31/1/09

16 de Julio: RECITAL!! (Primera Parte)

Hace casi dos meses ya, volví a hablar con Eric Grant... En ese tiempito, pasó de ser odiado, a ser otra vez querido. Diría que casi casi, de la misma manera que lo quería antes de distanciarnos a causa de cierta personita. Pensé que jamás podría perdonarlo, pero lo había hecho. Demostró que volvió a ser el de antes. O algo muy cercano a eso.

Se puso de novio con la chica que lo hizo entrar en razón. A Laura le debo, en parte, el reencuentro. Pero ella va a ser la primera persona a la que culparé si Eric llegara a tener problemas de drogadicción. Porque ahora me salió con eso... Jésica me dijo que no me preocupara, pero, ¿cómo no hacerlo?

Recuerdo que, cuando éramos apenas unos estudiantes de secundario, habíamos hablado del tema. Se manifestó totalmente en contra del consumo, al igual que yo. Eric no tenía vicio alguno, ni fumaba ni se drogaba, y al alcohol le permitía ponerlo alegre y nada más. Me sorprendió que haya cambiado su forma de pensar. ¿Se podría decir que era lógico, teniendo en cuenta el ambiente en el que se movía?

Sí, podría decirse... a nadie le extrañaría que un cantante tuviera vicios. Era “perfectamente” normal que los pusieran en rehabilitación, que los arrestaran por motivos varios, que los encontraran dados vuelta en algún lado, o en compañía de gente de mala reputación.

Pero que sea común, no significa que esté obligado a serlo. Es triste como artistas geniales se degraden hasta reducirse a cenizas. No quería eso para Eric, ni para nadie, si vamos al caso.

Jésica intentó tranquilizarme... no lo logró. Pero, ¿quién era yo? No estaba en posición (todavía) de sermonearlo al respecto. Esperar, era lo único que me quedaba...


Me levanté tarde. Anoche había salido con los amigos de Lautaro, ante su insistencia. Lo pasé bien.

Cuando vi la hora, decidí que sería mejor dedicarme al almuerzo, en vez del desayuno. Mientras revisaba lo que había en las alacenas y en la heladera, escuché a Lautaro levantándose. Después arcadas.

-Dios...-suspiré.

Bueno, me pareció que comería sola. Lautaro estaría sufriendo una resaca de novela, después de todo lo que tomó la noche anterior.

-Debbie...-me llamó con voz lastimera.

Le busqué algo para el dolor de cabeza y un vaso de agua.

-No aprendés más...-le dije.

-Guardate los comentarios para después.-me contestó, enojado.


Lo dejé a solas con su mal humor.


Prendí la radio y me dispuse a comer.

Seguía pensando que era un error llevarme a Juan al recital. No tenía ganas de pasar por una situación como la anterior. El ámbito sería distinto, de todas formas, pero aún así estaba nerviosa. Y pensar en ese día, me llevó a recordar lo que me había dicho Juan, al terminar esa charla que tuvimos. “Sabés que para mí sos más que una empleada”. Me quise convencer de que había querido decir que me veía como a una amiga. Por un momento, lo llegué a creer. Pero... descarté la idea. Después de lo que me habían dicho diferentes personas, lo dudaba.

Caí en la cuenta de que había enterrado el tema en lo profundo de mi inconsciente, porque tenía otros problemas más urgentes que resolver. Y porque no quería pensar en eso. Odiaba hacerme la cabeza con algo, lo evitaba a toda costa. Además, me afectaría pensar que él pretendía otra cosa...


El recital empezaba a las nueve, con una banda telonera que yo desconocía. Así que, a eso de las seis, me empecé a preparar. Juan llegaría a las siete y media, y después pasaríamos a buscar a Gabriela. Puse esmero en mi apariencia y me quedó poco menos de media hora de ocio, antes de tener que irme.

-¿A dónde vas?-me preguntó mi hermano.

Levanté las cejas, incrédula.

-Al recital... Juan viene en un rato.

-¿Qué recital?

-El de Eric...

-Ah, me había olvidado.

-Ya veo.

-Que te vaya bien- me dijo sin convicción.

-Gracias.-me lo quedé mirando.-¿Te pasa algo?

-No, estoy un poco mareado, no más.

-¿Todavía?

-Sí...

-Acostate-le pedí-Y cualquier cosa, me llamas.

Salió de la habitación. Suspiré. Esperaba que no lo afectara tanto la noche anterior.

Al cabo de un rato,escuché una bocina. Salí al encuentro de Juan, luego de echarle un vistazo a mi hermano.

-Hola-lo saludé con una sonrisa.

Estaba para quitarle el aliento a más de una... Me incluyo. Todavía tenía frescos los pensamientos de la tarde...

-¿Qué tal?-me besó en la mejilla-Estás hermosa.

-Gracias.


En el trayecto a casa de Gabriela, me preguntó cómo iban las cosas con Eric.

-Bien, supongo...-le respondí.-Pero, hay algo...

Le conté lo mismo que a Jésica. Frunció el ceño, visiblemente disgustado.

-No me extraña.-comentó, al final.

-A mí sí...

-Te dije que no sería el mismo.-me dijo suavemente.

-Sí, pero no lo justifica.- me obstiné.

¿Por qué a nadie le parecía algo raro?

-No, pero las cosas son así.-Me miró brevemente-Tené cuidado, Debbie.

-Ya sé. Quiero lo mejor para él. Ahora que lo tengo de vuelta...-le dije, algo melancólica.

-Ya está grande para que lo cuiden como a un nene. Él es el único responsable de sus actos.

-¿Me estás diciendo que lo deje así, que me lave las manos?-le pregunté, levantando la voz, enojada.

Juan suspiró.

-Digo que no estés tan pendiente, nada más.

-Si yo me drogara de vez en cuando, ¿vos qué harías?

En el blanco. Lo vi prestar más atención a lo que tenía delante. Se le ensombreció el semblante. Así como estaba, callado, parecía una estatua. Tardó un poco en responder.

-Trataría de hacerte entrar en razón.-me contestó, en voz baja.

-¿Y si a mí no me importara lo que me dijeras?

-Me dolería.-me clavó los ojos un instante.

Justo habíamos parado en un semáforo.

-Pero supongo que seguiría intentando, hasta hacerte cambiar de opinión.-siguió, volviendo la vista al frente.

-¿Y qué ves de malo en que yo quiera hacer lo mismo?

-No digo que esté mal qué te preocupes por él...-aclaró- pero que tengas en claro hasta qué punto podés intervenir.

-Obvio, soy la amiga. Llegué a ser como su hermana y...

-Ya no es así, y lo sabés-me cortó, suavemente.

Eso me dolió.

-Sí que soy la amiga.-me defendí.

-Pero no tan cercana como antes.-me contradijo-Capaz que después sí lo seas, no sé, pero ahora no. Si te tuviste que enterar de la forma en que te enteraste, es porque él no siente tanta confianza hacia vos.

Bajé la vista, sopesando sus palabras. Que te tiren verdades duras en ese tono tan suave es chocante. Podría decirse que tenía razón. ¿Cómo no había pensado en eso? Nunca me puse a evaluar en profundidad cómo era mi relación con Eric, me limité a vivir la experiencia y nada más. No me había detenido a pensar que las cosas eran totalmente diferentes ahora. Quizás era porque estaba feliz de que volviera y no quería opacar eso con nada, inconscientemente. Me sentía mal.

-Perdón, Debbie.-me dijo Juan, cuando habíamos llegado a destino.

No me había dado cuenta de que nos habíamos detenido.

-No quería ponerte mal.-se disculpó.

Lo miré a los ojos. ¿Justo vos, Juan, me vas a hacer sentir mal a propósito?


----


Por estos días vuelvo a subir el archivo con la historia ordenada, para que la gente q no leyo se ponga al dia de forma mas comoda =)

28/1/09

14 de Julio: Dos para el recital

-Me quedé helada cuando empezaron a hablar de ese tema- le conté a Jésica.

La había acompañado a fumar afuera. Necesitaba hablar con alguien. Y, si bien confiaba en otras personas, ella era la única que veía mi relación con Eric con buenos ojos. O, por lo menos, lo aceptaba. De modo que le conté de mi salida de ayer.

-Y sí... supongo que no estás acostumbrada. Aunque, por la edad que tenés, no debería ser ningún misterio todo eso.

-No es un misterio.-asentí- Pero nunca había hablado con alguien que consumiera.

-Ah, ¿no?-arqueó una ceja.-La mayoría no son peligrosos. Lo hacen en las fiestas o cosas así. No le des tantas vueltas...

-Te lo tomás con mucha calma-comenté.

-Es que, en serio, Debbie, no es para tanto.-me sonrió.-No decís nada de esto.

Levantó el cigarrillo.

-No es lo mismo.-negué.

-Sí que es. Afecta menos a la cabeza, capaz. Pero sé muy bien las consecuencias- exhaló el humo, con indiferencia-Yo lo elegí y me hago cargo. Eric ya está grande para que vos lo protejas. Sabe lo que hace.

-No sé.-la miré, indecisa.

-Por ahora, está bien, ¿no?-me preguntó-Preocupate recién cuando muestre signos de algo.

-Pero...

-Si no te diste cuenta antes de que te lo dijera,-me dijo- es que no lo afectó.

-Sí... Tenés razón.


Pero seguía intranquila...


-Jajaja, me hubieras dicho antes, Debbie-me dijo Julieta, una chica que se encargaba de la facturación de la empresa- Ya me compré la entrada.

-Mirá que es el VIP-le hice ver, mostrándole lo tentadora que era la oferta.

-Jajaja, pero no voy sola. Me acompaña mi novio

-Ah... uh... bueno-y me reí-no tengo dos....

-Me imaginé. Igual gracias, Debbie.


Tuve varias charlas parecidas a esa... Pensé que iba a ser más fácil encontrarle dueña a la entrada que me sobraba. En un momento, se me cruzó por la cabeza lo inoportuna que era Miriam. De no ser por ella, Anita estaría con nosotras.

Ay, no puede ser... ni siquiera Jésica quiere venir.

-No es lo mío, Debbie-se había disculpado.-Prefiero el pop.


-Juan-lo llamé, cuando lo vi pasar cerca de mi escritorio.

Arqueó una ceja oscura. Era raro que lo llamara, generalmente no había necesidad. Me miró expectante.

-¿Conocés a alguien que pueda querer esto?-le mostré la entrada de color amarillo.

-Sí.-respondió, en cuanto leyó de qué se trataba- Acá hay un montón.

-Que no sea de acá... ya pregunté-dije, con algo de desilusión.

Se quedó un rato pensando.

-Pasa que estamos sobre la fecha.-argumentó.-¿Probaste de venderla?

-Sí, hace una semana que está. Si no la compró nadie hasta ahora... Y eso que la vendo a un precio más bajo que el original.

-¿Y cuanto está, en realidad?

-Más de 300

-Mierda... ni que fuera extranjero-frunció el entrecejo.

-Es en el Luna... que sé yo-a mí no parecía tan caro, a juzgar por la ubicación.-Y primera fila. No me parece caro.

-Sobretodo, si te regalan la entrada

-Obviamente- me reí.

-¿Con quién vas?

-Con Gabriela, la chica de la sucursal de Belgrano.

-No la ubico

-¿Tu hermano no querrá acompañarte?-sugirió

Me reí ante la idea.

-Mi hermano odia a Eric-repliqué.

-Si tanto te importa ese espacio vacío-me dijo sonriendo-, dame la entrada a mí.

Lo miré, atónita.

-¿Te gusta esa música?-le pregunté

-No me disgusta...-contradijo.

-Bueno, vení, entonces.-acepté.

-Podemos ir a comer a algún lado después- sugirió.

-Eric me pidió que lo fuera a ver después del recital.

-Ah-leve, muy leve, era la nota de desilusión que dejó traslucir.

-Me dijo que vaya con los que me acompañaran.-le comenté.

-Va a ser interesante.


Arreglamos los detalles y se fue.

De camino a mi casa, reflexioné acerca del tema. Juan vería a Eric por segunda vez. La primera no había sido del todo grata. Haciendo especulaciones sobre lo que pasaría, comencé a arrepentirme de haber aceptado su propuesta.


-----


Se sumó Juan... qué pasará?

Veremos en el próximo capítulo ;)


Maëglin


PD: no sean malas personas, comenten =D

24/1/09

13 de Julio: Laura(3° Parte)

-Así que vos sos la famosa Debborah-me dijo Guillermo.

-¿Famosa?-me reí.

-Me dijo Ariel que habías hecho un arreglo vocal interesante para una de las canciones-me comentó.

Miré al aludido con gesto interrogante.

-Sonaba bien...-se encogió de hombros.

-¿Qué arreglo?-preguntó Laura, mirándome con el entrecejo fruncido, con un desafío bien marcado en los ojos.

-Nada- me apuré a decir- es algo que salió en el momento.

-Ah, mejor... No me gusta cuando la gente de afuera se mete en los asuntos de la banda.

Su tono prepotente me chocó bastante. Laura parecía una chica demasiado frontal y brusca.

-La canción es de ella-me defendió Lorena.

-¿Eh?-me miró, con el gesto torcido, sorprendida.

-Que ella es la autora de la letra.-le aclaró.

-¿De qué canción hablan?

-“Las Tres de la Mañana”-contestó Eric, la miraba fijo.

-Ah... entonces, hacé de cuenta que no dije nada-me sonrió, calmándose de repente, se había ruborizado visiblemente.

-Igual no te preocupes-le dije, tratando de calmar los ánimos-Ni siquiera me lo acuerdo...

Me excusé con una sonrisa.

-Lástima... Ese es el problema de la improvisación-reflexionó Guillermo- Después uno se olvida... ¿Estudiaste música?

-En realidad, casi nada... La típica teoría musical en el colegio y nada más. Toco el teclado de oído.

-Yo también empecé así-me sonrió Federico.- Es más difícil, pero a la larga es casi lo mismo.

-No es lo mismo.-lo contradijo Guillermo, con aire de sabiduría-Con una educación formal tenés muchas más posibilidades, conocés más formas de expresar lo que tenés en la cabeza. Te limita no saber ciertas cosas.

-A mí no me afecta demasiado...-se obstinó.

Guillermo sonrió con aire de suficiencia.

-Si vos lo decís...

La charla derivó al tema de la música... A Dios gracias. Resultó bastante interesante, nunca había estado en presencia de tantos músicos. Me sentía bastante cómoda entre ellos.

-Che, Debbie...¿qué era lo que estudiabas?-me preguntó Lore en un momento.

Se habían formado grupos más chicos, más fáciles de sostener.

-Periodismo. Estoy a mitad de tercer año.

-Interesante.

Sonó un celular con un ringtone de Scorpions. Me llamó la atención, no era un grupo que conociera mucha gente de mi entorno, si bien era un grupo conocido. Era de Ariel. Entonces, sí que me sorprendí.

-¿En qué idioma está hablando?-le pregunté a Lore, sin quitarle los ojos al chico.

-Alemán-dijo como si tal cosa-Tiene familia allá. Vivió muchísimo tiempo ahí.

-Ah, por eso habla con acento raro.

Y por eso conoce Scorpions... es un grupo alemán. Aunque no hacía falta haber vivido allá para que le guste a uno.

-Síp...-me respondió-La madre es alemana. Se lo llevó con ella cuando se separó del padre. Él era chiquito, creo que tenía cuatro años cuando se fue.-me contó- Y hace unos años volvió al país, nunca me dijo por qué...

-Mirá vos...

Sonaba misterioso y me picó el bichito de la curiosidad. Pero si Lorena, que lo conocía hacía más tiempo, no lo sabía, yo no podría sonsacárselo.

-No sabés lo que era cuando recién había llegado... Le entendías la mitad de las cosas.-se rió y se dio vuelta para mirarlo.

-¿Cómo se conocieron?

-Tenemos amigos en común.-me dijo con aire medio distraído.


La charla vagó por varios lados. Después empezó a flaquear.


-Bueno, mañana nos espera un día largo, Fede-le dijo Guillermo-Vamos.

Se despidieron de nosotros y encararon para las habitaciones. Por lo que supe, Fede era su sobrino. Guillermo era el manager de la banda y lo tenía como su asistente.

-Tengo hambre-se quejó Lorena.

Sonreí, yo también tenía ganas de comer algo. La conversación estaba decayendo, además. El comentario prometió un cambio de clima.

-Comamos acá hoy-pidió Gabriel.

Había hablado muy poco, pero no pasaba desapercibido. Tenía una voz profunda y clara, que lo hacía parecer mayor de lo que era.

-Yo no tengo ganas de salir-dijo Laura.

Eric miró al resto.

-Entonces, nos quedamos.-accedió.

Fuimos caminando hasta el amplio restaurante del hotel. Era muy lujoso. El cristal de las copas brillaba tenuemente a la luz de enormes aranas de numerosas luces. Había, por lo menos, quince camareros dando vueltas, alrededor de las setenta mesas que estaban dispuestas en el salón. Los centros de mesa, cargados de flores, despedían un perfume delicioso y relajante. Se escuchaba un murmullo general, que no llegaba a ser molesto, a pesar de que el lugar estaba casi lleno.

Encontramos mesa sin problema. Intenté ignorar el hecho de que Eric no le soltaba la mano(ni le quitaba los ojos de encima) a Laura. Ella hacía otro tanto. Hasta un ciego se daría cuenta de que se querían bastante, lo cual me alegró. Recordando como eran las cosas con Carla(que no lo dejaba ser cariñoso enfrente de los demás), el contraste era para mejor. ¿Había encontrado a la que buscaba? Por su propia felicidad, eso esperaba.

Bueno, superados mis celos iniciales, Laura era bastante simpática, aunque tenía un sentido del humor algo excéntrico. El hecho de que le hiciera ver a Eric el error que había cometido conmigo era otro punto a favor.


-Y si... si todos están así, a vos también te dan ganas-dijo ella, en un momento.

Había perdido el hilo de la conversación que estaba manteniendo con Lorena y Eric, porque hablaba con Ariel. Pero ese comentario no sólo captó mi atención, sino la de Ariel que los miraba con reprobación.

-No es nada del otro mundo, no es que te volvés adicto-siguió.

-¿De qué están hablando?-pregunté en el tono más inocente que pude, aunque ya sabía la respuesta.

Laura me hizo un gesto que confirmó mis sospechas. No podía ser... ¿Droga? Miré a Eric confundida.

-¿Vos también?

-Un par de veces-se encogió de hombros.

-Así se empieza-sentenció Ariel.

Daba miedo... tenía el semblante sombrío y estaba visiblemente molesto.

-Y cuando te das cuenta, ya es tarde.-agregó.

-No seas exagerado-se rió Laura.-Yo estoy lo más bien.

-Por ahora-le dije yo.

Laura no me importaba lo suficiente como para preocuparme por ella. Ignoró mi comentario por completo. Pero Eric era otra historia... No permitiría que se destruyera con esas porquerías. Temí por él. De repente, Laura no me pareció la mejor opción para Eric. Sería una mala influencia en esas cosas. Rogué que, si ella caía al abismo, no lo arrastrara con ella.

Miré a Lorena, en busca de apoyo. Los miraba impasible, como si estuvieran hablando del tiempo.

-Conozco muy bien las consecuencias de lo que hacen-dijo Ariel-. Créanme, no termina en nada bueno.

-¿Y vos como sabés?¿Probaste?-leve, muy levemente, el tono de alarma tiñó la voz de Lorena, aparentemente serena.

-No, no probé, pero una persona que conozco, sí. No quiero ver a nadie más en ese estado. Es algo horrible.

Laura se rió de él. Dios, esta chica me caía cada vez peor.

-Yo no soy adicta, ni pienso serlo. Yo solamente lo hago de forma circunstancial.- le aclaró.

-Hasta que llegues al punto en que lo circunstancial no te alcance.-sentenció.

-No seas tan pesimista, Ariel-le hizo una mueca burlona.

-No es para tanto-agregó Eric.

Así que no era para tanto. A ver si me decís lo mismo dentro de un par de años,

-Vos fumás-siguió Laura.- Sos igual que nosotros.

-Lo dejé.

-¿Hace cuánto?-le preguntó.

Tenía cierta brillo malicioso y triunfante en la mirada.

-Un año-le respondió, arqueando una ceja, desafiándola a decirle algo.

-Dejen de arruinarme el postre-les pidió Gabriel, muy tranquilo-Hablen de otra cosa.

A Laura se le transformó el semblante. Esbozó una sonrisa despreocupada.

-Este es tema para problemas-comentó.-Dejémoslo así.

-¿A dónde piensan ir, después del recital de Buenos Aires?-le pregunté a Eric, respondiendo a la petición del taciturno rubio que tenía a un par de asientos de distancia.

-A México, vamos a seguir la gira por allá.-contestó.

Intenté concentrarme en el resto de la conversación, pero me fue imposible. El asunto de las drogas me daba vueltas en la cabeza. Tenía que hablar a solas con Eric.


De haber sabido lo que pasaría meses más tarde, me habría esforzado más en alejarlo de esas cosas.


-----


Ultima parte del capitulo... Espero que les hay gustado

Mil disculpas por la tardanza.

Beso y hasta luego =)


Maeglin


20/1/09

Laura (2° Parte)

La radio sonaba a un volumen moderado, lo suficiente como para que se entendiera lo que decían las canciones. La de Eric no tardó en sonar. No me cansaba de escucharla y me llenaba de orgullo ser la autora de la letra.

Hacía mucho que no sentía la inspiración para escribir. Mi vida estaba tan llena de asuntos más urgentes que ya no quedaba mucho para la creatividad. No tenía por qué ser así. Mi hermano quizás tuviera razón, el stress me estaba ganando la batalla.

No era mucho el tiempo que dedicaba pura y exclusivamente al ocio. Sin embargo, faltaba poco para que terminara el cuatrimestre en la facultad, solo me quedaba un final por rendir. Y entonces, estaría libre...

La idea me puso de buen humor y ya empezaba a hacer planes. Y llegamos al hotel.

Se me habían pasado los nervios. Me sentía contenta, como debía ser.


Toqué la puerta con delicadeza. No se escuchaba ningún ruido adentro. Me extrañó bastante. Esperé. Volví a tocar la puerta. Esperé un rato más.

-Perdón. No te escuché-se disculpó Eric, cuando me abrió la puerta.

Tenía puesto el pantalón nada más. Andaba descalzo y tenía una toalla en las manos.

-Está bien-le di un beso en la mejilla, intentando no mirar por demasiado tiempo toda esa piel expuesta...supongo que me puse un poquito colorada-¿Todo bien?

-Sí-me contestó, mientras se hacía a un costado para que pasara.

Se me quedó mirando, yo le clavé mis ojos en los suyos. Era difícil no pasear la vista por ese torso musculoso, que parecía cincelado por algún escultor habilidoso. Por Dios, yo no era así... ¿qué me pasaba? Se me acercó un poco más.

-¿Qué?-le pregunté, algo brusca.

-Nada, que estás como un tomate-observó

Eso no hizo más que intensificar mi rubor.

-Es por el frío... Estuve mucho tiempo esperando en la plaza... y había viento. Y siempre me pongo colorada.-le expliqué, con más compostura de la que me creía capaz.

-Ah... me había olvidado de que eras tan sensible a esas cosas-dijo, medio confundido y medio divertido.

-Nunca fuiste muy observador-le dije, me encogí de hombros.-¿Los demás dónde están?

-Abajo... Jugando al pool.-contestó-siempre hacen eso.

-Me hubieras dicho-me quejé-Así no te interrumpía el baño.

-No interrumpiste nada, ya había terminado.

Levanté una ceja.

-Vestite, te vas a enfermar.-le dije con tono de abuela preocupada.

Me contestó con una risa suave.

-Ya vengo-se excusó.

Volvió enseguida, con una remera negra y zapatillas.

-¿Te incomodaba recién?-preguntó con tono cauteloso.

-No... Estoy acostumbrada. Lautaro anda así bastante seguido.

-Pero él es tu hermano.

-No son tan diferentes-le contesté rápidamente.-No es para tanto

-Menos mal... a Lorena le molesta que ande así.

-Ah, ¿sí?

Justo Lore... me parecía raro.

-Seh

-No tiene nada de raro...

-Pero es ella es muy pudorosa, a veces...

No pude menos que reírme.

-¿Estamos hablando de la misma persona?

Él sonrió a su vez.

-En serio.-Miró la puerta-¿Bajamos?

-Y sí...

-¿Te aburro?

-No, para nada. Pero quiero ver a los demás también.


-¡Debbie!-

Lo primero que vi fue una llamarada de pelo rojizo. Después sentí que me estrangulaban. Esa chica tenía mucha energía.

-¿Cómo estás, Lore?-saludé, cuando me soltó.

-Todo bien- me sonrió-Vení.

Me agarró la mano y me arrastró hasta donde estaba el resto. No estaban jugando al pool, sino sentados en sendos sillones, tapizados de cuero blanco. En la mesita ratona, había una botella de cerveza negra y un par de bandejas con una picada.

No eran muchos. Además de Ariel, había tres hombres y una mujer. Los saludé y Lorena se encargó de las presentaciones:

-Él es Gabriel(un rubio alto y de ojos celestes muy claros, con rasgos nórdicos), Federico(me señaló a un chico de unos dieciocho, morocho de ojos oscuros), Guillermo(un hombre de unos treinta y cinco, de pelo negro y ojos oscuros, con una sonrisa de esas que te cautivan enseguida),-sólo quedaba la chica, supuse quién sería-y Laura.

No me extrañaba que le gustara a Eric. Parecía una modelo. Morocha de pelo lacio y ojos azules, rasgos ingleses y con una figura escultural. Vestía de una forma que resaltaba sus curvas de forma elegante.

Les sonreí a todos. Percibí una cortesía general, pero al ver a Laura, sentí una sensación rara, como si me estuvieran examinando minuciosamente. Estaba incómoda en su presencia, tenía algo que iba más allá de la apariencia que no me gustaba nada...

18/1/09

13 de Julio: Laura

Bueno... traté de distraerme, no pensar en lo que pasaría unas pocas horas después. ¿Por qué los nervios? No era la primera vez que veía al grupo de Eric. La otra vez todo había salido mucho mejor de lo que esperaba. No pasaba nada... Entonces, tenía que tomármelo con calma.

-Debbie, necesito que le des prioridad a los documentos de Rodríguez-me pidió Juan.
-No hay problema.
-Tomá
Me alcanzó un sobre con lo requerido y se fue.
Lo abrí distraídamente y saqué su contenido. Rodríguez era un cliente bastante problemático, que había acumulado una deuda importante con la empresa. Pasé los datos a la computadora, obligándome a concentrarme.
-Debborah...-escuché detrás mío.
-Ana... ¿Hace mucho que estás ahí?-le pregunté, sintiéndome avergonzada.
-No... se ve que estás muy concentrada con eso-me miró como si comprendiera.
Y no, Anita, en realidad no tiene nada que ver con Rodríguez.
-¿Pasó algo?
-Sí...
Me imaginaba. Ella rara vez abandonaba su puesto en la recepción. La miré, interrogante.
-Me surgió un problema y no puedo acompañarte el domingo.
-Ah, qué lástima. ¿Estás bien?
Se la veía algo nerviosa. Yo creo que se esforzó para sonreír, aunque salió un poco torcida.
-Sí, no te preocupes. Es que viene mi mamá el fin de semana a casa.
Anita estaría recluida en su casa todo el tiempo que la señora estuviera en su casa. Raro que estuviera tan tranquila, debía admitir. Yo, en su lugar, estaría caminando por las paredes. Era bien conocida la actitud exageradamente controladora de la señora Miriam. Las veces que visitaba a Anita eran bastante escasas. La pobre chica había sufrido demasiado en su adolescencia, desde que su padre dejó la casa familiar, como para someterse libremente al escrutinio de su madre. Creo que se veían tres o cuatro veces por año. Anita se había encargado de eso, mudándose de su Viedma natal y viniendo a vivir a Buenos Aires, para poder seguir una carrera en una universidad importante.
-Qué oportuna-comenté-Ay, Anita, no sé que decirte...
-No pasa nada- cambiando la expresión por una de santa mártir-Estoy acostumbrada a que venga sin avisar.
-Mirá, si querés le pregunto a Eric si nos podés acompañar en algún ensayo o algo, antes de que se vaya de nuevo.-sugerí.
-¿En serio?-se le iluminó la cara.
-Le voy a preguntar... creo que no va a haber problema.
-Gracias, Debbie
-Que te sea leve, Ana-le deseé
Se rió amargamente.
-Voy a sobrevivir-dijo con tono falsamente trágico.

El tema de Anita me sacó por un rato de mis cavilaciones acerca de la noche que me aguardaba. Me daba lástima... Le faltaba el carácter necesario para hacerle ver a Miriam que ya no era una nena y que no tenía derecho a manejarla así. Sin embargo, ¡qué resistencia que tenía! Yo habría enloquecido en su lugar. Agradezco no haber tenido padres así.
Pensando en eso... extrañaba a mis viejos. Ahora vivían en Francia, desde que papá heredó una propiedad de un tío lejano que había muerto hacía un par de años. Les iba muy bien. Con los antecedentes de papá, no le resultó difícil encontrar trabajo allá. Después de todo, era ingeniero.
Hacía unos seis meses que no los veía.

Miré el reloj... Llegó el momento de la verdad. Bueno, tan trágico no era. Me estaba enredando con una estupidez. Estaba teniendo las actitudes propias de una quinceañera. Salí del edificio y me fui a la misma plaza donde me había recogido Eric la otra vez.
Llegó el hermoso auto negro y se bajó el chofer que parecía levantador de esas.
-¿Señorita LeNoir?-me preguntó.
Asentí en silencio.
Me abrió la puerta para que subiera. Esta vez viajaría sola.

----

Los dejo con la intriga hasta mañana =)

Este va para cynthia, que es la unica que me deja comentarios >.>

Los invito a seguir su ejemplo n.n


Maeglin

17/1/09

08 de Julio: Ocho para el recital

-No sé si salir hoy, Taro.-le dije, con voz afectada
Me enfermé ayer. Tenía una congestión de novela, que apenas me dejaba respirar. La gente no me entendía cuando le hablaba. Y ni hablar del dolor de cabeza... Estaba destruida.
-Tirate un rato a dormir, tomate algo y ya está. No es tan grave, Debbie.-me aconsejó- Pero si no te sentís bien, no vamos a ningún lado.
-¿Nos?-le pregunté-No te quedes conmigo... No hace falta.
Dije las últimas palabras ahogadas por una tos molesta. Lautaro me trajo un vaso de agua.
-Sí que me quedo. Mirá si te pasa algo-me miró con preocupación.-Y ahora, andate a dormir.
Me agarró de un brazo y me condujo a mi pieza. Cuando pasamos frente al espejo que había en el pasillo, me espanté. ¡Me veía horrible! Unas ojeras enmarcaban mis ojos castaño claro, mi piel(usualmente de un saludable color trigueño) estaba muy pálida y reseca, y mi nariz, coloradísima de tanto sonarme la nariz.
-Bueno, dejame... No soy una nena-me quejé.
-¿Querés que te traiga algo?
-No... andá a hacer tus cosas. No te quiero contagiar nada.
Cerré la puerta en cuanto se fue. Caminé con paso lento hasta mi cama y me tiré. Y así como caí, quedé. No me podía ni mover...
Eso fue como a las cuatro de la tarde. Me dormí... Tan profundamente como si me hubieran golpeado fuerte en la cabeza. Era lógico, había pasado una noche horrible... sin poder conciliar el sueño.
A los cinco minutos(para mí, no más... para el resto del mundo habían pasado tres horas), me despertó la música del celular.
En vez de un “hola”, me salió una especie de gruñido. Tuve que hacer un segundo intento para que el que llamó me entendiera.
-¿Debbie?-me saludó una voz femenina.
-Jess-me aclaré la garganta-Sí, soy yo
-Se te escucha horrible
-Estoy enferma.
-Ay, qué feo. ¿Qué tenés?
-Estoy resfriada-odio cuando se me traban las palabras en la nariz...-No los puedo acompañar hoy.
-Y no... qué lástima...justo hoy, que podíamos todos...-Se lamentó.
-Sos bárbara para hacer sentir bien a la gente, ¿sabías?-le dije
-Jaja, perdón... Bueno, ¿lo dejamos para el finde que viene?
-No, tengo el recital...
-Pero es un domingo...-se quejó
-No me gusta salir dos días seguidos... No quiero que Eric me vea los restos de la resaca que seguramente voy a tener.
-Qué pesimista. Si seguís así, vas a ser la típica persona sin vida...
-Mi hermano me dijo exactamente eso, hace un par de días.
-Y tiene razón
-Salgamos el viernes-sugerí.
-Dale... le digo a la gente. Te dejo, para que descanses. Que te mejores-se despidió
-Chau, Jess

Faltaba una semana para el recital... Cuando me llegaron las entradas, se me hacía que faltaba muchísimo tiempo. Por aquel entonces, tenía una confusión respecto a él... Ahora no tanto... Me hacía bien escucharle la voz todos los días, como cuando íbamos al colegio. Una sola cosa me molestaba...
-¿Hola?-le dije al celular.
-¿Qué tal?-siempre tan alegre...
-Eric... no muy bien. Me enfermé
Típicas preguntas que se hacen a la gente enferma...
-No vas a poder salir...
-Gracias por recordármelo
-De nada-se burló.-Che, te quiero ver...
-Yo también-sentí alegría.
-El jueves tenemos el día libre... ¿Te paso a buscar?
-Bueno...
-Por fin, vas a conocer a Laura
Ay... otra vez. Laura esto, Laura aquello... Estaba podrida de Laurita.
-Buenísimo-dije sin alegría.
-¿Por qué ese tono?-me preguntó.
-Porque tengo ganas de estornudar...-mentí
-Ah, perdón. -se rió- Pensé que estabas enojada.
-No, para nada...
-Lore te manda saludos-dijo, con una cortina de ruido, típico de lugares con gente.
-Gracias, mandale los míos-sonreí, se la extrañaba a esa chica, aunque solo la hubiera visto una vez.- ¿Dónde estás?
-En el hotel... En un rato, nos vamos a algún barcito de capital.
-Qué lindo... te acompaño en sentimiento
-No te pongas así. Cuando estés mejor hacemos algo parecido.
-Más te vale.
Escuché su risa otra vez. Hablamos de un par de trivialidades y corté.
Otra vez, Laura... No la quería ni ver. Eric me había dicho que habían vuelto, hace un par de días. No me extrañaba, hablaba demasiado de ella. Parecía que ejercía sobre él una especie de magnetismo irresistible. Para Eric, era su alma gemela. Según él, fue ella la que le abrió los ojos, la que lo impulsó a recuperar amistades. Debería alegrarme, pero no podía...

-Me siento maaaaaaaal-me quejé, por centésima vez, exagerando mi voz nasal.
-Bueno, ¡andate a dormir!-me pidió mi hermano.
Había estado insoportable. Se me había ido el sueño. Ya me había bañado y acababa de terminar la cena. Estaba aburridísima. Fui a buscar un libro de mi escritorio. Lautaro me lo sacó enseguida.
-¿Qué hacés?
-Esto es lo que hizo que te enfermaras-lo miró con desagrado.-Te exigís de más. Ahora, a dormir.
-No tengo sueño.-me crucé de brazos, con actitud caprichosa.
-Entonces, mirá tele, no sé. Escuchá música. Lo único que te prohíbo es que agarres esos libros. No te vas a mejorar más sino.
Lo miré con los ojos entrecerrados. Me soné la nariz sonoramente y dejé la habitación.
-Lo hago por tu bien. Alguien te tiene que cuidar-se excusó, siguiéndome de cerca.
Me acosté en mi cama así como estaba. Lo ignoré.
-Debbie... cambiá esa cara...-me pidió-Dale...
Me di vuelta, para mirarlo. Se había perdido su salida por mi culpa...
-Perdón... enfermarme me pone así.
-Sí, ya sé. Yo soy igual- me sonrió.
Alcanzó una silla a mi cama. Hablamos un rato. Le conté de Eric y me puso mala cara, pero me escuchó. Después, cambiamos de tema. La conversación se hizo cada vez más espaciada, hasta que me quedé dormida.

----

ando con poca inspiracion, se nota? x.x
el calor me hace mal...

hasta el lunes =)


Maeglin

16/1/09

Dos cortitos =)

Viernes 30 de Junio: Dieciseis días para el recital


Recién hoy, Juan y yo volvimos a hablar. Hicimos como si nunca hubiera pasado nada. Lo agradezco enormemente... Extrañaba su compañía.

Gabriela y Anita estaban muy ansiosas con el recital. Las dos eran re fanáticas de Eric. No sabía si era por su música o por su físico, o por las dos cosas... Anita casi se me desmayaba cuando le dije que lo conocería personalmente.


Estuve pensando todo este tiempo en las palabras de Eric... Toda la historia. Seguía pareciéndome raro... había como pozos en la historia. Lo hizo ver todo muy simple. No entendía el por qué del cambio. Tampoco por qué no había venido antes. Según él, hacía rato que el asunto conmigo le estaba dando vueltas en la cabeza. Lo del celular me pareció una excusa estúpida. Me pudo haber buscado.

¿Realmente le importaba?

¿Por qué ninguno de nuestros conocidos comunes me dijo nada de él? ¿A mí sola me volvió a ver? Me parecía tan raro...


Miércoles 05 De Julio: Once Días para el recital


Eric me llamaba todos los días. Me contaba cada detalle de lo preparativos del recital. Estaba muy nervioso. Era el espectáculo más grande que haría hasta el momento. Dijo que tenía muchas ganas de verme personalmente.


Era época de exámenes finales. Solamente estaba cursando cuatro materias, pero parecían muchas más. Tenía pilas de libros para leer sobre el escritorio. Lautaro me dijo que lo ponía enfermo verme tan metida con eso.

-No tenés vida, Debbie- me dijo con preocupación.

-Sí que tengo-le contesté levantando la vista brevemente.

-¿Cuándo fue la última vez que saliste?

-No me acuerdo, no pasó tanto tiempo.-empecé a sacar cuentas mentalmente.

-Sí que pasó... Antes salías todos los fines de semana.

-Salí con Eric la semana pasada...

-No cuenta...-noté su fastidio- ¿Antes de eso?

-La cena con la gente del laburo...

-¡Pasó más de un mes!-exclamó, indignado.

-Perdoná que no sea tan fiestera como vos, Taro.-me disculpé en tono de burla.

-Este sábado salimos.-dijo, ignorando mi comentario.

-Tengo un final mañana y otro el lunes...

-Hace un montón que venís estudiando. No te va a venir mal distraerte un poco.-observó

-Bueno, está bien. Nada muy loco, ¿sí? Pienso levantarme temprano el domingo.

-Te vas a levantar a las tres de la tarde, como la gente normal que sale de noche...-sentenció

-Eso no es normal-me reí-Cuando yo salgo, me levanto como mucho a las once del otro día.

-Vos sos la rara.

-Está bien. Ya dije que te iba a acompañar. ¿Con quién querés ir?

-Pensaba decirle a Diego, a Belén, a Matías, no sé... el grupo de siempre.

-Te la llevo a Jésica, y un par más, para disimular-le sugerí, guiñándole un ojo.

-Decile a quien quieras. Menos a tu jefe...-agregó, con decisión.

-¿Por qué no? Hace mucho que no salgo con ellos.

-Peor fue mi idea. No quiero que venga ese.

No pude evitar reírme. La antipatía que Lautaro sentía por Juan rozaba lo infantil. Mi hermano podía ser bastante maduro para sus veintitrés años, pero aún así, tenía esas cosas...

-Está bien. Salgo otro día con él...-le dije, para molestarlo.

-Así que tenías algo con ese... ya me parecía-me apuntó con un dedo.

-No sé-le contesté en tono misterioso.

Y puse mi mejor cara de concentración, para seguir leyendo.

-No me ignores-me pidió, con un leve tono amenazante.

-No te ignoro, tengo que estudiar. Y yo sé que te morís de ganas, pero no... No podés rendir el final por mí...-lo miré haciendo pucheros, a lo que él dijo algo feo.


Tenía razón, tenía que despejarme un poco...