante, que estaba así?
-Guille me dijo que quiere que cantes.
-Me lo podrías haber dicho en otro momento, Lore-le dije, en tono indulgente.
Lorena ser rió ruidosamente.
-No me entendés-me contestó-Quiere que cantes ahora.
Y fue mi turno para reírme.¿Acaso Guillermo también se drogaba?¿O era Lorena la que estaba loca?
Ella se me quedó mirando, suplicando.
-¿Te animás?-insistió.
-No-contesté, con tono firme.
-Dale, por favor-me agarró las manos.-Significaría mucho para nosotros...
-Pero no puedo...-me excusé.-Aparte, ¿qué sabe Guillermo? No me escuchó.
-Le canté yo... Tengo buena memoria.-me explicó.
-No sirvo... me va a dar pánico escénico.-tartamudeé.
-Nada que ver... No pienses en el público, concentrate, como hiciste la otra vez.
-Pero no es lo mismo.-contradije.
-¿Ya estás lista, Debbie?-me preguntó Federico, que apareció atrás mío..
-No... no quiero-me obstiné.
-Te vamos a pagar-me dijo.
Me sentí como Eva tentada por la serpiente. Pero yo no quería ceder. Pasaría vergüenza, y haría quedar mal a mis amigos.
-NO-dije con más seguridad.
-Qué ortiva que sos-me espetó él.
-No soy ortiva. ¿Por qué no vas vos a cantar frente a tanta gente?- lo desafié.
-Tenés que ir vos.-me dijo Lorena, con la vista clavada en mí.
-¿Por qué? Vos también te sabés el arreglo que yo inventé.
-Porque Eric va a anunciarte como la autora de la canción.
Me quedé helada. Y, entonces, me agarró uno de esos impulsos de los que suelo arrepentirme días después de hacer lo que me dictan. Le dije que sí.
-Sabía que ibas a hacerlo-aseguró Fede, palmeándome el hombro.
Volví a mi lugar, al lado de Juan, blanca como el papel. Si hubiera habido luz negra iluminando el lugar donde estaba, yo me habría visto fluorescente como la ropa blanca.
-Y ahora-anunció Eric-, voy a presentarles a la chica que escribió una canción que a todos les gusta.
Tenía la vista clavada en mí, sonriendo para darme confianza. Respiré hondo varias veces, sin poder apartar la vista de él. Se acercó a donde estaba yo y me tendió la mano par ayudarme a subir. Me dio un beso en la mejilla y me susurró unas palabras de aliento. Limité mi universo al espacio comprendido entre Eric y yo. Me guió hasta un micrófono que había junto a Laura. No le quise ver la cara, pero sé que no me miraba con buenos ojos.
Ella tocó la introducción y la canción, Mi canción, empezó...

jajaja
ResponderEliminarobvio q laura t odia
si pudiera t comeria cruda
pero el vampiro aca soy yo
te adoro
y kiero mas
segui o te pego
mira q se donde vivis (?)
jajaja
obvio q sabes.... es como tu segunda casa(?) xD
ResponderEliminarsigo escribiendo... =)