11/3/09

20 de Julio: Oportunidad

Irónico... Era el día del amigo. Lo relacioné con lo que haría ese día y sonreí.

Me levanté de buen humor. Le di los buenos días a mi hermano y al rato me fui a trabajar.


-Feliz día, Debbie-me deseó Jésica.

Me dio una bolsita de una tienda de música, con un paquete que tenía la forma y el tamaño de un DVD. La miré un segundo a ella antes de abrirlo. Sonreí más todavía cuando vi lo que era: el último de Within Temptation.

-No sabía que se conseguían acá. Gracias-le di un sonoro beso en la mejilla.-No sabés lo que lo busqué.

-Me alegra que te guste.-me devolvió la sonrisa.

-Tomá, yo te traje esto.-le tendí un paquete rectangular.

Era un libro de Coelho, a quien ella adoraba.

-¿Lo tenías?

-Nop. Salió hace poquito.

Hablamos de trivialidades y nuestros planes para el fin de semana.

-Vayamos a capital.-sugirió.-Le decimos a Anita y a Julieta. ¿Te parece?

-Sí.

-Si querés decile a alguien más...

Me quedé en silenco un ratito.

-Le puedo decir a Eric y a los de la banda. Quiero aprovechar, antes de que se vayan de nuevo.

-Anita se va a desmayar cuando lo vea-se rió-no le digamos.

Me miró con aire cómplice. Asentí, imitando el gesto.


Unas horas después, una mano grande se posó en mi hombro.

-Revisá estos informes, Le Noir-me dijo, antes de que me enfrentara a esos ojos verdes que tan bien conocía.

Me tendió el pilón de papeles. Esbozó una sonrisa que nada tenía que ver con lo que acababa de darme. Se lo veía confiado. Para pincharle un poco el globo, levanté una ceja. Los agarré y desvié la vista al monitor de mi computadora, como si no hubiera nadie al lado mío. Se lo tomó tan bien, que se sentó al lado mío.

-¿Los gerentes no laburan,no?-le pregunté, sin despegar la vista de la pantalla.

-Sí que laburan. Y se toman cinco minutos para descansar un par de veces por día igual que ciertos empleados...-respondió.

Sonreí.

-El aire de afuera le hace bien a las personas.-hice un gesto hacia la puerta.

-Si querés que me vaya decilo-siguió con el mismo tono ligero, en absoluto ofendido.

-No dije que te fueras, sólo velo por tu salud.-aclaré en tono inocente.

Se rió. Me di vuelta para mirarlo, mi boca solo llegó a la mitad de una sonrisa.

-En serio, te aclara las ideas y te inspira para que hagas algo útil.-le dije en tono sugerente.

Amagó a irse, pero le agarré la muñeca con suavidad.

-Te estaba jodiendo. Quedate, se te extrañaba.-le sonreí.


Lo habré tenido al lado mío unos veinte minutos. Después desapareció hasta que llegó la hora de salida.


-Anita-la saludé

-¿Cómo estás, Debbie?

Se la veía con cierta luz que me llevó a deducir que su madre había abandonado su casa.

-Todo bien. ¿Miriam ya volvió?

-Sí, gracias a Dios.

-Buenísimo. Escuchame-sonreí- El sábado salimos, ¿venís?

-¿A dónde van?

-Jésica quería ir a Capital , pero no sé exactamente.-le dije.

-Bueno, dale. ¿Va alguien más?

-Jess le iba a decir a Julieta. Si querés decirle a alguien más, invitalo.

-¿Juan no viene?-me preguntó, frunciendo levemente el ceño.

-No-dije, restándole importancia.

-¿Por? Siempre va con ustedes.

-Seguro que tiene algo mejor que hacer.-me encogí de hombros.

-¿Le preguntaste?

-No

-Bueno, lo hago yo-sonrió.


Aclaro... Entre los que trabajábamos en esa sucursal de la empresa, existía mucha camaradería, éramos pocos, relativamente: unos veinte. Parecíamos un gran grupo de amigos, más que compañeros de trabajo. Esto tenía sus pro y sus contra... Podría decirse que había muy poco de la vida personal de cada uno que escapaba al conocimiento público. Y Anita era la única del personal que no se había dado cuenta de la distancia entre mi jefe y yo. Ella no solía percatarse de esas cosas, era bastante distraída. Sonreí para adentro.


Junté mis cosas distraídamente y me dirigí a la salida. Busqué el 206 de Juan. Estaba casi en la esquina opuesta a la del edificio, en la vereda de enfrente. Fui caminando hasta ahí. Él todavía no había llegado. Me encogí de hombros y me senté en el alféizar de una vidriera que estaba cerca. Sentí el vibrador del celular, que estaba adentro de mi cartera.

“A q hora? Voy con Laura nada más”

Eric... le había mandado un mensaje para preguntarle por el sábado. Le contesté. Estuve a punto de escribir lo que pensaba de Laura, pero logré reprimirlo. Esperaba que no nos arruinara la noche con su conducta extrañamente recelosa.

Estaba por apretar el botón para enviar, cuando algo me hizo sombra en el aparato. Levanté la vista y sonreí.

-¿Qué pasó?- le pregunté.

-Mi viejo quería hablar conmigo. Quiere comprar una empresa de Rosario.-hizo un gesto, restándole importancia.- Quería saber qué opinaba.

-¿Y?

Subimos al auto. No me contestó hasta que hizo un par de cuadras.

-Me pareció bien. La empresa está muy bien ahora y sería algo muy conveniente.

-Ah.

-No te quiero aburrir.-sonrió.

-Van a mandar a alguien para allá, supongo.

-Sí, alguno de nosotros tiene que ir. Por lo menos, al principio.

-¿Tienen a alguien en mente?

Frunció el ceño y se quedó callado un para de segundos. Sus pensamientos debieron dar un giro, porque recompuso su expresión despreocupada antes de contestarme.

-Hay un par de candidatos. Hay uno de La Plata que es de confianza.

Me nombró a algunos más. Bajo su fachada tranquila se escondía algo, me di cuenta enseguida. Lo conocía demasiado bien como para no advertirlo. Creí prudente, sin embargo, dejarlo pasar por el momento.

-Ya veremos-dijo.-¿Cómo está Eric?

Me tomó por sorpresa. ¿Desde cuando le importaba Eric?

-Bien, que sé yo. Descansando. Me dijo que se iban de gira la semana que viene.

-¿A dónde?

Le expliqué vagamente lo que me había contado Eric en algún momento. No sé cómo hacía ese chico con Laura, con lo celosa que era, no me quiero ni imaginar lo que pensaría acerca del hecho de que él me llamaba todos los días.

De ese tema saltamos a otro y, antes de que me diera cuenta, ya estábamos en mi casa. Mi mente se quedó en blanco. Como no tenía ganas de salir a comer afuera ni nada, para no distraerme, le dije que hablaríamos en mi casa. Creía que era una buena idea.

Mientras revisaba mi bolso en busca de las llaves, me di cuenta de que no lo era. Pero bueno, ya estábamos ahí.

La casa estaba a oscuras, lo cual me llamó la atención. O sea había acostado y había dormido más de la cuenta, o no estaba. Maldije para adentro. Una nota pegada a la heladera me lo confirmó.

Había decidido pasar el día del amigo con amigos. Al final de las pocas palabras, garabateó un “suerte” y casi se me escapó un juramento. Parecía que no quería ser una molestia. Como si yo tuviera segundas intenciones con mi acompañante. Me ofendí momentáneamente. Después de cómo había sido todos estos años, que mi hermano me creyera capaz de hacer otras cosas aparte de hablar con alguien que no era mi pareja era molesto. ¿Esperaba que así de una... tan pronto...? Ahogué otro comentario.

La mano de Juan se apoyó en mi hombro y casi pegué un salto.

-¿Qué te pasa?-preguntó, mirando mi mano.

Recién ahí me percaté de que estaba estrujando la bendita nota.

-Nada.-le sonreí.-Me acordé de algo. No importa.


Seguimos hablando como si nada. Yo no toqué el tema y él tampoco...

Hasta que la conversación flaqueó. Todos los nervios que se habían ausentado desde que habláramos por teléfono aparecieron de golpe cuando se me acercó.

Me miró a los ojos con expectación. Las palabras no salían. Era imposible. No las creía necesarias tampoco. Y al parecer él era de la misma opinión.

Me agarró la barbilla suavemente para levantarme la cara. El contacto visual no se rompió en ningún momento. Me rozó levemente los labios con los suyos, tanteando el terreno. Al ver que yo no ponía objeciones, me besó con más convicción. Llevé mis manos a su nuca para acercarlo más. Nos quedamos un rato largo así, disfrutando el momento.

Estuvo bien... pero no fue de esos que te hacen perder la cabeza en absoluto. Faltaba algo...

Me convencí a mí misma de que ese “algo” llegaría con el tiempo.


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bueeeeno... no se

espero q les guste =)



Maeglin

8/3/09

19 de Julio: Recordando

No volví a hablar con Juan desde aquel llamado. Se me hacía tan raro, acostumbrada como estaba a hablar con él todos los días. Raro, pero necesario. La distancia no venía mal, al contrario, me ayudaba a reflexionar. Jésica tampoco volvió a tocar el tema. Supongo que entendía que lo mejor era guardarse las opiniones. Evitaba la confusión.
Ése era uno de mis grandes problemas. Cuando pensaba demasiado en algo, me enredaba cada vez más y, en vez de decidirme con algo, mi indecisión crecía. ¿Y todo para qué? para llegar a la misma conclusión que había llegado en un principio, que, por alguna razón, no me convencía en ese primer momento.
Con el que sí hablé, fue mi hermano. Lo creía necesario, no para pedir permiso, sino para ponerlo sobreaviso. Con lo protector que era conmigo, era obvio que Juan no le caía bien. Una sorpresa de ese tipo me habría valido su silencio... Algo que me resulta insoportable.
Lautaro no había sido siempre así. Al contrario, cuando era adolescente, me alentaba mucho si estaba interesada en alguien. A veces, incluso se daba cuenta antes de que yo aceptara ese interés. Inclusive, me ayudó una vez a lograr mi objetivo.
Y entonces, llegó Eric.
Yo estaba en segundo año del polimodal cuando lo conocí. Al principio, lo rodeaba una especie de aura misteriosa. Era callado y su círculo de amistades se reducía a dos chicos de dudosa reputación, que se habían transferido con él. Cuando esos dos fueron expulsados, él se quedó solo.
Fue una sorpresa para más de uno el cambio que se obró en él. Como si hubiera salido de un pozo. Creo que la compañía a la que estaba acostumbrado, lo inhibía un poco. Quizás había estado con esos chicos por costumbre y eso le bastaba.
La cuestión fue que se acercó a mi grupo, de unas seis o siete personas, interactuando con nosotros como si nos conociera de toda la vida.
Resultó ser un chico inteligente, con un sentido del humor peculiar que lo volvía alguien interesante. Ya por aquel entonces, dejaba traslucir su pasión por la música. Siempre pensé que los artistas tiene un no sé qué que me llama mucho la atención. Son gente con una personalidad especial, generalmente tienen una mente más abierta que el resto. No digo que no critiquen, pero lo hacen de una forma diferente. Creo que se esfuerzan más por entender a los demás. Y son apasionados... Es inspirador ser testigo de esa pasión que profesan por aquello que les gusta.
Y mirándolo ahora, que esa época ya pasó, era obvio lo que sucedió: me enamoré.
Lo oculté lo mejor que pude, lo cual costaba bastante de a ratos, porque había llegado a ser su mejor amiga. Dolía verlo con otras chicas, pero había parendido a resignarme. A todas luces, él no se fijaría jamás en mí.
Pero el amor, cuando no se lo deja salir, te carcome por dentro. Cuando ya no lo soporté más, se lo dije.
Se me quedó de piedra. Después de unos minutos de silencio, que se me hicieron interminables, me abrazó. Antes de soltarme, me dijo que yo era como una hermana para él y que no podría verme como otra cosa. Cuidó mucho sus palabras, intentando minimizar el daño lo más posible. Igual dolió, pero lo superé.
La relación había seguido como si nada.
Meses más tarde, apareció Carla, una chica que siempre había mirado a nuestro grupo como si de escoria se tratase. Una chica con plata, que siempre había vivido en su mundo color de rosa, donde la máxima preocupación era lo que se pondría para salir. Una chica con éxito cada vez que salía, lo cual se traducía en la cantidad de conquistas por noche. La chica fácil y aparentemente hueca... Quizás buscaba estabilidad, o quería ofrecerle a los demás una imagen opuesta a la habitual para limpiarse un poco la reputación.

Se fijó en Eric y se dispuso a buscarlo. Así de la nada. Y él cayó como el mejor. La adoraba. O, mejor dicho, adoraba a la Carla que se mostraba ante él. La verdadera, la que todos conocimos muy bien, distaba de ser la chica tonta y frívola que parecía al principio.

Ella se quitó la careta cuando se cansó de Eric, cuando él ya estaba solo. O eso supongo.

Carla era una víbora, una perra de las peores. Si a las personas realmente le salieran cuernos cuando sus parejas les son infieles, a Eric se le habría quebrado el cuello por el peso de los propios. La vi con mis propios ojos y Eric se enteró por mi boca. Ella lo desmintió y el señor no le iba a creer a su mejor amiga (que conocía desde hacía un par de años y que nunca le había hecho nada), sino a su querida noviecita. Dolió todo lo que me dijo. Ahí empezaron los problemas.

Eric era extremista: un amor con aquellos a los que quería y un demonio con aquellos a los que odiaba. Su rencor era lo peor que me podía pasar.

Su desprecio me llevó a una depresión muy grande. Sus observaciones mordaces, hirientes se me clavaron en el corazón como si fueran puñales. Yo había perdido a mis amigos por defenderlo y así me lo pagó. Me quedé sola.

Y que yo saliera del pozo se lo debo a Lautaro. De no ser por él, no sé...

Pasado el trance, volví de a poco a la vida social. Y cada pareja que tenía, se sometía al escrutinio de mi hermano, que no quería verme de nuevo tan mal por culpa de un hombre.

Volviendo al presente, hablé con Lautaro sobre mi nueva “conquista”.

-No es una mala persona...Y es tan evidente que te quiere que hasta da lástima...-opinó.

-No seas tan duro -me reí.

-Es lo que se ve, Debborah-puntualizó.-No me disgusta...

Chasqueó la lengua.

-Hace mucho que no salís con alguien, además.-agregó-No te vendría mal. Hasta hace muy poco, todo era laburo y facultad para vos. No te va a hacer bien dejarte absorber así. Antes de que te des cuenta, se te va a pasar la vida y no vas a poder hacer nada.


No respondí. Medité lo dicho. Tenía razón.

-La decisión es tuya, Debbie. Lo más importante: ¿Lo querés?

-Sí, supongo.

Me analizó con la mirada. Creo que no me creyó del todo.

-Si vos lo decís...-se encogió de hombros-Tené cuidado. Y si pasa algo, ya sabés, estoy acá.

Me sonrió.

Más allá de lo que me dijeran, yo había tomado mi decisión. Sin embargo, el hecho de que Lautaro no pusiera ninguna objeción me hizo bien, como si fuera una especie de bendición.

Mañana voy a hablar con él. La idea me hizo sonreír.

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perdon por la tardanza...

la interesante supongo que llegara con el proximo capitulo

adiosito


Maeglin

20/2/09

18 de Julio: Volviendo a Eric...

Recibí más de un llamado respecto a mi actuación en el recital de mi amigo. Más que nada, eran personas sorprendidas.


-No sabía que habías recuperado la amistad de ese chico-me dijo mamá.

Ella se había enterado por la hija de un amigo que tenían allá. Me llamó al rato que llegué a casa. Ese día, Lautaro trabajaba hasta tarde y así se lo hice saber.

-Sí... a veces, me paro a pensarlo, y yo tampoco lo creo-acoté.

-¿Y qué te hizo querer darle otra oportunidad?-quiso saber mamá.

-Me plagió una canción...

-¡No me digas!-la escuché, con indignación incluida, con un tono media octava más arriba de lo que debería.

-Es la que canté... Supongo que me llamó al escenario para sentirse menos culpable.

-Deberías demandarlo.-sentenció

-¿Con qué pruebas? Aparte, no importa...-me reí, con un poco de amargura- Ya está hecho... la canción es un éxito y no tengo ganas de meterme en ningún escándalo. Sabés que los odio...

-¿Le pediste plata, por lo menos?- preguntó.

-No, pero me la ofreció.-suspiré-Igual ya me lo está pagando de otra manera...

-Debborah... eso no es propio de vos... Es un vergüenza-me reprendió.

Y sí... ¿qué podía hacer? Me reí ante semejante acusación.

-No es gracioso, Debborah.

-Es que no es lo que vos pensás. Quiere que yo también tenga una oportunidad en el mundo de la música-le expliqué.

Había llegado a esa conclusión, después de reflexionar sobre las actitudes de Eric y compañía.

-Le habló de mí a su manager, nos presentó y todo eso...

-Mirá vos... Bueno-dijo, más sosegada- Algo es algo... Pero deberías haber aceptado la plata. Así podías venir a vernos.

-Podrían venir ustedes también. Papá gana mucho más que yo.

-Tiene demasiado trabajo... no se puede tomar vacaciones. Pero te podría comprar un pasaje.

-Sí... estaría bueno. Terminé con la facu, hasta fines de agosto. Y en el trabajo no creo que haya problema.

Pensé en Juan... Otra vez. Desde la historia reciente con Eric, que no pensaba constantemente en alguien. Me sentí medio tonta.

-Voy a hablar con tu padre, entonces. Ay, sonó el timbre, te tengo que dejar.-se lamentó-en la semana te llamo de nuevo.

-Está bien... Nos hablamos. Que estés bien y saludos a papá-me despedí.

-Te quiero, Debbie-me dijo, con ternura maternal.

-Yo también, ma.-sonreí.

Se extrañaba a la vieja... y a papá también.


-Debbie... -me dijo Lautaro, con un timbre levemente más grave de lo normal.-Teléfono.

No hacía falta preguntar para saber quién estaba del otro lado. Mirando a mi hermano a la cara ya te dabas cuenta... Si hubiera dicho quién era, no habría quedado más claro que eso.


-Hola-saludé.

-Debbie, ¿qué tal?-respondió Eric.

-Todo bien. ¿Vos?

-También... Escuchame. Guillermo me pidió que te preguntara si tenías alguna canción más escondida por ahí.-me dijo

-Sí, tengo una caja enorme, llena de canciones.

-¿En serio?-escuché lo que pareció un sincero asombro.

-No...-me reí-Tengo muy pocas. Ni siquiera sé dónde están.

-Bueno, buscalas, si podés.-me pidió.

-No sé... ¿No te van a hacer quilombo en la banda, si usan una más de las mías?-insinué.

Hablaba por Laura y creo que él captó la indirecta.

-No, lo dudo. Aparte, capaz que te pide que le cedas los derechos para alguien más. Labura con otras personas, aparte de nosotros.

-Ah.

La idea de que alguien desconocido para mí use MIS canciones, no me gustó para nada. Eric era una cosa, pero alguien más...

-Veo si las encuentro. Mirá que quiero hablar con Guillermo, antes de dárselas.

-Sí, no creo que haya problema. ¿Tus cosas bien?

-Sí... Supongo...-respondí vagamente.

Decidí no contarle sobre Juan hasta que hubiera tomado una decisión. Aunque intuí que ya lo sabía.

-Che, al final era copado ese amigo tuyo.- dijo. Eric, no hacía falta...

-Sí...-cero entusiasmo en mi voz.

-No sé qué le habrá pasado la primera vez que nos vimos, pero me alegro de que se la haya pasado.

-No quería que se armara demasiado quilombo por tu presencia.-le expliqué.

-¿Segura?

-Sí-mentí.-¿Qué iba a ser si no?

Juan se había puesto celoso en ese momento, ahora estaba claro como el agua, pero me abstuve de comentarlo.

-Sí, parece lógico-dijo, después de disimular pobremente una risa.-No te enojes, Debbie.

-No me enojé. ¿Cuándo puedo ir a ver a Guillermo?-cambié de tema.

-El fin de semana, ¿podés?

-Supongo. No te garantizo nada, pero las voy a buscar.

-Dale. Che, te dejo, Laura me llama.

-Bueno, cuidate. Chau.- “y no te drogues”, dije para mis adentros.

-Nos vemos. Después te llamo para arreglar bien.


Seguí con mi meditación durante el resto del día. Estaba más tranquila, me sentía un poco más segura.


-Hola, Juan-lo saludé de mi lado del teléfono.

-¿Debbie?-se lo escuchó sorprendido.

-Tengo que hablar con vos. ¿Cuándo nos podemos ver?


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Bueno, probablemente este sea el ultimo capitulo que suba este mes =P(ni que faltara mucho para que terminara, pero bueno).

Me voy de vacaciones, dudo que pueda pasar mucho tiempo frente a una pc, asi que van a tener que tener paciencia u.u perdon


El capi es cortito... espero que le guste.


Hasta luego


Maëglin


17/2/09

17 de Julio: Confusión

“Pensalo”... Juan, ¿no se te ocurrió nada más para decir? ¿Eh?

Pensar... si, eso es lo que hice... Lo que me quitó el sueño y me dejó como un zombie las primeras horas de la mañana.

Me re planteé la amistad que tenía con él. Nos llevábamos bárbaro y confiábamos el uno en el otro. Decir que lo consideraba como a un hermano sería mentirme a mí misma. Decir que nunca lo consideré de otra forma que no sea de “amigo”, también.


“¿Tan malo sería?”, me preguntó. Él era extremadamente dulce conmigo; divertido y serio, según lo requiriera la situación; responsable e inteligente. Si bien para mí no era lo más importante, era un punto a su favor el que fuera un deleite para la vista.

Así que no, no estaría mal. Pero aún así, una parte de mí me decía que no era lo mejor estar con él de esa forma. Lo quería mucho, sin embargo, no estaba segura de querer arriesgarme a una relación más seria.


Medité todas las posibilidades y cambié mi postura constantemente, sopesando los pro y los contra de una y otra situación.

Decirle que sí lo tendría contento y, muy probablemente, a mí también. Después de todo, el único límite que quedaba para considerarlo mi pareja era la intimidad física que no habíamos compartido nunca. En todo lo demás, no era muy distinto de la relación existente entre mis ex novios y yo, en sus buenos tiempos.

Por otro lado, decirle que no, lo pondría, como mínimo, incómodo en un principio. No quería propiciar un distanciamiento. Sin embargo, me salvaría de un distanciamiento mayor, en caso de pelearnos y separarnos siendo novios. Creo que es más fácil reconciliarse con un amigo, que intentar quedar como “amigos” con un ex.


Mi parte impulsiva, que manejaba casi todas las situaciones de mi vida, me decía que le diera para adelante. Mi parte racional, que sonaba extrañamente fuerte en esta ocasión, me decía que esperara.


Seguí dándole vueltas al asunto hasta que llegué al trabajo. La vocecita racional ganó la batalla, pero no la guerra. Esperar a ver qué pasa, no era mi fuerte, pero haría todo lo posible.


-¿Cómo te fue en el recital?-me preguntó Jess, poco después de mi llegada.

-Muy bien(hablando estrictamente del recital...)-sonreí-Me sorprendí mucho...

-¿Por?-me preguntó.

-Me hizo subir al escenario...

Procedí a contarle más o menos el tema, recibiendo la mirada atónita de mi amiga y una sonrisa de incredulidad.

-Me muero...-fue uno de los comentarios.-¿Y pudiste?

-Sí-respondí con una media sonrisa, bajando la mirada.

-¡No lo puedo creer!


Un rato después, se me acercó Anita.

-¿Cómo estás? ¿El ogro sigue en casa?-le pregunté un poco preocupada.

-Sí, pero está tranquila.-se rió.-Pero no vine a hablarte de eso.

Arqueé una ceja, interrogante.

-Te escuché en la radio.-me contó, con la emoción apenas contenida.

Me limité a mirarla, medio nerviosa.

-¿Y... fue muy malo?-aventuré.

Anita se rió.

-Para nada, che... No te tenía así.-me miró con aprobación.-¡Qué suerte, Debbie! Es una lástima que no haya podido ir.

Esto último lo dijo con un dejo de desilusión que me apenó bastante.

-Un día te lo traigo para que lo conozcas.-le sonreí.

-Dale-ensanchó su sonrisa y le brillaron los ojos.

Parecía una nena.

-¿Y a quién le diste mi entrada?-me preguntó.

La pregunta me hizo recordar cosas que me había costado relegar al fondo de mi mente, que me impedían concentrarme en el trabajo. Se me desvaneció la sonrisa enseguida, pero logré recomponerla antes de responder.

-Llevé a una amiga de la facu.-mentí.

Si había algo que NO quería, era ser el blanco de los típicos chismosos del laburo. Anita no tenía por qué enterarse de nada. No era que no fuera confiable, pero ese tipo de cosas se le escapaban sin querer. Y después de ella, lo sabría todo el mundo. No quería confirmar las sospechas de unos cuantos que pensaban que andaba en algo con Juan, fuera o no verdad.

-Ah, menos mal...-comentó, aliviada.

Y volvió a su lugar en la recepción.


-Vayamos a comer a otro lado, Debbie-me sugirió Jess, mirándome raro.

-Bueno...


Era raro... siempre íbamos con el resto del grupo a comer todos juntos, en un restaurante sin muchas pretensiones, pero acogedor.

Nos despedimos de las demás y encaramos en la dirección contraria. Nos metimos en un McDonald's.

-Jess, nos van a arrancar la cabeza acá.-sentencié.

-Si no te alcanza te pago yo-me atajó, con un tono autoritario que no dejaba lugar a réplicas y que me molestó.

Pedimos y nos quedamos en silencio mientras esperábamos. Me sentía incómoda. Jésica ni siquiera me miraba y estaba seria.


-Mentís muy mal, Debbie. Anita vive en una nube, así que estoy segura de que la engañaste, pero a mí no.-me dijo, en cuanto nos sentamos en la mesa.

Me la quedé mirando.

-¿En qué pensaste que te mentí?

-No fuiste con una amiga de la facultad al recital.

-No, tenés razón. Pero a vos no te mentí, le mentí a Ana. Y fue en defensa propia.-argumenté.

-Me lo ocultaste, que es casi lo mismo. No veo el motivo-mierda que estaba seria.

-Fui con Juan-le solté, sin más.

Sentí un nudo en el estómago. Para mi consternación, no se mostró sorprendida.

-Me parecía. Y a juzgar por tu cara, algo pasó.-me atravesó con sus ojos grises.

-Sí, pasó...-confesé.

Ocultar o mentir no me serviría de nada con Jésica. Me conocía demasiado. Le conté, en líneas generales, lo ocurrido la noche anterior. Otra vez, no se mostró asombrada, ni nada. Sonrió y me escrutó con mirada experta.

-Y sí-dijo al fin- pasó lo que tenía que pasar.

Sonrió aún más...

-Es más, lo que me parece raro es que haya tardado tanto... Juan tiene más paciencia que unos cuantos que conozco.-siguió.-Y todos tenemos un límite...

Me quedé callada. Jésica hablaba mucho con él, también. Creo que a él también lo conocía bastante. Y, como buena observadora que era, supe que se había dado cuenta mucho antes que yo.

-¿Qué vas a hacer?-me preguntó, después de un momento.

-No sé.-murmuré.

-Y salí con él... sin compromiso. Probá y fijate.

-No sé-repetí.

-Mirá, para mí, harían buena pareja. Lo único que vas a hacer es dar otro paso en su relación. No es un desconocido para vos. -se encogió de hombros.-Así que supongo que no vas a tener problemas.

-Tengo que pensar...

-A juzgar por la cara que tenés, me parece que pensaste demasiado... Eso, o hiciste más de lo que me contaste con ese hombre...-puso una cara tan elocuente que la risa salió de mí.

Eso disipó un poco la tensión que tenía encima.

-No, te conté todo.

-Mmm-me miró de forma cómplice.

-Basta-le pedí, con una sonrisa.-Fue un beso...nada más.

-Eso no te hace inocente...-se unió a mi risa.

Negué con la cabeza y traté de concentrarme en lo que quedaba de comida.

-Gracias-le dije-Siento que me saqué un peso de encima.

-No hice nada... Pero si querés mi opinión... Dale para adelante.-me guiñó el ojo.


Agradecí para mis adentros que Juan no haya hecho acto de presencia ese día. No estaba preparada para hacerle frente todavía.


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se agradecen comentarios...


Hikarii no me pegues... xD


Espero que le shaya gustado =)


Maëglin

12/2/09

16 de Julio: RECITAL!! (Cuarta y última Parte)

De repente, como que el recital no me importaba en lo más mínimo... Juan me dejó en blanco. No es justo, che. ¡Y encima se hacía el boludo! Miraba el escenario, como si fuera el fan n°1, como si no hubiera hecho nada... entonces, sentí cómo el enojo se me asentaba en el cuerpo. Si tratás así a todas tus amigas, bárbaro. Pero a mí no me va... Ya vamos a hablar, señor gerente...

Me obligué a concentrarme en el recital otra vez. Miré a Eric intensamente, lo que lo hizo fruncir el ceño un instante, cuando miró hacia donde yo estaba. Le sonreí con esfuerzo, antes de que desviara la mirada. La música logró hacerme olvidar a Juan, hasta que el espectáculo tocó su fin.

Una vez que los músicos salieron del escenario, él me agarró de la cintura.

-¿Qué hacemos ahora?-preguntó, dirigiendo su atención hacia Gabriela y hacia a mí, alternativamente.

Gabriela me miró a mí también. Tardé un ratito en darme cuenta de que la que tenía la respuesta era yo.

-Ah, sí, eh.. Eric me dijo que lo fuera a ver cuando terminara, así que...

Apenas amagué a soltarme, Juan me dejó ir. Busqué a alguien de seguridad, me presenté y asintió. Nos guió por un pasillo y llegamos a la habitación donde estaban reunidos los miembros de la banda. Fede, Guillermo y Lorena estaban también.

-Estuviste re bien, Debbie-me dijo Lore, al tiempo que me abrazaba.

-Si estás así cuando estás nerviosa, no me quiero imaginar cómo habrá sido si te hubiéramos avisado-comentó Fede.

Me reí con él. Fue porque había herido mi orgullo que accedí finalmente...

-Que sea la última vez que me decís “ortiva”- le espeté, con una media sonrisa.-Y que sea la última vez que me hacés eso.-agregué, dirigiéndome a Eric.

-Salió bien... No te quejes-se atajó.

-La próxima vez me podés reemplazar en el teclado también-sugirió Laura, en tono mordaz.

Un escalofrío me recorrió la espalda por culpa de esa mirada. Metía miedo esa chica cuando quería. Decidí ignorarla. ¿Quién te pensás que sos para mirarme así?

-No-me reí-hablás como si te quisiera reemplazar y nada que ver.

-Te enojás de nada, Lau. ¿Qué te pasa?-acotó Eric.

-Nada.

Eric se mostraba cansado y supuse que nada tenía que ver con el hecho de que haya estado una hora y media cantando. Suspiró.

Presenté a mis acompañantes.

-¿Qué les pareció a ustedes?-preguntó Eric, dirigiéndose a ellos.

-El recital fue excelente-contestó Gaby, con una sonrisa radiante.

-Sí, estuvo bueno.-acordó Juan, con un poco menos de entusiasmo, pero se notaba que era sincero.


Se formaron grupos más chicos para conversar.

Gabriela hablaba fascinada con Eric, que parecía divertirse con las cosas que ella le decía. Gabriela era muy elocuente y le ponía bastante emoción a sus palabras. Su energía ponía de buen humor a cualquiera.

Laura estaba al lado de su novio, con expresión de fastidio. ¡Qué celosa podía llegar a ser! Se agarraba al brazo de Eric en gesto posesivo. Decidí no prestarle ni la más mínima atención.

Guillermo se me acercó.

-Tengo que felicitarte-me dijo, con expresión afable.

-No fue para tanto-dije, humildemente.

Me ponía muy incómoda que me prestaran tanta atención. Sobretodo, cuando no la merecía.

-Te animaste... eso ya es mucho-comentó, con una sonrisa.

-Sí... no sé por qué...-respondí, con la mirada perdida.-No lo volvería a hacer.

Me miró de forma calculadora.

-¿Segura?

-Sí... Me da vergüenza.

-No parecía-se rió.

-Es que... allá arriba no lo sentí. Digamos que la vergüenza viene después.-le expliqué, con la vista fija en el suelo.

Guillermo levantó una ceja.

-Claro-seguí- Cuando revivo el momento... Seguramente si veo un vídeo o una foto, me pongo a pensar en toda la gente que me vio... y me da cosa.

-No tenés por qué. Salió bien. ¿Así que en el escenario no te dio vergüenza? Qué raro...-frunció un poco el ceño-Generalmente a la gente le da pánico escénico ahí arriba... o poco antes de subir.

-Tengo efecto retardado...-bromeé-Hablando en serio, me obligué a no pensar cuando estuve ahí. Pensar habría sido la ruina.

-Interesante.-el hombre sonrió ante mi ocurrencia.


En un momento, vi que Juan y Eric se apartaban un poco de los demás, para hablar en voz baja. Ambos estaban muy serios, pero no percibí hostilidad alguna. Al cabo de unos minutos, se estaban riendo de algo, lo cual me alivió mucho.


-Debbie...-me llamó Gaby, un rato después.

-¿Qué?

-Me tengo que ir urgente.

Encaré para donde estaba Juan, para pedirle que nos lleve, pero ella me detuvo, agarrándome el brazo.

-Dejá, quédense-me guiñó el ojo.

Eso me recordó lo que me hizo Juan, y me enojé. Sin embargo, no lo dejé salir a la superficie.

-¿Segura? Es peligroso que viajés sola.-le advertí.

-Está bien, me pasan a buscar.

Arqueé una ceja.

-Mi hermana me pasa a buscar, tranquila.

-¿Pasó algo malo?

-La verdad no, al contrario. Otra hermana mía tuvo familia.

-Ay que lindo-la felicité.-Mandale saludos.

-Gracias.-me dio un beso en la mejilla-Nos vemos.

Después fue a saludar a Juan y abrazó a Eric. Ellos seguían hablando, con la diferencia de que ahora parecían amigos de toda la vida. Y eso era RARO. Sospeché...

-¿Cómo terminaste en la facu?-me preguntó Lorena.

-Bien... aprobé todo. Nada extraordinario, pero pasé. Me siento en paz ahora.

-Y sí... Eric me dijo que estabas a full con el estudio.

-Sí... era un embole, pero ya pasó.

-Por suerte, yo terminé ya...

-¿Qué estudiaste?

-Indumentaria... Tardé 6 años.

-Mirá vos. Yo empecé hace 4, y parece que va a seguir estirándose.

-Pasa que trabajás. Por suerte, mis viejos me bancaron hasta que terminé.

-Eso está bueno... Yo no tengo apuro, por ahora, así que no me jode la tardanza.-sonreí.

-Me parece bien. No hay que estresarse con eso.

-Gente, nos echan-dijo Fede, asomándose a la puerta.


Hicieron los preparativos necesarios. Me acerqué a Eric para despedirme. Lo que me dijo después me hizo arrugar la frente.

-Traelo a Juan la próxima vez que nos veamos-me pidió, guiñándome un ojo.

“¡¿Pero qué se pensaba la gente?!”

-Veremos...¿Qué van a hacer?-le pregunté, como si no hubiera dicho nada.

-Yo... voy a dormir. Estoy hecho mierda. Creo que los demás están más o menos igual. Salvo Gabriel, que seguro que se va a alguna fiesta por ahí.

-¿Gabriel es de esos?-me asombró.

-Sí... No parece, pero bueno...

-Esos son los peores-acotó Juan, con aire de complicidad.-¿Vamos?

-Sí, yo también estoy cansada.

Aunque así y todo, prefería volverme caminando a casa, antes que quedarme sola con Juan. En el estado en el que me encontraba, seguramente iba a decirle muchas cosas de las que me arrepentiría después.

Nos despedimos de todos y nos dirigimos al auto.

La noche estaba helada. Me abracé instintivamente, para darme un poco de calor. Juan se dio cuenta del gesto y me rodeó con un brazo.

-Soltame-le pedí, con el tono más suave que pude.

-Está bien-levantó las manos en gesto de rendición.

No hablamos en todo el trayecto hasta el auto. Cuando subimos, ya casi se podía palpar la tensión que había entre los dos.

El viaje no mejoró el clima. En el vehículo, reinaba un silencio sepulcral. Cuando llegamos a mi casa, Juan se bajó conmigo.

-Gracias por traerme.- le dije, secamente.

-Debborah-se lo veía angustiado.

Lo miré con desdén. Esperé en silencio que siguiera.

-Si te molestó, perdoname.

-Está bien. Hagamos de cuenta que no pasó nada.-concedí, con un suspiro.

-Es que sí pasa.-me contradijo.-No me lo quiero guardar más.

Ahhhhh una declaración era lo que me faltaba. Con las disculpas alcanzaba... No me podía enojar después de eso. Esa mirada me ablandó enseguida. Eras de lo peor, Debborah...¿Dónde habían ido a parar todas las cosas que le quería decir?

-¿Tan malo sería?-me preguntó.

-La verdad es que no-me escuché decir.

Era la noche de la sinceridad, daba la impresión.

-¿Entonces por qué estás enojada?-me preguntó, mientras se cruzaba de brazos.

-Porque no me lo esperaba.-le contesté, incapaz de mirarlo a los ojos

Y ahora tenía la mente en blanco. Y para ayudar a que se me fuera la confusión, se me acercó. Me agarró la cara, la levantó un poco y me besó otra vez. No fue fugaz, como el anterior, sino que nos tomamos todo el tiempo del mundo. Y se sintió bien... Mejor era dejar de pensar y disfrutar del momento.

-Pensalo-me dijo, a modo de despedida, un rato después.


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mil disculpas por la tardanza... estuve sin computadora por 5 dias, y con bloqueo mental por un poco mas...

pero ya esta

espero que les guste

y que lo comenten! si no recibo respuestas del publico, no escribo mas ¬¬


Maëglin


PD: no voy a dejar de escribir... me prometi terminarla. Pero no publico mas, si no comentan... xD

6/2/09

16 de Julio: RECITAL!! (tercera Parte)

En un instante, recordé mis improvisaciones. Nunca tuve la gran memoria, pero esta vez no me falló. Quizás eran los nervios. O, tal vez, el miedo de hacer quedar mal a los demás. La cuestión es que no sólo recordé todo al instante, sino que me sentí cómoda, como si siempre lo hubiera hecho.

Me embargó la emoción cuando tuve frente a mí a toda esa gente, gritando, excitada por la música y todo lo que ello implicaba. Era algo indescriptible: increíble, emocionante... Me sentía poderosa(y eso que sólo estaba a un costado) y en éxtasis.

Amé esa magia.

-El puente hacelo sola-murmuró Laura, luego de asentir con un gesto hacia Eric.

Abrí mucho los ojos y los clavé en ella. Hasta ahora había sido mi respaldo. Mejor dicho, yo había sido el de ella.

Empecé a cantar con entusiasmo esa parte, tratando de no pensar. Pasé por alto, no sé cómo, el hecho de que sólo se me escuchaba a mí, por Eric también estaba callado, haciéndoles señas al público para que cantara más fuerte.

Ese instante, hasta que se me unieron los dos en el estribillo, me pareció eterno, pero no me permití flaquear. Pensar que sólo fueron unos segundos...


Eric me vino a buscar. Me agarró la mano y me guió para hacer una reverencia al público, antes de dejarme libre. Sentí la firmeza de sus dedos, y lo agradecí. Me sentía mareada y me temblaban las piernas.

-Debborah LeNoir, gente.-me presentó con una sonrisa-Aplausos, por favor.

Una nueva ola de gritos y exclamaciones varias llenó el estadio. Me sentí muy feliz.

Eric me dio un abrazo de oso, muy reconfortante y breve, antes de devolverme a mi lugar. Yo estaba como en una nube.

Antes de que se volviera, Juan me agarró de la cintura, acercándome a él. Me miró a los ojos, con una expresión que no pude descifrar, y me besó fugazmente los labios.

-Estuviste espectacular- me dijo, con un tono seductor que me dejó sin aliento.


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Apa! otra sorpresita mas =D

espero q les haya gustado


como reaccionara debbie?
que pasara despues del recital, cuando se reencuentren?
veremos veremos... xD


se agradecen los comentarios =)

5/2/09

16 de Julio: RECITAL!! (Segunda Parte)

-Perdón, Debbie.-me dijo Juan, cuando habíamos llegado a destino.

No me había dado cuenta de que nos habíamos detenido.

-No quería ponerte mal.-se disculpó.

Lo miré a los ojos. ¿Justo vos, Juan, me vas a hacer sentir mal a propósito?

-No es culpa tuya.-le dije- Tiene sentido lo que decís. Pasa que yo no me quería dar cuenta, ¿entendés? Es feo ver las cosas así.

Suspiró con pesar.

-Ya sé... Vamos a buscar a Gaby-me dijo, cambiando de tema.

Me rodeó los hombros con un brazo, mientras nos acercamos a la puerta.

Tocamos el timbre correspondiente al 6° D, el departamento de Gabriela. El edificio era enorme. Quince pisos.

-Ya bajo-se escuchó del otro lado.

-¿Qué le pasó a Ana, que no pudo venir?-me preguntó, antes de que llegara Gabriela.

-Problemas familiares. Nada grave, va a sobrevivir.

Me miró sorprendido. Yo me limité a sonreírle.

-Su madre vino de visita. Es su carcelera. Pero Anita está acostumbrada. -me reí-Así que cambiá esa cara.

-Pobre mina-comentó.

-Sí, pero hasta que no la encare y le diga todo, no se la va a sacar de encima.-sentencié.

-No...

Escuchamos el ruido de la puerta y la llave. Gaby nos salió al encuentro.

-Buenas noches-nos saludó con una sonrisa amplia.

Irradiaba una alegría contagiosa. Me había contado que había escuchado a Eric por primera vez antes de que se volviera famoso, cuando tocaron en un bar de la capital.

-No había ni cincuenta personas ahí adentro-nos contó.-Al principio, nadie les dio mucha bola. Pero a los cinco minutos, tenían a todos con los ojos clavados en ellos.

-Son buenos-dije, sonriendo

-La banda que está con él es buena... Él es increíble-aclaró, con énfasis.

Juan y yo nos reímos por ese derroche de entusiasmo.

-En serio, Debbie... ¿Nunca lo viste cantar?

-Lo escuché, pero verlo... Nop-me excusé-pero lo que importa es lo que se oye, así que...

-No, Debbie... -me contradijo, con ojos soñadores-Ya lo vas a ver... Tiene tanto sentimiento... Te enamorás, es como si te estuviera cantando a vos.

Juan la miró, escéptico, pero no dijo nada. Sin embargo, yo sí entendía a Gabriela. Me pasó varias veces, hay músicos que van más allá del mero hecho de ejecutar una canción, ya sea cantando o tocando algún instrumento. No sé cómo explicarlo, pero te llegan.

-Vamos a llegar tarde-nos instó Juan, después de consultar el reloj.

Yo me senté del lado del acompañante y Gaby atrás.

-Eric te transmite algo de eso que decís, aunque no lo veas-acordé con ella.

-Ilusiones de mujer...-acotó Juan en voz baja, creo que Gaby no lo escuchó.

Reí para mis adentros. ¿Celoso?

-¿Viste?-dijo ella-Pero, en vivo, eso es todavía más fuerte.

-Ya veremos-le respondí con una sonrisa.


Hablamos de cosas sin importancia el resto del camino. Juan estuvo un buen rato buscando dónde estacionar. Después, los alrededores del Luna estaban abarrotados de gente. Por suerte, al ser entradas VIP, no tuvimos que hacer tanta fila para entrar. Es más, cuando llegamos al escenario, había varios asientos vacíos todavía. Cuando el recital empezó, ya se habían llenado.


Impresionante... La escenografía no era gran cosa, sólo había un par de pantallas, pero no hacía falta. Era más fácil que uno se concentrara en los músicos, que se estaban luciendo admirablemente.

Cuando sonaron las primeras notas de una canción llamada “Los Ojos de la Infamia”, en el estadio se hizo el silencio. Enseguida, el público coreaba y gritaba, entusiasmado. Me hicieron sentir orgullosa. Ariel tocaba la guitarra con maestría, Gabriel parecía poseído en la batería, Eric hacía su contribución con el bajo y Laura con el teclado. Había que reconocer que ella era talentosa, también...

Gabriel estaba fuera de sí. Hasta Juan parecía disfrutar de la música. Yo me sentía más que bien. ¿Quién diría que ese Eric, tan reservado cuando recién lo había conocido, era el mismo que ahora estaba frente a miles de personas cantando?

En algunos momentos, Eric se acercaba al borde del escenario, dejándose tocar por las chicas que lo observaban enloquecidas. Un par de veces, cruzamos nuestras miradas, pero la única señal de reconocimiento que obtuve fueron un par de guiños. Era suficiente. Estaba ahí para mostrarle mi apoyo y nada más.

Lo que decía Gabriela era verdad, Eric tenía presencia. Parecía hecho para el escenario, un verdadero showman.

Mediando el espectáculo, sentí que me tocaban el hombro. Me di vuelta, pensando que era Juan, que estaba a mi lado. Grande fue mi sorpresa cuando me encontré cara a cara con Lorena, con una sonrisa de oreja a oreja. Pero eso no era nada comparado con lo que me dijo después.

-Vení conmigo-me gritó en la oreja, intentando sonar por encima del ruido.

Me agarró de la mano antes de que pudiera decir nada.

-Ya vengo-le avisé a Juan, que se veía tan sorprendido como yo.

No hizo falta alejarnos mucho para que el barullo disminuyera considerablemente.

-Escuchame, Debbie...-me dijo, con entusiasmo.

-¿Qué pasa?-le pregunté, riendo ante su actitud.

¿Qué podía ser tan emocionante, que estaba así?

-Guille me dijo que quiere que cantes.

-Me lo podrías haber dicho en otro momento, Lore-le dije, en tono indulgente.

Lorena ser rió ruidosamente.

-No me entendés-me contestó-Quiere que cantes ahora.

Y fue mi turno para reírme.¿Acaso Guillermo también se drogaba?¿O era Lorena la que estaba loca?

Ella se me quedó mirando, suplicando.

-¿Te animás?-insistió.

-No-contesté, con tono firme.

-Dale, por favor-me agarró las manos.-Significaría mucho para nosotros...

-Pero no puedo...-me excusé.-Aparte, ¿qué sabe Guillermo? No me escuchó.

-Le canté yo... Tengo buena memoria.-me explicó.

-No sirvo... me va a dar pánico escénico.-tartamudeé.

-Nada que ver... No pienses en el público, concentrate, como hiciste la otra vez.

-Pero no es lo mismo.-contradije.

-¿Ya estás lista, Debbie?-me preguntó Federico, que apareció atrás mío..

-No... no quiero-me obstiné.

-Te vamos a pagar-me dijo.

Me sentí como Eva tentada por la serpiente. Pero yo no quería ceder. Pasaría vergüenza, y haría quedar mal a mis amigos.

-NO-dije con más seguridad.

-Qué ortiva que sos-me espetó él.

-No soy ortiva. ¿Por qué no vas vos a cantar frente a tanta gente?- lo desafié.

-Tenés que ir vos.-me dijo Lorena, con la vista clavada en mí.

-¿Por qué? Vos también te sabés el arreglo que yo inventé.

-Porque Eric va a anunciarte como la autora de la canción.

Me quedé helada. Y, entonces, me agarró uno de esos impulsos de los que suelo arrepentirme días después de hacer lo que me dictan. Le dije que sí.

-Sabía que ibas a hacerlo-aseguró Fede, palmeándome el hombro.

Volví a mi lugar, al lado de Juan, blanca como el papel. Si hubiera habido luz negra iluminando el lugar donde estaba, yo me habría visto fluorescente como la ropa blanca.

-Y ahora-anunció Eric-, voy a presentarles a la chica que escribió una canción que a todos les gusta.

Tenía la vista clavada en mí, sonriendo para darme confianza. Respiré hondo varias veces, sin poder apartar la vista de él. Se acercó a donde estaba yo y me tendió la mano par ayudarme a subir. Me dio un beso en la mejilla y me susurró unas palabras de aliento. Limité mi universo al espacio comprendido entre Eric y yo. Me guió hasta un micrófono que había junto a Laura. No le quise ver la cara, pero sé que no me miraba con buenos ojos.

Ella tocó la introducción y la canción, Mi canción, empezó...